Abusos a menores

Cuando tu agresor se suicida antes de que haya juicio

Karla sufrió abusos sexuales de pequeña por parte de un médico y el caso se archivó después de que él se quitara la vida tras una segunda denuncia

La Karla habría deseado que hubiera habido un juicio que demostrara lo que denuncia
02/07/2026
5 min

Barcelona / El MasnouKarla tardó quince años en dar el paso. La mitad de su vida. Fue mucho tiempo de silencios. También de vergüenza. Incluso de miedo. Horas de psicólogos para ir recolocando las piezas. Hasta que estuvo preparada para denunciar al hombre que la agredió sexualmente y la torturó cuando era una niña de solo catorce años.

Él era el médico de la familia. El hombre que había cuidado a la abuela. El amigo que ayudaba a la madre soltera con la niña adolescente y rebelde. Y justo cuando se había envalentonado para plantar cara a su presunto agresor y el procedimiento judicial avanzaba para ir a juicio, todo se detuvo de repente: Joan P. se suicidó en verano de 2021, al día siguiente de recibir una segunda denuncia por abusos a una menor.

Todo comenzó el día que Karla no quiso ir a unas colonias con el esplai. El berrinche de una niña de trece años que empezaba a contestar y a llegar tarde a casa. Su madre, que la había criado sin la presencia de un hombre en casa, acudió al médico amigo de la familia. Joan P. se quedó a solas con ella y definió una terapia familiar basada en las faltas graves y leves que cometía Karla. Cada cierto número de faltas había castigos, que los ejecutaba el fin de semana, cuando se quedaba durante un rato a solas con la niña para llevar a cabo la terapia. Aplicaría lo que su madre “no tenía valor” de hacer, le confesó.

En diversas sesiones el hombre golpeó a la niña con un cinturón mientras la ataba de manos y le tapaba la boca. “Eran castigos con brutalidad”, recuerda Karla. Pero la violencia física iba acompañada también de violencia sexual. Según la documentación a la que ha tenido acceso el ARA, la agredió varias veces, le causó mucho dolor, y mientras lo hacía la iba aleccionando. Duró más de un año, hasta que cumplió los catorce años. Después de las sesiones, una o dos al mes, la niña salía completamente “anulada”. Su mecanismo de defensa fue “olvidar y seguir adelante”. Y más cuando pensó que su madre lo sabía y, aun así, la dejaba sola en casa con aquel hombre, que también la llevó a su consulta del barrio de Sants de Barcelona.

En octubre de 2004 todo se precipitó. El tema surgió un día que la niña estaba con dos amigas. La caja de los truenos se destapó. Después de una discusión con la madre, Karla le lanzó un reproche: “Con lo que tú dejas que me haga”. No fue capaz de verbalizar nada más. Pero sí que lo escribió en un papel que posteriormente aportaron como prueba durante el procedimiento judicial. Las terapias con Joan P. se acabaron de golpe, a pesar de que la madre nunca se encaró con el médico. Tenían un vínculo muy fuerte: habían pasado más de una Noche de Reyes en su casa, con su familia; veraneaban en un apartamento de él; era un médico reconocido que había cuidado durante años a la abuela.

Hicieron una visita a la fundación Vicky Bernadet para asesorarse y explicaron lo que había pasado. Pero lo único que quería aquella niña era alejarse de aquel hombre. Hablar de juicios la aterraba. Sobre todo, verlo nuevamente. Además, era una figura relativamente pública. Poco a poco, el tema se fue aparcando. No se hablaba de ello. Cerrado en una cajita. Pero la herida seguía abierta.

La denuncia

Nuevamente en un espacio de confianza, con unas amigas, cuando estaba a punto de cumplir los treinta años, Karla volvió a verbalizar las agresiones y torturas de Joan P.. Una amiga la acompañó a denunciar. Era enero de 2020. Ella empezó a hacer terapia en la fundación Vicky Bernadet, aunque cuatro años antes ya había acudido a un psicólogo de la Seguridad Social por problemas en sus relaciones sexuales.

