Guillem Albà: “De mayor he vuelto varias veces, siempre atraído por los buenos recuerdos”

Los veranos que el payaso vivió en Blanes eran de película

En Guillem Alba en la caravana familiar
14/08/2026 - 08:02 h.
2 min

Cuando el payaso y creador escénico Guillem Albà tenía cerca de seis años, sus padres actuaban con la compañía de teatro de marionetas L’Estaquirot Teatre: “Hacían giras de verano expresamente para traernos con ellos, a mi hermano y a mí, y poder estar juntos, también con los abuelos, hasta la hora de la representación, que entonces íbamos todos a ver la función”, recuerda. Se quedaban unos días en diferentes pueblos de la costa como Calella, Sant Feliu o Palamós, pero él siempre ha asociado aquellos veranos a Blanes. Admite que no podría explicar con todo tipo de detalles cómo es Blanes, aunque de mayor ha vuelto, siempre atraído por el recuerdo de aquellos días de vacaciones.

Vilanova es su pueblo, es donde tiene la familia, donde lo ha hecho absolutamente todo, carnavales, fiestas mayores, los pastorets… “Es un lugar importantísimo para mí, pero si tengo que elegir uno de Cataluña, me quedo con Blanes, me hace gracia. Allí se juntaba todo, los días sin escuela y un espacio de libertad donde todo encajaba, nos lo pasábamos siempre bien y no teníamos ninguna preocupación”. Se quedaban en un camping, los abuelos iban a comprar al mercado para hacer una barbacoa de carne o pescado. Con los padres y los abuelos se encontraban para hacer las comidas, y el resto del día estaban arriba y abajo en la bicicleta, en la playa, la piscina, jugando a pelota y juegos de mesa, comiendo helados, paseando y haciéndose amigos de niños que no conocían de nada y tampoco han vuelto a ver más: “Eran veranos de película”, dice convencido. Siempre iban al mismo sitio, el Camping Roca, donde solo había que caminar un poco para cruzar el paseo y llegar a la playa. En el paseo es donde los padres tenían su teatrillo, una carpa de madera. Dormían todos en la misma caravana: “Era pequeñísima, no sé ni cómo cabíamos cuando estaban los abuelos”. Explica que esta fue una época de transición de los padres, que venían de unos años más hippies, que a él le hubiera encantado vivir, y después ya fueron en furgoneta y actuaban en teatros. Fue en Blanes donde recuerda ser muy pequeño y estar muy nervioso porque le dejaron manipular un títere de tallo, “era un hongo, tenía que subirlo y sostenerlo. Estaba emocionadísimo, ¡todo el mundo estaba viendo aquello que estaba haciendo!”. El estreno fue a raíz de una intervención anterior, improvisada y sin permiso, en la que el público empezó a reír al verlo aparecer con un títere por detrás de la cortina.“Entonces todo era fácil y la función era lo menos importante”, explica Albà. Cuando llegaba el atardecer y el sol iba de bajada era el momento del teatro, pero antes habían aprovechado juntos el día de vacaciones en Blanes. 

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