La cara más oscura de la Costa del Sol: "Es la ONU de los cárteles de la droga"
La policía afirma que todas las mafias importantes tienen lugartenientes en Marbella, un punto clave para el tráfico mundial
Marbella / Málaga / FuengirolaLa primera escena de la película se ubica en una piscina enorme en forma de guitarra rodeada de sombrillas, palmeras, camareros sirviendo cócteles tropicales a bañistas que flotan de tranquilidad. Suena una canción –de las animadas– de Julio Iglesias y algunos bailan. La cámara avanza lentamente hasta fijarse en una mesa concreta. Se sientan dos hombres con semblante serio. Uno de ellos es un abogado reconocido en la zona. El otro es el cliente, un narcotraficante poderoso. Hablan de droga. El cine ha repetido esta escena en decenas de películas de mafiosos, desde Scarface hasta El padrino. Pero esta escena es real y la vivió un abogado en el hotel Hard Rock de Puerto Banús hace unos meses. Ahora es un día cualquiera de enero y el hotel está prácticamente vacío. Afuera llueve y tres extranjeras caminan con bata por el hall. Hay una recepción para vips y otra para gente normal. Se exponen chaquetas de Michael Jackson y guitarras de Jimi Hendrix.
"La Costa del Sol es el Wall Street del crimen organizado", dice Juan José Gómez Millán, un policía nacional retirado que ha dedicado 30 años de su vida a luchar contra el narcotráfico. En Marbella, las reuniones no son en oficinas con vistas a un skyline de rascacielos, sino en piscinas de hoteles, en reservados de restaurantes o discotecas y en centros comerciales. Otro abogado explica que un día presenció cómo cerraban todo un centro comercial de la zona solo para una reunión entre dos narcos. También han llegado a cerrar prostíbulos. En Marbella el dinero se cuenta en kilogramos de cocaína, y no en pantallas que muestran gráficas de valores que suben y bajan. En el fondo, lo único que une Marbella y Wall Street es que, si quieres ser importante, tienes que estar allí. "Si quieres ser alguien en el mundo de la droga, tienes que estar en la Costa del Sol. Somos la ONU de la droga", dice un alto mando de la Policía Nacional de la zona.
Habla de las Naciones Unidas porque la Costa del Sol, de la misma manera que recibe turistas de todas las nacionalidades, también acoge cárteles de todos los rincones del mundo. Ingleses, irlandeses, turcos, suecos, rusos, chinos, marroquíes. Y no son camellos de barrio ni pequeños productores de marihuana. "Son narcos potentes a nivel mundial. Están en la Costa del Sol, pero el ámbito de actuación es toda Europa", insiste la fuente policial. Las mafias instalan en la Costa del Sol algunos de sus "lugartenientes" más importantes. Cortan el bacalao desde mansiones blancas con vistas al mar. Conduciendo por la carretera que recorre la costa y une ciudades como Marbella y Fuengirola, cuesta ver acantilados que estén limpios de casas o urbanizaciones. Normalmente los narcotraficantes buscan puntos elevados para poder ocultarse sin dejar de tener vistas panorámicas del Mediterráneo. "Están ahí, pero no los ves", explica otro mando de la Policía Nacional.
"Casi es imposible hacerle frente"
En las clases de la academia de policía de Málaga suelen hacer siempre el mismo símil: hay un elefante en la habitación, y se llama narcotráfico. El elefante "va creciendo", y ya es tan grande que es "casi imposible hacerle frente". El elefante del narcotráfico, admiten mandos de la policía, se ha infiltrado en las estructuras policiales. "Ni triplicando los efectivos podríamos luchar contra ellos", aceptan. El narcotráfico no solo se ha de entender como un grupo de personas que reciben droga y la mueven, sino como una empresa. Como una multinacional del delito. "Son como empresas del Ibex-35, el dinero no es nunca un problema para ellos", continúan las fuentes policiales. Este dinero les permite comprarlo todo, funcionarios y policías, pero también resucitar después de un operativo que les ha escapado o de una guerra con una banda rival que les ha debilitado.
Y aunque la policía multiplicara por diez sus esfuerzos, las leyes cambiaran y fueran más duras, y muchos otros futuribles, sería muy difícil borrar la huella del narcotráfico en la Costa del Sol. Lo sería porque está en un lugar privilegiado, y no solo porque los narcos pueden tomar el sol y jugar al golf. Marbella está a una hora en coche del puerto de Europa con más intervenciones de cocaína, el de Algeciras. También se tarda una hora en lancha para navegar desde el principal país que produce hachís, Marruecos, hasta la Costa del Sol, donde el mar se expande por más de 150 kilómetros de arena. Y Marbella también está a tocar de uno de los principales productores de marihuana del Estado como es la zona de Granada –que conjuntamente con Girona y Ciudad Real son las principales productoras de España–. Andalucía se ha convertido en un paraíso para los turistas que buscan tranquilidad, pero también en un refugio ideal para los narcotraficantes que quieren dominar la puerta sur de la droga en Europa.