El procedimiento judicial fue avanzando. Declaraciones. Informes. Pruebas. La instrucción llegaba a su fin. En marzo de 2021 las diligencias previas pasaron a sumario para ir a la Audiencia Provincial de Barcelona. Faltaban los escritos de acusación. Estaban a las puertas de dictaminar, si lo consideraba la jueza, la fecha del juicio, pero todo se derrumbó de golpe. En julio de 2021 Karla se enteró de que el caso se archivaba. En junio de 2021 el hombre se suicidó, al día siguiente de recibir una segunda denuncia por unos abusos a una menor.

Según ha podido confirmar el ARA con fuentes policiales, se trataba de “tocamientos y comentarios inadecuados” a una niña, que lo verbalizó cuando tenía trece años, aunque los hechos pasaron con anterioridad. La familia del médico admite la veracidad de esta segunda denuncia: Joan P. reconoció que había dicho a la menor que se casarían cuando fuera mayor y que era su “esclava”. Los tocamientos, según la versión de la familia, fueron “cosquillas”, pero en ningún caso una agresión sexual. “No era un abusador, los comentarios estaban fuera de lugar, no habríamos esperado nunca que hubiera dicho eso a una criatura que queríamos, pero son incomparables con la gravedad de la primera denuncia”, defienden y recuerdan que el hombre tenía un contacto puntual con menores.

“Cuando se suicida, siento tranquilidad porque soy consciente de que no lo haría más a nadie, pero yo me estaba empoderando y me habría gustado un juicio y una sentencia, habría sido reparador”, relata Karla. Durante aquellos meses de verano de 2021 pasó por “todas las fases” posibles. Incluso le supo mal porque conocía a la mujer y al hijo del médico. Su abogada, Carolina Gallego, le hizo abrir los ojos: “Su mujer tiene derecho a saber con quién duerme”.

Gallego considera que una vez el caso se había convertido en sumario “era difícil que se archivara” porque “había suficientes indicios” para ir a juicio, como los testimonios de la madre o las amigas o las visitas a la fundación Vicky Bernadet y al psicólogo público a quien Karla había explicado los hechos. También tenían a favor los informes forenses, en los que se resaltaba el relato “coherente, explícito y detallado” de la chica, se daba “credibilidad” a su narrativa y no se apuntaba ni “fabulación” ni “animadversión” previa contra el médico.

Aun así, la familia del hombre niega las acusaciones de Karla. “No habría podido pasar, era algo demasiado monstruoso, él nos dijo que era falso”, argumentan. De hecho, aseguran que el médico se estaba planteando romper el secreto profesional para defenderse y demostrar su inocencia, y que días antes de quitarse la vida, por un tema de salud, ya había anticipado a la familia que se quería “eutanasia”. “La denuncia fue una condición necesaria, pero no suficiente”, puntualizan.

Con la muerte del acusado, el Juzgado de Primera Instancia número 31 de Barcelona extinguió la responsabilidad penal, pero dejó abierta la vía civil, y reclamó la responsabilidad a los herederos. Llegaron a redactar la demanda, pero no encontraron jurisprudencia: no había casos similares, ya que el hombre no había llegado a estar procesado. Mientras se planteaba esta posibilidad, y arriesgarse a los costes económicos que implica, Karla probó también de buscar una mediación con la familia. Envió un burofax a su mujer, sin respuesta; y la de los herederos fue negativa. En noviembre de 2025 solicitó la mediación, que fue rechazada en febrero de este año.

“Yo he gastado dinero, era una reparación simbólica. No quería el perdón de la familia, que no ha hecho nada, sino el reconocimiento de que aquello pasó. Eso sería reparador”, explica la chica. Los plazos para presentar la demanda acabaron y, de esta manera, se desvaneció la posibilidad de emprender cualquier iniciativa legal. Lo que tampoco supo nunca Karla es qué había pasado con aquella segunda denuncia, ni quién era aquella chica que había sufrido abusos como ella.

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