Proyectos educativos

Los alumnos que construyen la sombra del patio con las manos

El Instituto Vallvera de Salt transforma el espacio exterior de la mano de la escuela Orígens con una gran pérgola hecha por el alumnado con materiales naturales

Escuela en Salt
6 min

SaltoSalt es conoce hoy en día por ser el municipio con la renta per cápita más baja de Cataluña. También una de las villas con más concentración de población migrante: cerca del 40% de los vecinos son de nacionalidad extranjera. Pero lo que los titulares han obviado en los últimos años es que casi la mitad de la superficie de este pueblo son aún huertas y dehesas. La acequia Monar, en paralelo al río Ter, marca la frontera entre el Salt construido y la zona agrícola. Pocas instalaciones la superan, salvo un gran instituto construido sobre terrenos fértiles. Situado en la frontera con Girona, rodeado de verde y con unas magníficas vistas de la Mare de Déu del Mont, se encuentra el Vallvera. Un centro de secundaria y formación profesional con más de 1.200 alumnos inaugurado en 2008 que contrasta con el entorno por ser un gran centro de chapa gris con un patio lleno de hormigón. "¡En invierno es una nevera y en verano un horno, no hay término medio!", lamenta el director, Ferran Maimir, que se ha estrenado este curso con una dirección muy orientada a trabajar por la renaturalización del patio, pero con un método diferente: que sea el mismo alumnado el que construya la sombra con las manos.

Desde este invierno los estudiantes tienen un nuevo banco donde descansar. No es como el resto: está hecho con tapia, una técnica constructiva antiquísima a partir de tierra cruda. Y encima se alza una gran pérgola de encajes de madera cubierta con paneles de cañas. Es el resultado del proyecto de colaboración tejido con Orígens, escuela taller de bioconstrucción, que durante todo un trimestre ha dinamizado una formación a medida en respuesta a las inquietudes del centro. "Esta idea nace de la recopilación de opiniones del alumnado –explica Isabel Mora, profesora de ciencias y coordinadora de calidad del Institut Vallvera–. Había diferentes quejas, aportaciones, en las que en el patio había mucha necesidad de zonas de sombra y de espacios para poder sentarse y estar más tranquilos a la hora del recreo".

Trabajo en equipo en el instituto Vallvera de Salt subiendo un panel de cañas recolectadas por el alumnado en el Pla dels Socs que dará sombra en uno de los bancos del patio.

Un centenar de alumnos han participado en el proyecto, desde amasar tierra para el banco hasta coser las cañas que han recolectado en las huertas, así como haciendo los encajes de madera para la estructura. “Creo que a los alumnos esta oportunidad nos abre muchas puertas –reflexiona Oumaima, estudiante que ha construido la pérgola–. Tenemos que ser libres de decidir nuestro centro. Nuestro instituto es como la segunda casa porque pasamos seis horas al día y es muy importante que nuestra voz se escuche”. Sheila Cobos, formadora de la escuela Orígens, destaca el hecho de que el alumnado haya podido participar en “hacer el patio suyo” y además “utilizando los recursos naturales que tenemos en el entorno”. Las cañas las han recolectado los mismos estudiantes en el Pla dels Socs, en las huertas, y las han limpiado, cortado y tejido una a una en equipo para hacer los plafones.

Montaje de las estructuras de la pérgola en el patio del Vallvera con la escuela Orígens de bioconstrucción.
Durante los talleres se han utilizado siempre herramientas reales, tanto para los cimientos, tapia, madera y caña.

Inclusión y sentimiento de pertenencia

La pérgola, de madera, se ha convertido en una metáfora perfecta del proceso de construcción en equipo. Tal como explica Joan Pascual, de la escuela taller Orígens, el hecho de ser una “estructura con muchos elementos pequeños, pero encajados entre ellos, ha permitido tener un poco de tolerancia en los márgenes de errores a la hora de hacer los cortes, porque al final todas las piezas juntas actúan como conjunto y es lo que ha hecho posible una pieza grande con alumnos que estaban por primera vez tocando herramientas naturales”. El hecho de encontrarse con la realidad del taller y las piezas reales es lo que más gustó a Hidaya, alumna de la asignatura de oficios de 4º de ESO. “Yo pensaba que haríamos tecnología –explica mientras construye el techo de paneles de cañas–. Pero aquí construimos las cosas con nuestras manos sin ordenadores ni apuntes, ayudándonos y colaborando entre nosotros”.