La costa de la droga
Los datos demuestran que el sur de España está profundamente marcado por la huella del narcotráfico. La provincia del Estado con más detenciones por cada 100.000 habitantes de delitos vinculados al tráfico de drogas es Ceuta. Después viene Granada, seguida de Cádiz y de Málaga. Andalucía es el territorio de España con más cocaína decomisada –dobla los registros de Cataluña–. También lidera, con mucha diferencia, el ranking de hachís, y hasta el de marihuana. "Esto no es la Costa del Sol, es la costa de la droga", comentan dos agentes de la Policía Nacional que luchan contra el narcotráfico. Explican que colaboran constantemente con los Mossos d'Esquadra, ya que Andalucía y Cataluña son dos vasos comunicantes: la droga que se negocia en Andalucía –o que entra por el estrecho de Gibraltar– acabará pasando, tarde o temprano, por Cataluña a través de la AP-7. La conversación tiene lugar en un bar próximo a la comisaría de Fuengirola en un día soleado de enero.
El día anterior, sin embargo, las calles de esta ciudad cercana a Marbella eran arroyos de agua por donde caminaban algunos vecinos que no están acostumbrados a la lluvia intensa. En otro bar, tampoco muy lejos de la comisaría, se sienta Juan José Gómez Millán, que hace pocos meses que se ha jubilado después de toda una vida luchando contra el narcotráfico. Tiene la visión de un agente de la autoridad que lo ha visto todo, pero también la de un vecino de la Costa del Sol que ha visto cómo su pueblo se llenaba de desconocidos forasteros. La primera pregunta que le hacemos es qué cárteles de la droga están más fuertes en Marbella. Y en la primera respuesta ya deja escapar una sonrisa: "Uf, aquí los tienes a todos". Los Kinahan, la temida mafia irlandesa; los italianos, provenientes de las mafias más antiguas de Sicilia y Nápoles; los rusos, aunque cada vez se dejan ver menos –"Pero estar, están–. Y los clanes de los Balcanes, los marroquíes del hachís y los mexicanos, que, por suerte, todavía no han traído fentanilo a España. "Pero llegará", sentencia un mando policial. Ahora, de hecho, en el mundo de los clanes de la droga son tiempos cambiantes.
Mezcla y nuevos elementos
La globalización que ha llevado vuelos directes de una punta a otra del planeta y productos directamente de China a la puerta de tu casa en dos días también ha hecho que los narcotraficantes de todo el mundo se conozcan, hagan negocios y se mezclen entre ellos. Cada vez es más frecuente, por ejemplo, que los grupos criminales estén formados por personas de diversas nacionalidades. O que un grupo se encargue de recoger la cocaína, otro de guardarla y un tercero de moverla. "Hay pastel para todos", comenta Gómez Millán. De hecho, hasta ahora ha existido una cierta diplomacia. Quedan lejos los tiempos en que los narcotraficantes acudían a las fiestas de Jesús Gil y eran aceptados como unos miembros más de la clase alta de la Costa del Sol. Les interesaba saber qué se movía y ser unos más en el mundo del lujo de Marbella. Ahora los narcotraficantes viven más escondidos, pero hasta hace poco existían ciertos pactos de no agresión. El cambio de paradigma ha llegado con la aparición de nuevos cárteles, como la Mocro Maffia holandesa y sueca o los turcos, unas bandas que ya han dejado también huella en Cataluña. Son más violentos, han subido las ejecuciones y han roto una especie de paz tensa que se vivía desde hacía años.
Lo mismo pasa con la policía. Hasta ahora también existía esta cierta diplomacia. "No nos agreden para mantener el clima de paz", explica un alto mando de la Policía Nacional. Los últimos años esto también ha comenzado a cambiar. Lo de la droga es un círculo peligroso. Un pez que a menudo se muerde la cola cuando un miembro de una mafia entra en la cárcel y, en lugar de salir rehabilitado, sale reforzado. "En la cárcel aún se forman más y conocen más gente. No saben hacer otra cosa y no tienen miedo de nada", comentan dos agentes de la Policía Nacional de Fuengirola. El principal temor lo expone un alto mando policial de la zona, que admite que la droga, los cárteles y las mafias pueden acabar "desestabilizando un país".
La maquinaria del blanqueo
Mientras se acaba el café y de vez en cuando deja caer que la Costa del Sol no es eso, que realmente hace sol la mayor parte del año, el policía retirado Gómez Millán se pone nostálgico. Recuerda la detención de Alexander Ivanovitx Malixhev, uno de los grandes nombres de la mafia rusa de San Petersburgo en los noventa, que acabó viviendo en la Costa del Sol y fue detenido en 2008 en un chalet de lujo de Frigiliana, en Málaga. O el arresto de Sergejus Beglikas, un lituano que iba en silla de ruedas y lideraba desde una mansiónde Marbella un cártel de la droga que ganaba 350 millones de euros al año. Este seguramente es uno de los elementos más importantes para entender los cárteles de la droga, que son una máquina de hacer dinero.
