Alba Florejachs: "Ser madre es agotador, no siempre lo disfrutas todo, y eso no te hace peor madre"
Actriz de televisión y teatro y madre de dos hijas, de 10 y 6 años. Aparece regularmente en el 'Polònia' de 3Cat. Participó en la serie 'Fuet' del SX3 y en el programa 'El got d'aigua'. Actúa en 'Batecs', en la Sala Tallers del TNC. Es coautora con Ariana Ruglio, Lara Díez Quintanilla y Nídia Tusal. La obra pone en escena la historia de tres mujeres que pasan por la experiencia de perder un hijo y también del duelo por la no maternidad.
A menudo te hacen preguntas que te descolocan. Recuerdo que estábamos en una casa en el campo que compartimos con amigos y la pequeña estaba hablando con criaturas un poco más grandes que la escuchaban boquiabiertas. Cuando le preguntamos de qué hablaban, ella dijo: “Mamá, ¿no es cierto que por la vagina sale flujo, sangre, vida y muerte?”. Fue un momento muy potente, y a la vez una oportunidad preciosa para hablar de ello con naturalidad. Ser madre es un trabajo muy vivo, en constante transformación. Es bonito, pero también exigente, porque implica acompañar sin controlar, escuchar y saber dejar espacio.¿Qué te resulta pesado?
— La gestión del día a día, las prisas, los horarios, tener que estar pendiente de muchas cosas a la vez y el desgaste mental de sostenerlo todo. A veces no es tanto lo que haces, sino tener que hacerlo constantemente.
¿Qué te hace sentir orgullosa?
— Por ejemplo, de cómo hemos ido repartiendo responsabilidades. La mayor ya hace lavadoras, se prepara el desayuno e incluso hemos empezado a limpiar la casa juntas. La pequeña recoge, pone la mesa y se encarga de cuidar las plantas. Son pequeñas cosas, pero que ayudan a generar autonomía y sentimiento de comunidad.
Como actriz, haces humor. ¿También haces como madre?
— Uso mucho el humor en casa. Ayuda a tomar distancia de aquello que puede parecer muy grave. Es una manera de desactivar el dramatismo y relativizar. Y es un hábito que, con el tiempo, también he ido incorporando hacia mí misma. De hecho, hay una cosa que siempre me da un poco de vergüenza explicar, pero que a la vez me parece reveladora.
Explícamela.
— Viví un año en Cuba y tengo allí muchas amigas que tienen una manera de comunicarse desde el humor. Esa mirada se me quedó impregnada. Ahora, cuando hay algo que me afecta especialmente, activo este personaje. Es como si conectase con esta parte de mí más cubana y hasta a veces hablo en voz alta con acento cubano.
Tus hijas han visto Batecs?
— Yo les expliqué de qué iba, pero sin entrar en detalles, y su imaginación hizo el resto. El día que vinieron a verla, la pequeña insistía en sentarse más atrás, lejos del escenario, porque pensaba que en escena habría un parto real. Después pudimos hablar con calma en casa, y fue bonito ver que esto también abría preguntas sobre el futuro, sobre si querrán o no tener hijos algún día, sobre qué significa el deseo de maternidad.
¿Ha evolucionado mucho tu manera de entender la maternidad?
— Sí. Creo que es bastante inevitable. Cuando hablas con otras familias te das cuenta de que hay partes de la maternidad que cuestan más de decir en voz alta porque no encajan con la imagen idealizada que tenemos. La romantización de la maternidad nos ha hecho mucho daño. Nos ha colocado en un lugar donde parece que lo tenemos que poder hacer todo y sostenerlo todo a la vez. Con el tiempo, he ido entendiendo que hay que reconocer que maternar es agotador y que no siempre lo disfrutas todo. Esto no te hace peor madre, te hace más honesta. Intento vivir la maternidad desde un lugar menos normativo, más abierto a la conversación, a la escucha y a la revisión constante. Me interesa mucho dar espacio a las emociones, compartir dudas y no tener siempre todas las respuestas.
Escuchar, entender...
— Es importante poder abrazar todas las emociones. Cuanto más espacio les demos para que se expresen, más ligero se hace todo. Los sentimientos funcionan como olas: llegan, crecen, y si les dejamos ser, acaban pasando.
¿Qué frases dices más a menudo?
— Mis frases habituales son bastante universales: “Lúvate los dientes”, “Recoge esto, por favor”, “Vamos, que llegamos tarde” o “¿Me estás escuchando?”.
Frases sorprendentes.
— “No lames el suelo, no lames la barandilla”. Son de esas frases que te hacen darte cuenta de que la realidad supera cualquier previsión.
¿Qué frases son las más efectivas?
— He descubierto que cuando bajo el ritmo y hablo desde un lugar más tranquilo, mirando a los ojos, funciona muy bien. Las frases más pasadas de vueltas te salen en momentos de cansancio. Hace unos años cuando estaba desbordada y la pequeña hizo caer un plato al suelo y se rompió. Yo solté un grito y, automáticamente, pedí perdón. Entonces la mayor me dijo: "No te preocupes, mamá, mañana tenemos psicólogo".