Mi lugar preferido de Cataluña

Pere Puigdomènech: "Tardábamos casi tres horas en llegar allí pero se estaba tan bien, que valía la pena"

El paisaje, la flora y la fauna de la Cerdaña tienen el corazón robado al físico e investigador

En Pere Puidomènech en el patio de casa
18/08/2026 - 08:02 h.
2 min

Pere Puigdomènech tiene más de un lugar preferido, duda entre su casa en el barrio de Sarrià de Barcelona o el laboratorio que tiene en el Centre de Recerca Agrigenòmica (CRAG), en el campus de la UAB. Asegura que el trabajo le gusta muchísimo, el laboratorio es una parte importante de su vida. Pero finalmente, ni el uno ni el otro: se decanta por la Cerdanya. Las primeras veces que el físico y profesor emérito del CSIC fue allí con la familia fue porque unos amigos los invitaron. Les gustó tanto, que a partir de aquel momento fueron los veranos, primero alquilaban un apartamento y después se instalaban en la que sería su segunda residencia: “De esto hace más de cuarenta años. No existía el túnel del Cadí y tardábamos casi tres horas en llegar allí por una carretera relativamente complicada, pero se estaba tan bien, que valía la pena”. Recuerda que se paraban en algún balneario de Ribes a comer y después ya encaraban el collado de Toses. Explica que el túnel supuso un punto de inflexión que cambió radicalmente la Cerdaña. Desde que se facilitó el acceso, viene mucha más gente, ya no se conoce a todo el mundo, ni se ven vacas ni tantos rebaños de ovejas. Ahora todo está enfocado en la construcción de residencias y en las necesidades de la gente que viene de vacaciones, y los jóvenes de la zona lo tienen complicado para independizarse porque todo es muy caro: “En algunos momentos está saturada. Me temo que acabará faltando agua y algún servicio. Hay lugares a donde ya no puedes ir porque la carretera está llena, aunque te alejes 200 metros de los puntos más turísticos y sigue siendo magnífico”.  De la Cerdanya, le gusta que sea un valle amplio y a la vez una pequeña llanura elevada a 1.200 metros, que ayuda a estar fresco, con un paisaje cambiante, todavía con nieve en invierno y una primavera donde todo brota: “Me gusta la sensación de apertura, ves el Cadí, el Puigpedrós y el Puigmal. También puedes caminar por entornos realmente magníficos y disfrutar de la flora y la fauna salvaje que gracias a las regulaciones de la caza está volviendo”. Dice que está de maravilla en su apartamento, que tiene un pequeño jardín y unas vistas espléndidas. Además, ahora llega en menos de una hora y media, puede quedarse a trabajar gracias a la fibra óptica, y a los hijos y los nietos les encanta ir allí.Cuando está en la Cerdaña, aprovecha para ir en bicicleta y caminar, aunque menos de lo que querría: “Me acerco a los ochenta y el médico me recomienda que no haga tonterías”, dice riendo. Le gusta subir allí para estar con la familia y los amigos, y hacer excursiones aprovechando que el entorno es increíble. El apartamento le permite leer y escribir, sobre todo escribe en agosto: “Estoy terminando un libro, una reflexión sobre qué lugar ocupa la ciencia en la sociedad actual”.

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