Al igual que el año pasado, Protección Civil ha impulsado una campaña para promover una celebración segura de la verbena. Con el mismo eslogan del 2025, "No enciendas la verbena", se dan consejos prácticos sobre el uso de los petardos y para evitar fuegos a través de folletos, carteles y materiales para las redes sociales. Por ejemplo, recoger la ropa tendida y cerrar puertas y ventanas. También recoge que las hogueras deben ser autorizadas por los ayuntamientos y que hay que evitar, en la medida de lo posible, hacer ruido para las personas altamente sensibles y los animales. Entre las sugerencias se encuentra no encender pirotecnia dentro de ladrillos, botellas u otros recipientes que al explotar pueden generar metralla.En una rueda de prensa, Parlon ha insistido en la prudencia y ha recordado que el año pasado los Bomberos recibieron 1.356 avisos entre las 20 h del 23 de junio y las 8 h del 24 de junio. En este sentido, ha informado que entre el 22 y el 28 de junio se prevé desplegar más de 200 agentes rurales por todo el territorio, 133 profesionales del CAT112 y un 50% más de Bomberos de guardia. Por otro lado, durante estos seis días en las carreteras se instalarán 678 controles de drogas y alcoholemia.San Juan siempre representa un reto para la movilidad, ya que muchas personas se mueven, sobre todo en coche, para celebrar la verbena. Parlon ha destacado que este año la noche de San Juan es entre semana y "esto puede condicionar la movilidad". En este sentido, ha apuntado que se espera la salida de 610.000 vehículos este fin de semana, de los cuales volverán 290.000, y de cara a la verbena ha calculado que salgan 490.000 y vuelvan 240.000.
Bosques frágiles y sierra en marcha: Cataluña entra en la época de incendios
Parlon avisa que los fuegos del fin de semana en Ponent hacen "estar alerta" para Sant Joan
BarcelonaCon la llegada del verano, bosques y terrenos agrícolas de todo el país se ven amenazados por las altas temperaturas, la baja humedad y la sequedad de la vegetación, pero también por la actividad humana, que es la principal causa de incendio en Cataluña, ya sea por accidente o negligencia o por actos intencionados. Expertos y autoridades advierten que el país ha entrado plenamente en la temporada de alto riesgo de incendio y, de hecho, este fin de semana, varios fuegos simultáneos en el medio natural en Lérida han tensionado los servicios de emergencias. A estas alturas, el Govern tiene activado el nivel 3 sobre 4 –peligro muy alto de incendio– en una cincuentena de municipios de Ponent y la Cataluña Central, y a las puertas de la verbena de San Juan, la consejera de Interior, Núria Parlon, ha pedido a la población "máxima precaución" a la hora de lanzar pirotecnia –debe hacerse a una distancia de como mínimo 500 metros de los bosques y entornos naturales– y de encender hogueras.
En los últimos 40 años, los incendios en el medio natural han ido modificando su comportamiento porque los bosques son cada vez más vulnerables. El subinspector de los Bomberos de la Generalitat y de la unidad del Grupo de Actuaciones Forestales (GRAF), Asier Larrañaga, explica que se ha reducido el número de fuegos y hectáreas que arden anualmente en Cataluña, pasando de las 12.000 a las 2.000. Con todo, ahora, cuando se declara uno, es más habitual que pueda descontrolarse por dos grandes motivos: la falta de gestión de árboles y sotobosque, que permitiría bajar la energía que puede tener un incendio, y las condiciones meteorológicas y ambientales, agravadas por la crisis climática.
"Somos un país muy sensato porque se ha hecho mucho trabajo de concienciación en el uso de herramientas o en prácticas que pueden suponer un riesgo para el entorno natural. Esto ha hecho que si en los años noventa se registraban 775 igniciones al año, ahora se declaren 515", ha ejemplificado en una sesión de trabajo dirigida por el equipo de beBartlet e impulsada por la Fundació Catalunya La Pedrera, propietaria y gestora de miles de hectáreas forestales en Cataluña. Sin embargo, subraya Larrañaga, la velocidad de propagación del fuego se ha disparado, haciendo cada vez más compleja la extinción por parte de los Bomberos. Si los grandes incendios del año 1994 –que afectaron sobre todo al Bages, el Berguedà y el Solsonès– podían quemar 345 hectáreas por hora, ahora no es extraño que esta cifra se dispare hasta las 800 hectáreas por hora y se generen situaciones como las vividas el año pasado en La Segarra.
Baja gestión forestal
En la superficie forestal de Cataluña se acumula muchísimo "combustible". En solo 40 años, la materia vegetal que puede arder y alimentar un incendio se ha disparado del 35% al 71%, indica el subinspector GRAF, que lo atribuye a los períodos de sequía y falta de lluvias, que favorecen la mortalidad forestal y, por tanto, la propagación de los incendios. "Ahora los árboles llegan en un estado hídrico mejor que años atrás gracias al período lluvioso que hemos vivido. Esto hace que, de momento, veamos con optimismo el inicio de verano. Ahora bien, si en junio y julio no llueve, las condiciones empeorarán en los campos de cultivo y en los bosques, ya que la vegetación herbácea ha crecido mucho y se está secando", anticipa en declaraciones a el ARA el director del CREAF, Joan Pino.
Aproximadamente el 60% de los bosques catalanes son privados, mientras que el 40% restantes son públicos. Si todos los propietarios gestionaran el terreno –desbrozar y retirar árboles y sotobosque, así como crear franjas de protección–, se reduciría la cantidad y la continuidad del combustible y el fuego sería más fácil de controlar. Pero esto no está pasando: aunque se ha mejorado, todavía hay demasiado terreno vulnerable al fuego. De hecho, las décadas de abandono –aunque exista una ley de bosques, no hay responsabilidades contra quienes descuidan sus fincas– en los terrenos catalanes allanan el camino para que las llamas de 15 o 20 metros de altura puedan engullir árboles enteros. "Si se gestiona el suelo, las copas no arden y los bosques no tienen que empezar de cero", apunta Larrañaga.
Por otra parte, y sumado al combustible, Pino afirma que la meteorología jugará un papel clave en todo ello los próximos meses: "Si las temperaturas llegan a 40 °C y hay una ponentada con vientos secos y cálidos intensos, el riesgo aumenta mucho y puede haber fuegos simultáneos". Ahora, además, la crisis climática favorece los incendios de sexta generación, que se caracterizan por la formación de grandes nubes convectivas generadas por el calor del fuego que conectan las capas bajas y altas de la atmósfera (pirocúmulos). Esta dinámica puede provocar un comportamiento extremo del incendio, con una velocidad de propagación muy elevada, una gran intensidad y cambios súbitos en la dirección y la fuerza del viento, lo que los hace muy difíciles de extinguir. "Llevar a los bomberos dentro es matarlos", admite Larrañaga.
Agentes Rurales ha informado este lunes que el sector agrícola de Ponent se encuentra en plena actividad de cosecha, una tarea esencial, pero que comporta riesgos elevados en el contexto climático actual. Por ello se ha desplegado un dispositivo especial con cerca de un centenar de personas dedicadas diariamente a la vigilancia y al apoyo del sector, así como medios aéreos y unidades de intervención inmediata. "Y otro problema importante: cada vez tenemos más personas viviendo al lado del bosque. Por lo tanto, cada vez tenemos una peor combinación de veranos más cálidos y secos, más población tocando el bosque y más vegetación para quemar", valora Pino. A su parecer, Cataluña ha puesto muchos medios en la detección y la extinción rápida de fuegos, pero ahora lo que falta es poner más énfasis en la prevención de incendios.