La realidad en las aulas del Institut Vallvera es muy diversa. Fueron el primer centro en la demarcación de Girona en tener el ciclo formativo de grado básico, que se hace en lo que sería 3º y 4º de ESO y debe permitir sacarse el graduado. Igual que el resto de centros de primaria y secundaria de Salt, está tipificado por la Generalitat de máxima complejidad. A efectos prácticos se traduce en el hecho de que, mientras que nueve de cada diez alumnos gerundenses se sacan la ESO, en el Vallvera esto solo pasa en el 60% de los casos. Se suman muy a menudo las dificultades en casa. Cansados de vivir desahucios de alumnos cada semana, la comunidad educativa del instituto forma parte de la plataforma Docentes por el Derecho a la Vivienda Digna, que denuncia el drama educativo de los menores que pierden el hogar. “Muchos de los alumnos están mejor aquí que en casa –explica Joan Collet, profesor de tecnología, mientras va pensando en todos los otros proyectos que pueden complementar este–. Pero no son muy académicos. Ellos estarían todo el día aquí construyendo, les ha encantado”.

Después de la hora de taller, a María ahora le tocaría tutoría. Juan le pregunta si prefiere quedarse, y ella asiente convencida. Coge decidida el volante y empieza a pelar cañas: “Me gusta trabajar”, dice. "No todos servimos para lo mismo", reflexiona Sheila Cobos, que justamente estudió un grado superior en Vallvera y considera el proyecto superpotente como acción social dentro del instituto. En el proceso ha participado alumnado diverso de todos los cursos de la ESO: desde los alumnos con trastornos que tienen el apoyo intensivo de la escuela inclusiva hasta los que hacen la optativa de huerto y jardinería, pasando por los alumnos de oficios, los delegados ambientales y los alumnos del ciclo formativo de grado básico. “Esto es inclusión, es inclusión y es participación –añade orgullosa Conxa Planas, tutora del SIEI–. Es que todos somos capaces de mirar las capacidades”.

Tres alumnas del Vallvera puliendo el banco de tapia y madera de patio que ahora está cubierto por una pérgola.
El Vallvera prevé usar la pérgola también como espacio exterior para tutorías.

Un espacio de encuentro

Llegan los primeros calores, y el banco ya se ha convertido en un nuevo espacio de encuentro. “Tiene muy buena acogida y nadie los ha estropeado”, detalla Maimir. Desde la dirección están tan contentos con el proyecto, que han podido financiar gracias a un proyecto europeo, que ya piensan en el próximo curso. Más allá de la pérgola, también se han cubierto dos bancos junto a la pista de baloncesto y fútbol. “Ahora tenemos que acabar de hacer porches para todos los bancos”, añade el director del Vallvera. Mientras tanto, ya se piensa cómo utilizar la pérgola como espacio también para tutoría para salir de las aulas. Y también otras acciones para renaturalizar el patio de la mano de la escuela Orígenes. Este invierno también se ha plantado el huerto, y los estudiantes de tecnología han arreglado una flota de veinte bicicletas que tiene el centro para hacer salidas. “El Instituto Vallvera forma parte de la red de escuelas verdes, programa del departamento de Educación que tiene por objetivo incentivar, ayudar y colaborar para que los centros educativos emprendan acciones para afrontar el reto de la sostenibilidad”, dice Marta Guillaumes, profesora de biología y geología y miembro de la comisión Escola Verda.

El objetivo es ir reverdeciendo poco a poco el gran bloque de hormigón y chapa de las huertas de Salt, mientras el alumnado se hace suyo el patio, no se prioriza tanto el fútbol y también se descubren nuevos talentos de los estudiantes. A la diversidad y complejidad de los centros, se añade en los últimos años la problemática del calor en las aulas y en los patios por los efectos del cambio climático, que lleva a situaciones extremas. El pasado junio, diferentes centros educativos gerundenses llegaron a los 30 grados y algunos maestros y profesores optaron por hacer las clases en el patio. Pero no en todas partes hay porches o suficiente sombra de los árboles. “Hace muchísimo calor en verano”, lamentan al unísono Maria e Hidaya. Diago, mientras juega a pelota con sus compañeros, mira hacia el banco y asegura: “Seguro que aquí estaremos bien, vendremos a descansar; lo sentimos nuestro”.

La recolección de las cañas y la construcción de los paneles ha sido una de las actividades que más ha gustado al alumnado.
stats