El radar suculento

El nuevo restaurante de alta cocina italiana que ha echado raíces en el Paralelo

Osteria Condal ocupa el espacio donde había habido Teatro, pero con una oferta totalmente diferente creada por el chef Paolo Casagrande

02/09/2026 - 07:10 h.

BarcelonaEs divertido cuando has estado en un inmueble, pongamos por caso en el piso de unos amigos, y vuelves tiempo después cuando vive allí otra gente. Es inevitable que la cabeza vaya jugando al juego de las diferencias, ve lo que hay y lo que ya no está. Lo mismo pasa con los restaurantes –de manera agravada diría– porque la voracidad de Barcelona por abrir y cerrar negocios es mayor que la del dragón de Sant Jordi comiendo ovejas. Así que a menudo vas a espacios donde ya habías estado, pero con otros inquilinos y otros muebles. Hoy estamos en un local en el que hemos estado cuando se llamaba Tickets, cuando se llamaba Teatro (un cambio más modesto, ya que fue como si se lo hubiera quedado alguien de la familia) y ahora, que se llama Osteria Condal, y que enceta una nueva etapa. Han hecho obras profundas y, si no fuera porque está en la misma esquina del Paral·lel, no reconoceríamos el espacio. La inversión ha sido importante. Lo vemos con todos los detalles, desde las cartas a la imponente cocina abierta.

Osteria Condal es el proyecto del grupo Orobianco. Tienen el restaurante del mismo nombre que el grupo en Calp, donde hacen cocina italiana de precisión. Gracias a Paolo Casagrande (el cocinero del Lasarte, uno de los tres estrellas de Barcelona) consiguieron consolidarse con una estrella Michelin en el País Valenciano. Y es con él, pues, que han decidido emprender este proyecto en la ciudad condal. Casagrande valida la propuesta gastronómica, pero el responsable de los fogones es el joven Andrea Fiori, un romano que ha pasado por diversas cocinas de alto nivel, como Da Vittorio, cerca de Bérgamo, o el mismo Lasarte. Defienden el término “Fatto a Barna” que vemos en diversas acuarelas que ha hecho ad och el rumano Daniel Zlota. Si te fijas bien, en los cuadros hay muchas pistas que nos ubican en este nuevo capítulo. Vemos motivos venecianos, por Casagrande, la plaza Roja de Moscú, en referencia al grupo Orobianco, que es ruso, el Coliseo, por Fiori, el panot por el sumiller Marc Dot, o bien la Floralis Genérica, la escultura de Buenos Aires, apelando a la Argentina natal de la jefa de sala Agostina Fernández. Del antiguo restaurante, encontraremos las fresas, ahora pintadas de blanco, y una Virgen María, que han conservado.

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'Panzanella', 'linguina' y 'fregola'

Les gusta resaltar que son un restaurante mediterráneo. El mar está en todas partes, también en el techo, donde vemos olas y una lámpara en forma de gota. La comida, sin embargo, se inclina sobre todo hacia el país transalpino. Tenemos panzanella toscana para empezar. La panzanella, que es un plato de reaprovechamiento, suele ser mucho más humilde que esta versión refrescante y con un sabor intenso a tomate. Es un buen homenaje y va bien para abrir el apetito. Ofrecen un menú que muestra el nivel de cocina, que es francamente altísimo. Vale 70 euros, e incluye platos como el tártar de calamar a la carbonara, la cuajada de maíz con galera y salicornia, la linguina al pil-pil de tomate y almejas, o un suculento pichón al carbón. Todos los sabores son 100% reconocibles. Forman parte del registro de sabores mediterráneos, pero la ejecución dista mucho de la de un lugar informal. También tienen platos para compartir y para pedir a la carta (los platos del menú también se pueden pedir sueltos). Cabe destacar la bandeja para compartir de fregola marinera, esta sémola de trigo sarda acompañada de marisco y pescado, que en mi caso fue verdel. En cuanto a los postres lo más destacable es el goloso airbag de tiramisú. La técnica inflada del airbag ya existía en sus restaurantes predecesores, normalmente pero en platos salados. Como guiño, lo reproducen, pero lo rellenan de tiramisú.

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Apuestan también por la coctelería. Hay una oferta divertida de bebidas en este aspecto. De hecho, la coctelería tiene un espacio propio que se puede visitar sin necesidad de comer. Cuando más adelante abra la terraza, también incluirá una carta de snacks. Para eso habrá que esperar, pero. En cuanto a los vinos, hay muchas referencias. Hay mucho vino catalán, y quizá es el único resort donde Italia no gana por goleada. También hay vinos menos habituales, como botellas de Nueva Zelanda. El ticket medio se encuentra entre los 90 y los 110 euros. Es un muy buen restaurante para una celebración o para un día que quieres darte un premio. De detalles cuidados, desde el pan con oliva de kalamata que mojas en el aceite de Batea, a los petit fours que cierran una comida redonda.