Los mariscadores dicen que los erizos están llenos pero los restauradores lo niegan: ¿qué pasa con el marisco insignia de la Costa Brava?
Los temporales de invierno, los calores del pasado verano y varios patógenos podrían haber afectado a este marisco herbívoro, que es motor económico en el Empordà durante los meses de invierno
PalafrugellEs viernes de invierno, y en el Empordanet los rótulos que indican que es tiempo de garoinada están en todas partes, especialmente en las rotondas de bienvenida a los pueblos. En Palafrugell, el sábado de mercado, vienen sólo en una parada. Han puesto un rótulo que indica que son de Palamós, que las venden a 21 euros el kilo (entren doce y veinte según el peso), y la curiosidad es que han escrito su nombre con una ultracorrección, garoínas. Son pequeñas, como me dicen los restauradores de la zona, de menor diámetro que el habitual en otros años (deben hacer 5 cm), pero no puedo comprobar si están vacías o llenas porque están cerradas, claro.
Y aquí comienza el debate con los erizos de mar (como también se conocen en el Empordà). Los temporales crudos de invierno, los calores del verano y varios patógenos podrían explicar por qué los erizos están medio vacías por dentro, pero los restauradores no lo saben cuándo los compran; pagan a precio de mercado: cada una a 1,05 euros. Si después las abren y están vacías o casi vacías, nada podrán hacer, porque el mariscador ha hecho su trabajo. Y la ha hecho bien, porque debe tener licencia, ha tenido que pasar por el poso de pescadores (la cofradía certifica la pesca y saca un tanto por ciento de la venta, como con todos los pescados y mariscos) y ha respetado los seis meses de veda de este marisco. En el restaurante, cada garoina se puede vender a 2,50 euros, pero si, cuando las han abierto, las han visto vacías, no pueden servirlas, como aseguran unos restauradores de un restaurante de Palafrugell que prefieren mantenerse en el anonimato, y que, además, señalan que tener en la carta también supone recibir inspecciones, habituales compra.
En la Costa Brava, se calcula que en cada temporada de erizos de mar, de octubre a finales de marzo, se come un millón. Así lo afirma Martí Sabrià, que fue quien impulsó su campaña en 1992 cuando era director del Patronato de Turismo de Palafrugell; ahora está jubilado. "Necesitábamos un aliciente para que la gente viniera al territorio en invierno, y pensé en ligar un producto gastronómico con una población [Palafrugell] para hacer campaña, y así conseguir llevar gente a los restaurantes, a las poblaciones", recuerda Sabrià. Antes de salir adelante hizo estudios y los científicos le aseguraron que en la Costa Brava había 32 millones de erizos de mar, que viven siete años de media. "Llegamos a la conclusión también de que quien gastaba más era la industria alimentaria, mucho más que las que nosotros como campaña utilizaríamos", dice, y añade que, unos años más tarde de impulsar la iniciativa, ellos mismos pidieron a la Generalitat hacer una veda que durara seis meses, y es lo que se ha venido haciendo hasta ahora.
El éxito del invierno
El caso es que desde 1992 hasta este año han realizado treinta y dos ediciones, y todas con gran éxito; al menos con el éxito con el que empezó todo: que en invierno también hubiera turismo, pero "es cierto que este año los temporales han provocado que los erizos de mar sean más pequeños y algunos, más vacíos", dice Sabrià. Es así porque los temporales han provocado que los erizos se despeguen de la roca y caigan abajo, donde encuentran menos alimento. Ahora bien, Sabrià insiste en que los erizos de mar no son pequeños ni vacíos en todas partes. "Tengo mensajes de conocidos que me envían fotos que han comido en restaurantes diferentes a lo largo de toda la Costa Brava en los que los erizos son grandes y llenos; por tanto, no es la característica general", señala Sabrià.