Las diversas fuentes policiales contactadas durante el viaje a la Costa del Sol explican que los narcotraficantes son amantes del lujo. El mismo abogado que al principio se sentaba en una mesa del hotel Hard Rock de Puerto Banús, hace pocos meses recibió una llamada de un cliente vinculado al mundo de la droga. "Ven, que quiero ir a una exposición de coches de un amigo", le comentó. Había 50 coches de lujo, desde un McLaren hasta un Ferrari, observados de cerca por personas que tomaban cava y llevaban relojes de 400.000 euros y cadenas de oro.
Aunque es lo más frecuente en el imaginario colectivo, están quedando atrás los tiempos en que los narcotraficantes tenían millones y millones de euros en efectivo, en cajas fuertes o en lugares inimaginables. "Los narcos se han dado cuenta de que es tan importante dar recorrido al dinero que tienen como ganarlo", expone el mismo abogado. Es decir, saben que blanquear es tan importante como traficar. Y, muchas veces, esto también quiere decir pagar impuestos y tener negocios con una apariencia totalmente legal.
Los agentes de Fuengirola recuerdan a unos traficantes que detuvieron que tenían una empresa de lavar coches. ¿Qué decían las cuentas de la empresa? Que ganaban muchísimo dinero. ¿Qué pasaba cuando te acercabas a su empresa? Que limpiaban un coche al mes. Ha habido narcos rusos que han comprado hoteles y han declarado que cada día de cada mes todas las habitaciones estaban llenas. Ha habido traficantes que han comprado participaciones de fondos buitre para vender y comprar edificios, que han regentado lavanderías y bares que, sorprendentemente, estaban cerrados.
De hecho, la ubicación de la Costa del Sol también es importante para entender el blanqueo. Por ejemplo, está pegada a Gibraltar, que puede llegar a funcionar como un paraíso fiscal, según afirman fuentes policiales y letradas. Que los narcos busquen paraísos fiscales exóticos para ocultar sus fortunas es el pan de cada día, afirman las mismas fuentes. Para conseguirlo, tienen abogados –no es el caso del letrado con quien ha hablado este diario– que crean entramados societarios complejos. Y, para acabar, se ha de tener en cuenta la mafia china. A menudo oculta, difícil de pillar, pero presente en el blanqueo de capitales de muchos clanes de la droga.
Los inicios
Que todo esto pase en Marbella, sin embargo, no es ni nuevo ni reciente. Desde el siglo pasado que las playas de la Costa del Sol se han convertido en el escondite de fugitivos. Primero, acabada la Segunda Guerra Mundial, varios nazis se ocultaron en Marbella para pasar desapercibidos –y más en una época en que en España ya gobernaba la dictadura de Francisco Franco–. También descubrieron la Costa del Sol algunos de los ladrones del tren de Glasgow, que se llevó un botín de 2,6 millones de libras del tren postal Glasgow-Londres en el año 1963. Uno de sus miembros, Charlie Wilson, acabó viviendo en una gran villa en Marbella, donde fue asesinado a tiros en el año 1990. ¿El motivo del crimen? Una disputa de drogas.
Juan José Gómez Millán explica que el boom urbanístico de la zona fue entre los años 60 y 70, y muchos de los terrenos fueron a parar a manos de ladrones y malhechores. Él ha vivido en primera persona cómo en los años 70 ya aterrizaban en la Costa del Sol miembros de la Cosa Nostra, la mafia siciliana por excelencia, y la Camorra, sus homólogos napolitanos. Venían para "blanquear dinero" y controlar el paso de drogas de Marruecos y por el puerto de Algeciras. No tardaron en llegar otros mafiosos provenientes de Inglaterra y Holanda. Y, unos años después, los rusos empezaron a comprar parcelas y parcelas.
Sin la historia de Marbella y la Costa del Sol no se puede entender la infiltración total del narcotráfico en la sociedad. Tienen sus terrenos, sus urbanizaciones, sus bares, sus hoteles, sus policías comprados, sus socios y sus rivales. La lengua extranjera no solo significa turismo. Siempre ha habido convivencia y una cierta aceptación, pero ahora la droga no solo trae mansiones, relojes y coches, sino también tiroteos, guerras y asesinatos.
Es habitual que en las películas, después de la escena en la piscina disfrazada de paraje tropical, una vez acaba la reunión entre el narcotraficante y su abogado de confianza, estalle un conflicto entre bandas rivales, un baño de sangre en el que el protagonista pierde amigos y familiares, pero acaba ganando el pulso y convirtiéndose en el narco más poderoso de la zona. De nuevo, esto no solo pasa en las películas. Ahora a la policía le preocupa, y mucho, la sensación de que los nuevos narcotraficantes hayan perdido el miedo a todo.