Míriam Ponsa: "Puedes ir a lugares donde no coincides con casi nadie y es un poco salvaje"
A la diseñadora le encanta la vida en este mar donde cada año vuelve
Hace unos veinte años, la diseñadora de moda Míriam Ponsa volvía de desfilar en el Festival de Benicàssim, donde les habían invitado, y pararon en el delta del Ebro. Recuerda que estaban cansadísimos: “Llevábamos el coche con una caravana de los años 70 enganchada. No había absolutamente nadie, se podía aparcar en la arena y hacer fuego”. Así fue como empezó a descubrir el Delta, su lugar preferido de Cataluña. A partir de aquí fue primero con amigos, en tiendas de campaña, y después con la familia en autocaravana. Comenta que las zonas de autocaravanas y campers han cambiado mucho, todo está organizadísimo, pero el resto mantiene bastante su esencia, en la zona de playa hay poca infraestructura y tampoco hay muchos chiringuitos montados: “Todavía puedes ir a lugares donde no coincides con casi nadie, se está muy bien, y es un poco asilvestrado, me encanta”, explica.
Le enamoran, sobre todo, las playas salvajes, que en la playa del Trabucador estén las olas con el mar bravo por un lado y por el otro la bahía de los Alfaques, un poco más tranquila. Cuando pasa unos días con la familia se bañan y poca cosa más, pero para ella no hace falta más. Aparte de la playa también le gusta visitar pueblecitos del Delta, que le parecen preciosos, y donde se come de maravilla. Dice que es donde ha comido los mejores arroces, y le encanta el menjar blanc, un tipo de arroz con leche que le tiene el corazón robado. A menudo van a los Ports de Tortosa-Beseit, donde hay mucha tradición artesana, o a Mas de Barberans, que tiene el Museu de la Palma y celebran la feria de la palma. Le gusta que está muy presente la tradición, las casitas más antiguas de los arrozales, la cosecha del arroz, los pelícanos y toda la fauna que hay: “Está lleno de observatorios de pájaros, es el paraíso para los amantes de la ornitología”.
Cuando los hijos eran pequeños, excepcionalmente, pasaron allí un verano entero, pero acostumbran a ir tres o cuatro días, y intentan hacerlo en abril o en septiembre, evitando cuando hay más gente, por Semana Santa y en verano. Muchas veces van con amigos, otras familias con niños pequeños. Dice que es perfecto para los críos, incluso más libre que un camping, sin muchas limitaciones ni barreras arquitectónicas. Asegura que los días son muy largos cuando no tienes otras obligaciones, “te permite hacer deporte, leer, jugar a cartas, y sobre todo disfrutar”. A Ponsa le gusta la vida en el mar, nadar, dar paseos por la playa, a veces pescar, los hijos hacen surf de cometa, y también mucha lectura. “Aprovechamos para estar, priorizamos el tiempo en familia”, explica.