"La noche más romántica de mi vida acabó siendo la más humillante"

El actor Txabi Franquesa se define sin complejos como "el Grinch del verano"

Txabi Franquesa tocando la guitarra
02/08/2026 - 20:00 h.
2 min

Txabi Franquesa se define sin complejos como “el Grinch del verano”. El calor lo angustia, dormir sin ventilador se le hace imposible (“¡tiene que ser de techo!”) y, además, asocia esta época del año con las giras, el sudor pegajoso y las bajadas de tensión. Es coherente, pues, que la noche de verano que ha elegido para compartir sea memorable justamente por todo lo que salió mal. “Aunque ahora me río, entonces me pareció uno de los momentos más humillantes de mi vida”, recuerda.

La historia se remonta a la época en que empezó a salir con una chica que le gustaba mucho. Él, que no es nada romántico, decidió “hacer un esfuerzo” y organizar una cena íntima en la playa “con mantel de cuadros, vino y música”. Incluso preparó una sorpresa final: una pequeña joya enterrada en la arena para que ella la descubriera más tarde. “Como plan inicial no estaba mal pensado”, dice.

A medida que se acercaba la cita, sin embargo, las cosas empezaron a torcerse. Se levantó el viento y la arena lo empezó a invadir todo: la comida, el mantel y los platos. El siguiente desastre llegó con la guitarra. El cómico se había aprendido una canción de Alejandro Fernández: “Solo porque a ella le gustaba mucho, a mí nada”. El problema es que había dejado el instrumento demasiado tiempo al lado del mar y la humedad lo había desafinado por completo. “Toqué el primer acorde y aquello no había por dónde cogerlo”.

Entonces llegó el momento culminante: buscar la joya enterrada en la arena. “Todavía la estamos buscando”, dice. Lo que iba a ser una escena romántica se convirtió en una imagen completamente berlanguiana, con él hurgando desesperadamente como “un perro topador”. “Fue uno de los momentos más lamentables y humillantes de mi vida”, asegura. Aun así, dice que la chica valoró el esfuerzo y el detalle, aunque la relación no prosperó. “Una mujer así no merecía estar con un negativo como yo en ese momento”, dice bromeando.

El cómico recuerda los veranos de infancia –cuando todavía no era el Grinch–, con mucha más ternura. La familia veraneaba en Tamarit, Aiguafreda o Sant Feliu de Codines, y él asocia aquellos años a las fiestas mayores, las cenas al fresco y los bocadillos de atún.

También recuerda que tenía pánico al agua. Tanto, que durante dos veranos enteros se escondía en el vestuario cuando tocaba clase de natación. “Llevaba un cómic y me quedaba allí”, explica. Durante años fingía nadar solo en lugares donde tocaba con los pies, hasta que al final la familia se dio cuenta y le obligaron a aprender. La paradoja es que hoy es un apasionado del mar y de la natación. “Con el tiempo los miedos se convierten en retos”, concluye.

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