¿El espectro autista afecta más a los hombres que a las mujeres? Buscan respuestas en los cromosomas
Además del infradiagnóstico femenino, los investigadores proponen que ellas pueden estar más protegidas biológicamente
BarcelonaPor cada cuatro chicos diagnosticados con el trastorno del espectro autista (TEA) hay una chica con la condición reconocida. Durante muchos años, la comunidad científica ha defendido que la diferencia radica, principalmente, en la infradetección. Por un lado, porque hay un sesgo de género en los instrumentos de evaluación estándar –las herramientas que se utilizan o los síntomas que se describen como típicos están basados en una óptica masculinizada y son menos sensibles a las particularidades femeninas–, y por otro porque ellas acostumbran a enmascarar síntomas más sutiles, haciendo que su caso pase desapercibido o que se les detecte con retraso o erróneamente. ¿Pero es posible que haya mecanismos biológicos específicos que hasta ahora hayan pasado desapercibidos?
Dado que el TEA se considera un trastorno con una fuerte base genética –con cientos de genes implicados– y cerebral, investigadores del Whitehead Institute plantean que las mujeres pueden estar más protegidas biológicamente frente al autismo y que requerirían una carga más alta de mutaciones genéticas para que el autismo se manifestara. Según un equipo liderado por el genetista estadounidense David C. Page, una pista a seguir serían los cromosomas.
David C. Page trabaja en el Whitehead Institute, un centro independiente de investigación biomédica estrechamente vinculado al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), y es conocido por estudiar los cromosomas sexuales (X e Y). En concreto, los fundamentos biológicos que pueden sesgar el conocimiento de múltiples enfermedades, desde cardíacas y autoinmunitarias hasta oncológicas, a causa del sexo. Según un trabajo publicado este lunes en Nature Genetics, el equipo liderado por Page propone una explicación genética para el efecto protector femenino y sugiere que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres contribuyen al fuerte sesgo sexual del autismo. ¿De acuerdo con qué? Con la combinación de cromosomas X e Y, que distingue biológicamente a hombres y mujeres.
Desde un punto de vista meramente biológico, la mayoría de las mujeres tienen dos cromosomas X (XX), mientras que la mayoría de los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y (XY). Estos cromosomas pueden aumentar o disminuir la expresión de miles de genes de los otros 22 pares de cromosomas de una célula. Ahora bien, históricamente, los científicos creían que el segundo cromosoma X en las mujeres está en gran parte inactivo. Ahora la investigación del laboratorio Page quiere demostrar que en realidad podría tener un papel relevante en la regulación de algunos genes clave.
¿Compensar errores genéticos?
Esta tesis científica –que no debe entenderse como una explicación definitiva, sino como una hipótesis plausible– no es nueva: recibe el nombre de efecto protector femenino y propone que las mujeres pueden estar biológicamente más protegidas contra el desarrollo del autismo que los hombres. La idea se remonta a estudios hechos a principios de siglo que señalan que las mujeres diagnosticadas con autismo tienden a tener un número más elevado de mutaciones genéticas que los hombres con la condición. De hecho, los investigadores de la Whitehead proponen que ellas podrían requerir una carga más alta de las mismas mutaciones genéticas para que el trastorno se manifieste. Aunque se ha estudiado, hasta ahora había poca claridad sobre el mecanismo biológico detrás de esta aparente resiliencia femenina.
Simplificándolo mucho, los investigadores defienden que algunos subgenes del cromosoma X funcionan siempre, tanto en el cromosoma activo como en el que normalmente está inactivo. Además, muchos de estos genes controlan procesos muy importantes dentro de las células, incluidos algunos relacionados con el TEA. En este sentido, el estudio indica que como las mujeres tienen una copia extra de estos subgenes reguladores, esto podría ayudar a mitigar el efecto de variantes genéticas de riesgo asociadas al TEA, mientras que los hombres tienen menos y, por tanto, serían más vulnerables. En definitiva, proponen, ellas podrían tener más capacidad de amortiguar los efectos de las mutaciones asociadas al autismo que ellos.
Los investigadores proponen que este efecto protector se extiende más allá del autismo y quieren explorar si un mecanismo similar podría contribuir al sesgo sexual de 17 trastornos congénitos y del desarrollo que afectan predominantemente a los hombres, si bien todavía se trata de una hipótesis. Un ejemplo es la estenosis pilórica: causado por un estrechamiento del músculo entre el estómago y el intestino delgado (píloro), este trastorno impide el paso de alimentos y provoca vómitos intensos "en proyectil", hambre constante y pérdida de peso. Igual que con el autismo, las niñas con estenosis pilórica parecen requerir más mutaciones genéticas para desarrollar la enfermedad, subrayan los autores del artículo.
El estudio también pone de relieve que todo ello ha dificultado la inclusión de mujeres con la condición en las investigaciones, donde están infrarrepresentadas, "lo que crea un bucle de retroalimentación donde la comprensión científica del autismo en las mujeres continúa siendo limitada". El nuevo marco de los investigadores para analizar el cromosoma X inactivo para comprender las diferencias sexuales en las enfermedades podría mejorar también la información, la atención y el tratamiento de enfermedades más frecuentes en las mujeres, como las autoinmunitarias. "Nuestra biología no es única para todos. Las diferencias por sexo tienen un papel muy importante en la salud, y es muy importante que las entendamos", augura la estudiante de doctorado en medicina de Harvard-MIT Maya Talukdar, que ha participado en la investigación de Page.