Cercanías, enseñanza, sanidad, campesinado, pescadores, autónomos… Cualquiera podría pensar que estoy enumerando sectores sin relación alguna entre ellos, pero la realidad es muy diferente. O bien no funcionan como deberían funcionar, o están en huelga y movilizándose porque ya están hartos de la situación que viven.
El otro día, hablando con una profesora que hacía huelga, le hice la pregunta del millón: ¿por qué no convocan una huelga general? Su respuesta fue clara: cada uno mira por él. Y esto me hizo reflexionar. Por un lado, considero que tiene razón; nos hemos vuelto profundamente individualistas. Por otro, también pienso que quizás no interesa a quien organiza estas movilizaciones que el malestar se convierta en transversal.
Otra imagen que me vino a la cabeza es la de la rana dentro de una olla a fuego lento. El agua se calienta poco a poco y la rana no percibe el peligro hasta que ya es demasiado tarde. Quizás a nosotros nos está pasando lo mismo: nos estamos ardiendo y apenas lo notamos.
¿De verdad no nos hemos dado cuenta de que algo no funciona? ¿Que el malestar es generalizado? ¿Que muchos de nuestros dirigentes no parecen velar por el bien común? ¿Qué más debe pasar porque nos despertamos y llenamos las calles?
La situación empieza a ser insostenible. Y, sin embargo, todavía puede empeorar. Si hay alguien que no lo ve, quizá debería empezar a cuestionarse qué está pasando a su alrededor.