Candela Figueras se siente como en casa en un rincón de la Cerdaña

La tranquilidad y el silencio que se respiran en la Pleta de Saga hacen feliz a la comunicadora

La Candela Figueras con la Leia en Saga
01/08/2026 - 08:02 h.
2 min

Siendo montblanquina, el Pirineo que primero conoció la comunicadora Candela Figueras, y que le agrada, es el del Pallars Jussà y Sobirà. Pero ha acabado en la Cerdanya. “Para mí, la Cerdanya era el Pirineo de los barceloneses, con el túnel del Cadí dando paso. Y quizás, hasta, la menospreciaba un poco, pero ahora que la conozco, sé que es un lugar privilegiado, auténtico y bien conectado. Y me siento afortunada de poderlo disfrutar”. Además, uno de los deportes que siempre le ha gustado es el esquí, porque combina naturaleza, adrenalina y se puede hacer en grupo. También le fascinan los pueblecitos de piedra, encontrar allí todavía gente genuina de los lugares, oír rumiar las vacas y el repique de campanas, y ver gente trabajando los campos. Habiendo crecido entre Lilla y Montblanc, a la Candela le gusta la vida de pueblo, sus casas diferentes y pegadas las unas a las otras, la gente saludándose por las calles y charlando en los bares, ver los campos trabajados, el ganado pastando y oír las horas tocando en el campanario de la iglesia. “Me dan paz y calma. Y esto lo encuentro en la Cerdanya, aunque reconozco que muchos fines de semana nos movemos por la comarca huyendo de la multitud que hay”, explica. Tiene la teoría de que la gente de pueblo se entiende, como si tuvieran un ADN especial: “Te los tienes que ganar poco a poco y después te lo dan todo, como los gatos de masía, que al principio desconfían, pero después son cercanos y generosos. Me siento como en casa”.Los últimos cuatro o cinco años, siempre que puede se escapa los fines de semana y en verano: “Tengo la suerte y el privilegio de poder estar aquí y desconectar, en un piso que los suegros compraron hace muchos años”. Disfruta caminando con los perros en una explanada que está cerca de casa, desde donde ve la Tosa y el Cadí. Cuando pasean en invierno, le maravilla el vaho de frío que sale a primera hora de la mañana. “Pequeños detalles que antes no necesitaba, pero ahora pienso que ojalá pudiera vivir aquí una temporada”. Cree que cada uno tiene varios lugares preferidos en función de la etapa vital, y ahora la suya le pide Saga: “Me gusta ver a Gus y a Leia corriendo libres por los caminos y sin ruidos estridentes, tan diferente de Barcelona”. Comenta que les cambia la energía cuando están allí, y verlos así de relajados y tranquilos le encanta.Si no va a esquiar, prefiere levantarse con calma, que se le enganchen un poco las sábanas, hacerse un café, ir a pasear a la montaña, quizás llegar hasta Ger, remojarse en la piscina, hablar con la Izaskun del chiringuito, volver a casa, hacer un poco de trabajo e ir a algún bar a charlar: “En el David’s de Alp me encuentro gente que es como de casa, me gusta encontrarme al Isidru o al Keke y charlar un rato. Soy feliz tomando un vermú con ellos”. Cuando está en la Cerdaña aprovecha para descansar y desconectar. Le parece curioso que cuando vivía en Montblanc necesitaba la libertad que le ofrecía Barcelona. Y ahora necesita la vida de pueblo, la calma de la montaña, el remojón de la piscina, y las horas relajadas.

stats