Diario de una doble jornada

Las cinco cosas que he aprendido de este curso

Un aula de secundaria
Act. hace 14 min
Profesora, periodista y madre de 4
3 min

BarcelonaOtro curso que se acaba. Junio es un mes intenso para los maestros, se deben cerrar muchos temas y llevamos el cansancio acumulado. Alumnos irascibles, últimas recuperaciones, informes de tutorías, selectividad y mucho calor. Son días de hacer memorias y poner por escrito todo lo que hemos vivido. Miro atrás y me quedo con cinco cosas que han pasado este curso: Hemos vuelto a escribir a mano. Lo decía mi compañero Cristian Olivé en un post de Instagram: “La IA se ha convertido en la herramienta más peligrosa en las aulas”. Para esquivarla y que no mate del todo la creatividad, he tenido que dedicar clases enteras a redactar en el aula y pedir escritos que se puedan empezar y acabar en una hora. He evitado encargar trabajos digitales y he exigido que todo se entregue escrito a mano porque la caligrafía ayuda a fijar las ideas. Yo misma prefiero hacer listas a mano de las tareas pendientes y no en el móvil, porque cuando lo traslado al papel todo se ve más claro y menos pesado. Hablar, hablar y hablar. El tsunami de la IA en educación ha hecho que ahora las exposiciones orales sean fundamentales para evaluar un tema. Estoy en un punto que ya ni pido soporte digital (tipo Canva), porque acababa convirtiéndose en una lectura de lo que ha creado el ChatGPT. Ya sabéis que los adolescentes cada vez se ahorran más palabras y evitan las llamadas, y he notado un descenso en la capacidad comunicativa. Por eso también soy muy partidaria de no cortar las conversaciones que se generan en el aula y de dejar que se expresen aunque no sea propiamente de la lección. Las preguntas o los intereses que surgen de manera espontánea son irrepetibles y hacen única aquella clase. Quizás estoy romantizando el método Socrático, pero creo que no hay nada más poderoso que una buena conversación. Leer en tiempos de pantallas. He notado un crecimiento en el número de alumnos lectores. Creo que ya podemos desterrar la cantinela que dice que los jóvenes no leen, porque cada vez veo más adolescentes leyendo entre clase y clase e incluso en la hora del patio. Al principio lo veía inédito y me frotaba los ojos como si fuera un milagro; ahora ya me he acostumbrado. También he visto otro cambio en el uso del móvil en secundaria. En mi escuela, cada mañana hay que que los alumnos dejen el teléfono en un cajón, y se lo devolvemos al final de la jornada. Todos los años que he sido tutora en 1º de ESO tenía el cajón bastante lleno, pero desde hace un par de cursos el tema ha ido muy a la baja y este año en el cajón solo he guardado ocho teléfonos. Creo que estamos todos educando de manera más consciente y responsable en el buen uso de las pantallas.Las graduaciones se nos han escapado de las manos. Aquí abro un melón que quizás da para un artículo entero, pero el tema graduaciones lo veo muy exagerado. Que no digo que no se celebre, ¿eh? Es un hito importante, sobre todo en segundo de bachillerato, pero todos estos vestidos idénticos, de colores llamativos y pensados para cuerpos normativos me hacen reflexionar mucho sobre la presión estética (que recae en ellas) y sobre la americanización de este acto. El comedor como herramienta educativa. Los cambios en los menús que hemos incorporado este curso han visibilizado la importancia de hablar de alimentación en el aula más allá de los hábitos saludables. La cultura gastronómica es una parte esencial de cualquier país, y veo urgente que en la escuela incorporemos clases donde hablemos de producto, tradición y territorio. Muchas veces me preguntan si no me canso de explicar lo mismo, pero ya veis que cada curso es diferente, y siempre surgen nuevos retos que hacen que sea un trabajo cambiante y camaleónico. Maestros, ha sido un curso especialmente intenso, y desde aquí os traslado un agradecimiento infinito por el compromiso y la vocación que tenéis. Ya se ve la luz al final del túnel. Descansad muchísimo.

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