Violencia en Cataluña: ¿hay más crímenes o más alarma social?
La policía confisca más armas blancas entre jóvenes y detecta más desobediencia en las calles
BarcelonaEn el ámbito de la seguridad, a menudo hay percepciones en la sociedad que no terminan de encajar con lo que dicen los datos policiales. Hay una realidad: recientemente se han producido dos homicidios muy mediáticos, ambos en la calle y con testigos que los vieron de cerca. Pero, con los datos en la mano, para la policía el aumento de los crímenes en Cataluña –o la idea de que ahora hay más que antes– es una percepción: el año pasado se cometieron cincuenta y cuatro homicidios, los mismos que hace una década. Este año se han cometido diecinueve y, si el ritmo de casos se mantiene así, el año podría acabar con un balance similar al de 2025.
El crimen de Esplugues de Llobregat, en el que una mujer de 41 años murió apuñalada por un desconocido que ya se encuentra en prisión preventiva, y un nuevo apuñalamiento mortal en el Raval de Barcelona pocas horas después, en el que un menor acabó detenido, han vuelto a poner en el centro el debate de la violencia en Cataluña. Concretamente, ahora se habla más que nunca de las armas blancas. Los Mossos d'Esquadra admiten que en los últimos años ha habido un aumento de los incidentes con objetos punzantes y cortantes. Solo el fin de semana pasado hubo dos apuñalamientos mortales y siete heridos más por navajas. Ahora bien, sostienen que la creencia de que estamos en el peor momento es una percepción.
Después de la implementación del plan Daga para hacer frente a las armas blancas, los incidentes con cuchillos se han reducido un 31% en el primer trimestre de 2026. También ha caído la reincidencia –personas que se ha detectado que llevaban un arma blanca en más de una ocasión–: si en 2025 este porcentaje era del 34%, ahora se sitúa en el 27%. Ahora bien, en Cataluña hay ocho incidentes con armas blancas cada día, y a la policía le preocupa que quien las empuña es mayoritariamente gente muy joven. En 2025 se requisaron 9.000 armas blancas y 500 las llevaban menores. Además, el 40% de los identificados por llevar navajas tenían entre 18 y 30 años. La mitad de estas personas tienen la nacionalidad española y el 96% son hombres.
Banalización de la violencia
Esto no es un problema exclusivamente catalán. A escala estatal, el País Vasco también tuvo que poner en marcha en febrero de 2023 un plan de acción contra las armas blancas, igual que Navarra, y otros territorios como Andalucía han pedido al ministerio del Interior que active uno para frenar las agresiones con navajas. Pero si hacemos un recorrido por Europa, la tendencia es similar. Alemania aprobó en 2024 un paquete de seguridad que prohíbe los cuchillos en fiestas populares, eventos deportivos y mercados. El mismo año, Austria creó un grupo operativo contra la criminalidad juvenil, que ponía explícitamente el foco en las armas blancas. En Francia se hacen controles aleatorios en escuelas para evitar el uso de armas blancas, e Italia se está planteando poner detectores de metales en las entradas de los centros educativos.
De hecho, una de las grandes preguntas es si hay un aumento de la violencia, pero sobre todo si se da en edades más jóvenes. El intendente Toni Rodríguez, miembro de la Jefatura de los Mossos d'Esquadra, pilota los planes contra las armas blancas y la multireincidencia que ya están en marcha en todo el país. Desde hace unos años, perciben una "insubordinación" en las calles; una dinámica de "falta de valores", de "banalización de la violencia". Señala letras de canciones, vídeos de peleas que se viralizan u otros elementos, pero indica que, a menudo, estos factores van ligados con fallos del sistema formal, que no consigue reconducir la situación de estas personas. También se podría vincular a este efecto la aparición de nuevas bandas juveniles, tal como explicó este diario.
Por este motivo, Rodríguez apuesta por no optar tanto por la punición implacable –con multas o, en el caso más grave, con penas de prisión– y aboga por ir hacia las normas de conducta. El intendente también cree que la presencia de mossos en las escuelas, con el plan piloto que ya está implementando en un centro, así como con la mediación con las familias, puede ayudar a mejorar esta conflictividad, vinculada también a otros problemas como el absentismo y el consumo de sustancias.
