"Voy a un pueblo donde tienes un pie en la nada y otro en la civilización"
Hace más de veinte años que la escritora y editora Antònia Carré-Pons pasa unos días en Torroella de Montgrí
Torroella de Montgrí es el lugar preferido de Cataluña de Antònia Carré-Pons, lectora ecléctica, editora, escritora, ganadora del premio Òmnium a la mejor novela de 2025 por La gran familia, y fundadora de la editorial Cal Carré, que publica clásicos medievales, modernos y contemporáneos. Antònia mantiene la teoría de que la naturaleza es un estado de ánimo, depende de cómo tengas el alma se valora de una manera u otra, por tanto, no solo cuenta la belleza, lo que marca la diferencia es la gente que te acompaña y cómo te sientes. Hace más de veinte años que pasa unos días en casa de unos amigos en Torroella de Montgrí, “donde tienes un pie en la nada y otro en la civilidad”, afirma. Antes había estado en el pueblo alguna vez, pero haber ido asiduamente le ha permitido hacérselo suyo. Explica que es una población que a pesar de ser de veraneo conserva el alma porque tiene cine, la Fundació Vila Casas, la biblioteca Pere Blasi, una librería tan fantástica como el Cucut y muchas tiendas: “Son lugares que te acompañan y te permiten no aislarte absolutamente ni estar sin ver a nadie”. También está el castillo de Montgrí, la ermita de Santa Caterina, donde Víctor Català se inspiró para escribir Solitud, y cerca el bosque de Foixà, donde el rey Juan I en 1398 murió al caer del caballo durante una cacería.Torroella le agrada incluso antes de llegar, cuando desde la carretera ya ve la silueta del Montgrí dándole la bienvenida. Los días que pasa en Torroella aprovecha para ir a la playa, pasear un poco, visitar pueblos de alrededor y sobre todo estar en casa: “Tiene un patio extraordinario con una sombra donde conversamos, que es de las cosas más agradables que se pueden hacer, conversar con gente agradable, nada de discusiones acaloradas”. En verano se está unos diez días, pero también va otros momentos a lo largo del año. Reconoce que en invierno gana en intensidad, tanto la casa, donde hace más frío y desprende calidez, como el pueblo, que es más auténtico sin veraneantes. Es gratificante, caminar por la calle, donde aunque la gente no se conozca, se saluda: “Nada que ver con el verano, cuando está repleto de turistas en pantalón corto, que me molestan un poco. Deberíamos limitar el turismo, se nos están comiendo el país”, propone. Le encanta la playa de Pals, que es muy larga y desde donde se ven las Islas Medas: “Una playa libre donde conviven nudistas y textiles, y donde prácticamente no hay gente. Voy a primera hora, me alejo de las casas y camino por las dunas hasta que decido dónde instalar la sombrilla”. Encuentra que es un paisaje mágico, desde donde contempla la inmensidad del mar, la nada, combinado con las Medas, una naturaleza generosa, “dos elementos antitéticos pero complementarios, y si tienes suerte de vez en cuando ves pasar una barca”.