Vinos

El Maiadeu, un vino excepcional de tan solo trescientas botellas que supo esquivar el fuego

Está elaborado por Encarna Castillo y Ton Mata, y es un proyecto que tiene cinco años, situado en unos bancales de viña en Perafita

01/09/2026 - 10:07 h.

Todo comenzó hace veinte años. Encarna Castillo (Cadaqués, 1974) y Ton Mata (Sant Sadurní d'Anoia, 1970) compraron una pequeña parcela en la montaña Negra de Cadaqués, de siete mil metros cuadrados (0,7 hectáreas), en la que plantaron uno a uno cepas que les regalaron viticultores del territorio. Era el sueño de pareja compartido, volver a la tierra natal de Encarna con los conocimientos vitivinícolas y enológicos de Ton, que con sus primos trabaja en Recaredo. Sabían que no sería fácil, pero no imaginaban que tardarían quince años en elaborar el primer vino. Tampoco que tendrían que aceptar la climatología agreste del Empordà, el viento, la sequía, y también la misma naturaleza, con comadrejas, zorros, tejones, jabalíes y pájaros que se les han ido comiendo gran parte de los racimos vendimia tras vendimia. El año pasado la viña esquivó el fuego, porque hizo de cortafuegos junto con la parcela de al lado, que pertenece a un amigo suizo, de nombre Sylvan; y también supo recuperarse de un ataque de avispas. Hoy el Maiadeu, el vino que no dice nunca adiós a Cadaqués, es un vino blanco excepcional, de unas trescientas botellas según los años, que tienen los mejores restaurantes del país.“Pruébalo, dime qué te parece”, me dice Encarna mientras Ton monta una mesa, tres sillas y una sombrilla en la misma viña. Podríamos estar en una isla paradisíaca de Grecia, pero no, estamos en la Muntanya Negra, viñas verdes junto al mar de Cadaqués con su iglesia blanca, siempre sencilla e imponente a la vez. “Es un vino al que nos gustaría darle diez años más, pero ahora también está muy bien”, comentan. El Maiadeu es un vino mediterráneo, que con el tiempo gana profundidad, complejidad, y que tiene una acidez importante. Las variedades de uva son cariñena blanca y gris, lledoner (como llaman a la garnacha en el Empordà) blanco y tinto. “Cada año hemos cambiado el coupage, dependiendo de la producción de las cepas; este año era de 60% de cariñena y 40% de lledoner”, dice Ton, que comenta que en la contraetiqueta indican siempre el día que cosecharon la uva. El vino interpreta el Empordà

El Maiadeu es el vino con el que Ton Mata y Encarna Castillo interpretan el Empordà. “Lo hemos hecho con mucho respeto, con una graduación de 12 grados y medio; depende del año, menos grados”. En los cinco años que hace que lo embotellan han hecho una producción pequeña, que oscila entre las ciento cincuenta y las cuatrocientas botellas. “La de cuatrocientas es la del 2024, y no sabemos si la sacaremos porque no estamos convencidos, porque la vendimia del 24 fue muy complicada; veníamos de la sequía extrema”, explican. Esperan comprobar su evolución, y si no les gusta, no lo pondrán en el mercado. El Maiadeu es un vino que ha tenido muy buena acogida, especialmente en la restauración de Cadaqués, el Empordà, Girona. “Lo tienen en restaurantes que tienen vínculo con el territorio, con el cabo de Creus; en Cadaqués mismo, lo tienen en los restaurantes Es Baluard, El Vincle, Es Racó y el Compartir”, comentan. Cadaqués allá, el Miramar y Els Pescadors, de Llançà; Casamar de Llafranc; Villamás, de S'Agaró; Celler de Can Roca; Ca l’Enric; Les Cols de Olot, y en Barcelona, el Shanghai, de la familia Kao; el Dos Palillos, de Albert Raurich, que es cadaquesense por parte de madre; los Hermanos Torres; el Disfrutar; el Gresca. “Sabemos de más restaurantes que lo querrían tener, pero no tenemos ni para nosotros; de la cosecha del 2021 solo tenemos seis botellas”.

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En la carta de algunos de estos restaurantes el precio es de 90 €. “Sabemos que es dinero, pero es un vino que cuesta mucho de hacer; casi diríamos que es un proyecto romántico, porque sabemos que no lo amortizaremos nunca”. La cosecha del año pasado fue la primera con la que pudieron llenar una bota de 600 litros. Así que saldrán ochocientas botellas por primera vez. Y la cosecha del 2026, la de este año, un poco más. A pesar de esto, es un vino testimonial, hecho en bancales en los que el riego es una obra de ingeniería y arquitectura rurales. “Encontramos un día una alberca, que quizás tiene cientos de años, que puede acumular el agua que baja bancal abajo por la montaña, y es desde aquí desde donde regamos con la ayuda de tuberías”, explican. También tienen unos contenedores de agua, porque la alberca, enterrada en tierra, se llena de agua de lluvia, claro. Y si el vino es testimonial, la viña es heroica: el año pasado cortó el fuego que le pasó por delante. “La alcaldesa de Cadaqués nos llamó para explicarnos lo que pasaba, y ya nos tranquilizó diciéndonos que la viña la había esquivado, pero hasta el día siguiente que pudimos subir y verlo con nuestros ojos, todo eran nervios”. Tanto Ton como Encarna tienen la sensación de que para hacer el Maiadeu luchan contra la naturaleza a pesar de que en Cadaqués siempre había habido viña y olivos, pero ahora, si miras el paisaje que los rodea, todo es agreste excepto algún olivar. “Estamos muy solos, con nuestro compañero Sylvan, que hace sus vinos al lado, pero todo alrededor solo está toda la vida de la natura”. En 1956, por las heladas del invierno, se abandonaron los cultivos; en los años 60 llegó el turismo, que cambió para siempre la vida en la población.

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Para acabar, la uva que vendimian la llevan a la bodega Pujol Cargol, de David Pujol. Y las cepas que plantaron provienen de viñas viejas de Salvador Batlle, de la bodega Còsmic; también de otras del mismo David Pujol, también de Ester Nin. “Fueron muy generosos con nosotros, y gracias a ellos injertamos en pie americano las cariñenas y las garnachas”. En el Penedès, habrían cosechado uva al cabo de tres años, pero en el Empordà fueron cuatro. La primera cosecha fue la del 2021. Y hoy, verano del 2026, el Maiadeu es un vino deseado. Este verano, la vendimia la empezaron el 6 de agosto a las cuatro de la madrugada, y a las tres de la tarde ya la tenían acabada. Llevaron la uva en una furgoneta refrigerada a la bodega del Pujol Cargol, donde la prensaron. A las nueve de la noche del mismo día ya lo habían hecho todo. Nosotros también hemos llegado al final del desayuno y de la conversación. Ton y Encarna dicen que quieren vivir muchos años para hacer más Maiadeus, y también para hacer crecer el proyecto de vinos que tienen en el Penedès, de nombre Bufadors, como el paraje de Cadaqués hecho de agujeros y rocas por donde sopla el viento, y que es la cima de la montaña Negra. “Aquí, sentados, contemplando el paisaje, es donde pensamos el nombre para nuestro proyecto personal, para nuestros vinos, que serán los que traspasaremos a nuestros dos hijos”, dicen. El Penedès y Cadaqués, ligados por Encarna y Ton, que los respetan, adoran e interpretan. Larga vida a los que aman la tierra.