Medidas alternativas
Actualmente la policía se encuentra con casos de jóvenes que llevan un arma blanca por la calle y son multados, pero después no pagan la sanción. Así, no sienten que perciban ningún castigo. Para alterar sus conductas, Rodríguez plantea obligarles a hacer, por ejemplo, cursos de disciplina o prohibirles acercarse al transporte público o al ocio nocturno bajo una orden judicial.
Son medidas similares a las que se utilizan en los delitos viales (el carnet por puntos y la necesidad de hacer un curso para recuperarlos). De hecho, Rodríguez explica que estas medidas también pueden ser útiles para luchar contra la multirreincidencia, un fenómeno que afecta a ladrones que acumulan muchos antecedentes. Entre los cinco tipos de incidentes en que más se utiliza una navaja, los robos con violencia e intimidación son los primeros.
Estas propuestas se suman a diversas iniciativas que los Mossos llevan meses implementando, como el plan Daga (2023). La policía catalana está requisando más armas blancas que nunca y el intendente Rodríguez explica que en verano incrementarán recursos y reforzarán espacios como el transporte público. Además, la policía tiene identificados 236 puntos de riesgo por armas blancas donde ya se han desplegado más agentes.
Aumentos concretos
Esta "insubordinación" de la que habla el intendente Rodríguez se puede notar en el aumento de algunos delitos concretos. Los Mossos están notando un aumento de los atentados a la autoridad y de la desobediencia, y eso que no es una época especialmente caliente en cuanto a las manifestaciones en la calle. En la última década, también se han duplicado los delitos de tentativa de homicidio, muy vinculados al uso de armas blancas, y han aumentado los de amenazas (+80%) o los de lesiones (+78%), según datos abiertos de los Mossos d'Esquadra.
y también apunta Tamarit, hay algunos que pueden ser un factor de riesgo para tener determinadas conductas violentas.
Los datos en Cataluña también muestran que en los años 80 y 90 había una ratio de homicidios más alta. La tasa más elevada por cada 100.000 habitantes, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística, fue en 1987. Si hablamos de décadas, se ha mantenido una ratio media bastante igualada a lo largo de los años. Además, hay que tener en cuenta que buena parte de los crímenes se deben enmarcar en el ámbito de la delincuencia. Por ejemplo, en 2025 se registraron 53 homicidios, de los cuales 12 se podían vincular con el crimen organizado. Desde el verano, ya ha habido tres asesinatos a tiros que se enmarcan en una guerra de clanes de la droga de Montenegro. Estos tipos de homicidios sí que aumentan, ya que Cataluña, en palabras de Rodríguez, se ha ido convirtiendo en una "zona de paso" para los grupos criminales.
Pérdida de memoria
"La violencia ha ido disminuyendo. En los años 80 y 90 era peor. Y si vamos más atrás, la violencia estaba muy normalizada", apunta Tamarit, que añade que ahora mismo hay "un exceso de dramatización" y "una pérdida de memoria". "La sociedad ha sido siempre violenta", concluye el catedrático, que ha estudiado en diversas ocasiones la evolución de los homicidios. Ahora hay otros elementos que juegan a favor de este "exceso de dramatización", como las redes sociales, que muestran, incluso con imágenes, los crímenes que hay en Cataluña.
Es lo que pasó a principios de mayo en Esplugues, un crimen cruel y extremadamente violento que los investigadores de los Mossos no han vinculado con el yihadismo, sino con un problema de salud mental. Precisamente, Tamarit está haciendo un estudio sobre la vinculación de ciertos problemas de salud mental con los homicidios, y todo parte del punto de que la gran mayoría de personas con trastornos mentales no son violentas. Solo el 0,37% de los incidentes a los que acuden los Mossos son por problemas de salud mental. Pero, tal como ha explicado este diario en reportajes anteriores y también apunta Tamarit, hay algunos que pueden ser un factor de riesgo para tener determinadas conductas violentas.