Qué comemos

¿Hay suficientes calçots catalanes para tantas calçotadas?

La mayoría de calçots que comemos en los encuentros de familias y amigos son de nuestra casa

Los calçots que se comen en nuestro país, cultivados mayoritariamente por nuestros campesinos
18/01/2026
3 min

Es una conversación popular, de calle, que llega puntual cuando vuelven las calçotadas. ¿Hay suficientes calçots para tantas calçotadas que se hacen en casas, masías y restaurantes? En una época de libre circulación de alimentos que entran en nuestros mercados provenientes de todo el mundo, la pregunta es más adecuada que nunca. ¿Puede que nuestros campesinos dobleguen el espinazo para cultivar los mejores calçots del mundo pero que los que se venden en los mercados procedan de otros países y no hayan pasado los mismos controles de calidad que los nuestros? La respuesta, al menos así lo indican los datos, es que no. Comemos calçots catalanes.

Y lo argumentamos. En Valls, Rafel Castells, el iniciador y tramitador del actual IGP Calçot de Valls, me cuenta que en 2025 veinte millones de unidades de calçots se certificaron con el distintivo de calidad, la IGP Calçot de Valls. Si hacemos operaciones y dividimos los veinte calçots (los habituales en un manojo) que una persona come como mínimo en una calçotada por los veinte millones de unidades que salieron de los campos del Alt y Baix Camp, el Tarragonès y el Baix Penedès, el resultado es que un millón de personas pudieron comer el año pasado. En Cataluña viven casi ocho millones de personas, por tanto, podríamos pensar que quizás es poca cantidad de calçots, para tantas calçotadas.

Entonces, hago otra pregunta. Me voy a Mercabarna, al mercado de mercados, y me aseguran que en el 2025 vendieron 8.849.772 unidades de calçots. Siguiendo el mismo patrón, que cada persona come al menos veinte, con las ventas de Mercabarna se sumaron 442.488 personas. Los calçots vendidos en el mercado de mercados procedían especialmente de las comarcas de Barcelona (3.063.487 unidades), Lleida (898.150 unidades), Girona (49.000 unidades), Castellón (137.630 unidades), Tarragona (4.483.744 unidades) y otras regiones del Estado.

Un millón y medio de personas hicieron calçotades

La cifra de un millón y medio de personas es aproximada, porque Mercabarna afirma que podría ser que algunos de los calçots procedentes de Tarragona fueran también los certificados con la IGP Valls. Entonces estaríamos sumando cifras repetidas, pero por todo caso sería una parte de los cuatro millones de calçots de Tarragona que vendió Mercabarna el pasado año. Así pues, aquí podría haber un margen de error, que se sumaría a que no todos los campesinos venden sus calçots en Mercabarna; también los venden en mercados locales, sin intermediarios. Entonces, la cifra total con la que trabajamos podría aumentar algo. En todo caso, Mercabarna dice que no vende calçots de fuera del Estado, por tanto, sostenemos que aproximadamente un millón y medio de personas comieron calçots catalanes el año pasado. Murcia, Valencia y Aragón también cultivan y venden a Mercabarna, pero la cifra en unidades queda lejos de las que cultiva la IGP de Valls y las de Barcelona. Claro que esto no quiere decir que en algún supermercado no podamos encontrarnos calçots cultivados fuera de Catalunya, pero no será el caso mayoritario.

Nuestros calçots, pues, son el mejor manjar de proximidad que podemos comprar para homenajear a nuestros campesinos. Y si no tenemos suficiente con este argumento, podemos recurrir a la nutrición: cuando comemos ingerimos fibra, concretamente oligofructante, que es un prebiótico, que significa que puede alimentar bacterias, especialmente las que deben estar presentes dentro del colon –lactobacilos y bifidobacterias–.Claro que estos oligofructanos están en los calçots y también en otras verduras aliáceas, como son los ajos, los puerros y las cebollas en general. Si tenemos costumbre de comerlas –y además hacemos calçotadas, ahora que es temporada– estamos previniendo a largo plazo enfermedades cardiovasculares como la diabetes y la obesidad, afirma la doctora en nutrición Anna Costa. Así pues, hay suficiente ropa para tanto jabón. Quiero decir que sí, que hay suficientes calçots catalanes para tantas calçotadas. ¡Muchas gracias, campesinos nuestros que cultivan la tierra todos los días!

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