Salud

Niños huérfanos, 'locos' y combatientes de la Guerra Civil: los 600 años de historia que atesora el archivo del Sant Pau

El ARA entra en el fondo documental del hospital, antes llamado de la Santa Creu, que fue el único operativo en Barcelona entre los siglos XV y XIX

Barcelona«Medalla con el anagrama de Jesucristo, atada con un cordón trenzado de hilo beige, naranja y verde. Niño no identificado, pero podría ser Nicolau, que fue dejado el 14 de octubre de 1435». Al presumible Nicolau, niño abandonado en la puerta del Hospital de la Santa Creu de Barcelona por su familia –por la imposibilidad de mantenerlo, porque no lo querían o por la muerte de sus padres–, nadie nunca lo reclamó. El colgante que le servía como identificación sigue custodiado, 588 años después, en el sótano del recinto modernista de Sant Pau, reconvertido en archivo histórico.

Entre los miles de tomos que llenan las estanterías del fondo documental del Sant Pau existen más de 28.000 registros –algunos almacenados en la Biblioteca de Catalunya– y hay documentación de hasta seis siglos de antigüedad. Desde fichas de niños expósitos como Nicolau y las nodrizas que se hacían cargo de ellos, a censos, privilegios reales y pergaminos papales –algunos de ellos datan del siglo XIII–, así como planos y cartillas salariales de los trabajadores que erigieron el mayor recinto modernista ideado por Lluís Domènech i Montaner a principios del siglo XX. Según el experto en documentación histórica del Sant Pau Miquel Terreu, hay registros desde que el centro operaba en el Raval, de cómo se construyó el nuevo [la compra de piedras o la elección de los arquitectos jefe] o el impacto que tuvieron en él la Guerra de Sucesiones o la Guerra Civil.

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El archivo histórico de Sant Pau atesora las intimidades del primer hospital de Barcelona, el antiguo Hospital General de la Santa Creu, que nació en 1401 de la fusión de seis albergues fundados por órdenes religiosas y aristócratas que hacían “caridad cristiana”. “En el siglo XV, no se entendía un hospital como espacio para curar, sino como albergues para hacer beneficencia. Se acogía a los desvalidos, los leprosos, los peregrinos, los huérfanos. Es decir, la gente que vivía en la Barcelona de la miseria, que no tenía posesiones ni dinero y que, estuvieran o no enfermos, eran amparados o apartados de la sociedad”, resume Terreu.

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Durante cerca de cinco siglos, fue el único hospital general operativo, y el fondo guarda también algunos libros de entradas de ciudadanos anónimos que vivían en la provincia de Barcelona, que son la semilla de las actuales historias clínicas. Sin embargo, entonces aportaban muy poca información. “La dimensión asistencial de los hospitales no existía. Hasta el siglo XVI no se instaura la idea de ofrecer cuidados y hasta el siglo XIX no nacen los centros como los de ahora. Entonces al hospital solo le interesaba saber cuántas camas necesitaban, cuántas comidas tenían que preparar y si necesitaban más o menos personal para atender la sala”, apunta Terreu.

Los médicos dedicaban unas horas al día. “Algunos por caridad sincera, otros para conseguir más prestigio”, puntualiza el archivero. Ahora bien, apenas existen historiales médicos de los pacientes que se atendían, ya que eran los médicos los que se guardaban la información. De hecho, es necesario avanzar hastael siglo XX para encontrar (pocos) ejemplos más detallados. Como el de J. Codina, de 63 años, que fue operado de cataratas en enero de 1907. O el de E.G., herido en Balaguer en febrero de 1939, a finales de la Guerra Civil: “Soldado de infantería de 30 años. Brazo amputado y tuberculosis. Muere a los dos meses”.

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Expósitos, privilegios y financiación

Sobre los niños expósitos, el fondo documental consta de 135 registros, recogidos desde el siglo XV hasta el XIX, cuando la Diputación de Barcelona empezó a hacerse cargo de ellos. Los niños eran acogidos por el antiguo hospital y asignados a nodrizas que los amamantaban y cuidaban hasta que tenían suficiente edad para ser colocados como aprendices de un oficio o como criados y sirvientas (afianzamientos). “Los niños llegaban pequeños, recién nacidos, y lo importante era bautizarlos, que una nodriza les criara. Si podían, volvían con las familias. Pero si no, a los 7 u 8 años les buscaban un oficio”, explica Terreu.

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El archivo también tiene catalogados una cuarentena de objetos identificativos, entre ellos fragmentos de ropa y cordeles, tiras de cuero, y monedas y medallas, a menudo partidas para ser completadas cuando el niño fuera reclamado. Ahora bien, había mujeres que entregaban a sus hijos y entraban a hacer de nodrizas de dichos hijos; es decir, cuidaban a sus criaturas pero cobrando el servicio. Pronto el rey Fernando el Católico se dio cuenta de estos intentos de fraude y, para solucionarlo, en estos casos instauró la devolución total del dinero que se les había pagado por desempeñar este trabajo.

También se mantienen los Libros de Orados o locos, el primero de los cuales data del siglo XVII. Son registros que documentan los internamientos de las personas con trastornos de salud mental o con discapacidades como la sordera o mudez. El objetivo de internarlos era aislarlos de la sociedad. Para muchas familias, en aquellos tiempos de pobreza, tener familiares enfermos implicaba tener que alimentar una boca más sin añadir manos para trabajar.

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Terreu enseña la bula fundacional ratificada por el Papa Benedicto XIII hace 622 años, aún vigente, que acreditaba la concentración de los seis hospitales en uno solo y otorgaba al nuevo hospital ciertos privilegios ante toda la cristiandad, como el derecho a recoger limosna para el hospital. "La fuente económica no eran los usuarios, que eran los más pobres de la sociedad, sino las limosnas y las donaciones de barceloneses acomodados que dejaban parte de sus bienes en herencia a la institución", apunta Terreu. De hecho, todavía hay herederos de estas familias que dan dinero a cambio de misas anuales. Un caso paradigmático es el del barón de Castellet, que dejó todos sus bienes en el hospital. Como era un noble señor feudal, también entregó la jurisdicción de su pueblo.

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Pero posiblemente la principal vía de financiación fueron los privilegios reales. El archivo almacena 218 documentos con las concesiones que hacían los monarcas para favorecer su sostenimiento económico, entre los cuáles destacan el del riego condal, que autorizaba al hospital a construir casas en terrenos de la corona y cobrar alquileres, o la posibilidad de que, si se atendía a un esclavo y sobrevivía, este quedara como mano de obra. También, entre 1587 y 1844, el hospital tenía el derecho exclusivo de los beneficios de las representaciones teatrales en la ciudad.