Por su parte, el mariscador Luis Jiménez, con licencia para pescar erizos en Tossa y en Lloret de Mar, explica que él pesca con normalidad a pesar de la dureza del invierno, y que algunas han salido menos llenas, pero en general, bien. Es una época intensa, la de la pesca del erizo, que hace a pulmón, porque es como debe hacerse, porque la Generalitat no permite que se pesque con botella de oxígeno. De hecho, aquí nace uno de los grandes debates de la pesca del erizo, porque quizás si los mariscadores pudieran pescar con botella podrían sumergirse más profundamente, y entonces las que tomarían serían más grandes, y probablemente más llenas. Nunca lo sabremos, porque está prohibido hacerlo. Lo único que se sabe es que en la Costa Brava hay veintisiete mariscadores con licencia, y por tanto veintisiete familias que viven de la pesca del erizo de mar durante seis meses. Algunos creen que viven muy bien por el alto precio al que las venden, pero otros les recuerdan que sólo pueden pescar seis meses al año.
Mientras tanto, en Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), el investigador Jordi Boada coincide en que este año los impactos locales (pesca ilegal y marisqueo recurrente), se han añadido a los impactos regionales, como las tormentas, las oleadas de calor y la mortalidad masiva de erizos de mar asociados a patógenos. Todos estos motivos juntos, sobre todo los patógenos, llamados popularmente "la calvicie de los erizos de mar" porque el marisco pierde los pinchos, podrían explicar por qué son más pequeñas y medio vacías, pero, como científico, no puede asegurarlo exactamente. "Aún no hemos evaluado los efectos de los temporales de enero, pero sí sabemos que las altas temperaturas del verano provocaron la muerte de muchos erizos de mar", dice Boada, que es miembro de la comisión de pesca de los erizos. En resumen, dos certezas, sigue explicando Boada: actualmente "la pesca del erizo de mar es una actividad económica importante de la Costa Brava" y "de Sant Feliu de Guíxols a Blanes hubo una afectación detectada en verano, lo que supuso una mortalidad masiva".
Finalmente, en la Generalitat de Catalunya, Lucía Martínez, jefe del servicio de Cogestió Pesquera, informa que este año las cifras de erizos pescados ha disminuido, al menos así lo certifican los datos con los que cuentan hasta finales de febrero, que provienen de las cofradías de pescadores del territorio. Concretamente, desde que comenzó la temporada, en octubre, se han pescado 14.722 kilos, mientras que el pasado año, por estas fechas, la cifra era de 17.908, y la anterior (campaña 2023-2024), fueron 20.052. Incluso en tiempos de pandemia se comieron más erizos que este año. Dicho de otro modo, en esta campaña, hasta finales de febrero, se han pescado más de 294.000 unidades de erizos de mar, mientras que en la campaña pasada fueron más de 358.160, y este es el dato que explica en parte el porqué de la divergencia entre consumidores, mariscadores y restauradores. Hay menos. Y cuando hay, según algunos, están menos llenas y más pequeñas.
10 curiosidades del erizo
Según el investigador Jordi F. Pagès, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes
- Es nativa de nuestros mares desde hace miles de años; no es una especie importada recientemente.
- El aspecto interior es radial, de cinco brazos, como se dice popularmente, y recuerda a las estrellas de mar, con las que están emparentadas porque forman parte del mismo orden, los equinodermos.
- Cuando las gónadas (la carne interior que se come) son de color más rojizo son erizos de mar; si son más amarillentas, machos. Unas y otras se comen, pero hay quien prefiere a las hembras porque tienen un sabor más intenso.
- La reproducción de los erizos es por fecundación externa. La hembra libera óvulos y el macho esperma, y se forman los zigots, de ahí unas larvas que pasan un tiempo en el plancton hasta que se asientan en el fondo (normalmente fondos rocosos con muchos agujeros, o prados de posidonia) y allá van creciendo hasta que hacen metamorfosis a un pequeño erizo de algunos.
- Es una especie principalmente herbívora, y además bastante voraz. En ambientes rocosos, donde abundan las algas, si sus poblaciones aumentan de forma desmedida pueden dejar las rocas completamente desnudas de algas blandas, y sólo quedan las algas incrustantes (o calizas).