Diario de una doble jornada

A los docentes, la gente nos mira con cara de lástima

Señal de tráfico para indicar zona escolar
19/02/2026
Periodista
3 min

Barcelona-Sí, soy profesora. De secundaria.

-Oh, soplo, yo no podría.

Interés cero. Mirada ausente.

-También soy periodista.

-¿Periodista? Guao. ¿Y dónde escribes?

Exacto. Soy la misma persona y toda la vida me he dedicado a la enseñanza pero siempre acabo hablando de mi vertiente periodística que parece, sólo lo parece, algo más apasionante. Mi trabajo en serio, el del día a día, y mi auténtica vocación no genera ningún interés ni se considera una profesión de prestigio. A los docentes, la gente nos mira con cara de lástima y casi nos dan el pésame para tener un oficio que hasta hace relativamente poco era admirado, valorado y querido.

No sé qué ha pasado en poco tiempo por habernos convertido en unos profesionales de segunda y tan cuestionados. Que si vas al mecánico y te dice que es la correa de distribución, tú lo aceptas, te callas y pagas una morterada. Si lo dice el mecánico, que sabe tantísimo, pues será verdad. En cambio, lo que dice el profesor se cuestiona absolutamente siempre y por todos lados. Constantemente nos indican cómo debemos hacer nuestro trabajo. Ahora proyectos, ahora situaciones de aprendizaje, ahora matemáticas emocionales. Que se abracen las divisiones pero sólo si quieren, por supuesto.

Y de una escuela concertada

Porque veis el poco reconocimiento les diré, y aquí abro un melón del que poco se habla, que por más drama soy profesora de una escuela concertada. Esto sí que es un descalabro. Seamos honestos, todo el mundo nos considera menos válidos debido a que no hemos hecho oposiciones. Tengo la sensación de que nos tratan como la marca blanca de la educación. Ahora quizás reciba un alud de mensajes donde me dirá que no, que nos valore igual y que nuestro trabajo en las aulas también aporta muchísimo al panorama educativo. El caso es que llevo veintidós años que estoy en la concertada y todavía me preguntan si me apuntaré en listas o si daré el salto a la pública. Es la eterna pregunta cómo cuando una pareja no tiene hijos y siempre sale el tema; como si faltara algo. Cuesta encajar que ésta sea nuestra elección y que hayamos escogido voluntariamente, la opción menos amable. Toda la vida defendiendo el derecho a decidir y decidirnos por la concertada no acaba de ser la respuesta correcta.

Además, ya lo sabéis. Cobramos menos, hacemos más horas de clase con alumnos y no tenemos la estabilidad de un funcionario. Tenemos horarios algo más largos. Y sin embargo la mayoría de profesores de la concertada no estamos en nuestras escuelas como si fuera un plan B, al contrario. Creemos en el proyecto educativo del centro, nos hemos acostumbrado al claustro (con la mayoría de mis compañeros llevamos dos décadas trabajando juntos) y con los años nos amamos nuestras escuelas. ¿Por qué deberíamos cambiar si sabemos que estamos aportando valor allá donde trabajamos?

Por eso, a pesar de ser periodista, nunca me he planteado dejar de enseñar. A veces me dicen que son trabajos completamente distintos y siempre defiendo que son idénticos: el objetivo es comunicar y explicar las cosas lo mejor posible a la gente que no las sabe. Y si ahora escribo estas líneas no es gracias al periodismo sino a la maestra que me animó siempre a no parar de leer y escribir. Sin nuestros maestros, de la pública o de la concertada, no seríamos quienes somos.

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