Jean-Philippe Vassal: "Las viviendas construidas hoy deben escapar de la idea de producto financiero"
Arquitecto. Cofundador del estudio Lacaton & Vassal junto con su esposa, Anne Lacaton
BarcelonaEn el campo de la vivienda social, el matrimonio formado por Anne Lacaton (Saint-Pardoux, 1955) y Jean-Philippe Vassal (Casablanca, 1954) ha sido pionero a la hora de poner a las personas en el centro y conseguir el máximo de prestaciones con recursos mínimos. Hace cinco años ganaron el premio Pritzker, el Nobel de los arquitectos, por su “espíritu democrático” que ha conseguido “renovar” y “revitalizar” el legado de la arquitectura moderna. “Su trabajo responde a las emergencias climáticas y ecológicas de nuestro tiempo, así como a las sociales, particularmente en el ámbito de la vivienda urbana”, dijo entonces el jurado. Dos años antes habían ganado el premio Mies van der Rohe por la reforma innovadora de 530 pisos de los años 60 en Burdeos. Antes de intervenir en el congreso de la UIA este lunes, Jean-Philippe Vassal responde por escrito a las preguntas del ARA.
Con Anne Lacaton se conocieron en los años 70 cuando estudiaban arquitectura en Burdeos. Su relación continuó cuando usted se fue a trabajar a Nigeria en el campo del urbanismo, después de acabar la carrera, y ella le visitaba en verano y trabajaba en Burdeos en invierno. ¿Qué es lo más importante que usted aprendió durante el tiempo que vivieron en África?
— Que cuando hay un mínimo de recursos materiales disponibles, siempre se pueden encontrar soluciones y respuestas generosas, eficaces, poéticas y ligeras, gracias a la inmediatez y la imaginación.
¿Qué los condujo a la idea de "no derribar nunca, siempre transformar, con y para los habitantes"?
— Es precisamente esta estancia en África la que me enseñó que era necesario, antes que nada, trabajar con lo existente, sin ideas preconcebidas.
¿Cómo se relacionan con los usuarios de sus edificios? ¿Piensan que su relación con ellos ha evolucionado a lo largo de los años?
— Desafortunadamente, no siempre conocemos a los usuarios o a los habitantes; en este caso, la regla es buscar aquello que les dará más posibilidades y más libertad: más espacio, más luz, más aire, a la vez que las herramientas o sistemas capaces de definir, en función de sus necesidades o de sus deseos, qué quieren hacer de este espacio, de este aire, de esta luz.
Han dicho que, en el ámbito de la vivienda, trabajan "desde el interior" y no buscando una forma determinada. ¿Cómo se traduce esto concretamente?
— La forma se deduce o es la consecuencia del ensamblaje de todos estos fragmentos de espacios interiores que acogen la vida, el movimiento, las historias.
¿Qué significa para ustedes "vivir bien" la ciudad?
— Reencontrar en la ciudad, en su densidad y diversidad, a todos los niveles, las mismas condiciones que se podrían tener en una casa: poder dar la vuelta al piso, salir a un balcón, mirar el cielo.
Ganaron el premio Mies van der Rohe por la transformación de 530 pisos de los años 60 en Burdeos, junto con Frédéric Druot y Christophe Hutin. Consiguieron que el coste de la reforma de cada vivienda fuera de 50.000 euros sin IVA y que no supusiera un incremento del precio del alquiler. ¿Qué significa para ustedes la idea de "generosidad", entre presupuestos ajustados y normativas que pueden ser restrictivas?
— Las viviendas construidas hoy deben escapar de la idea de producto financiero. Dentro de la misma economía, los arquitectos pueden construir viviendas más grandes y luminosas, incluso con presupuestos ajustados y regulaciones, que también pueden contribuir a hacer evolucionar el proyecto.
¿Qué es esencial en las viviendas "flexibles" que proponen?
— El espacio, la luz, la relación con el exterior, una forma de sencillez.
¿Piensan que su trabajo ha tenido un impacto concreto en las políticas públicas francesas en materia de vivienda?
— No, no mucho.
Entre los proyectos que tienen en curso se encuentra la transformación del antiguo Hospital Saint‑Vincent‑de‑Paul en viviendas, es decir, un cambio de tipología. ¿Cómo han abordado este proyecto? ¿Es muy diferente de los otros?
— No, parte de la voluntad de utilizar lo existente tanto como sea posible. En el caso de una maternidad formada sobre todo por habitaciones en cuatro plantas, la transformación era bastante evidente, y después las normas urbanísticas dieron la posibilidad de añadir cuatro plantas más. Actualmente, trabajamos en la transformación de una ciudad administrativa: todas las transformaciones son posibles siempre que se respeten las características y las capacidades de lo existente.
Hablan más de una manera de trabajar y de la voluntad de crear un modelo que no de autoría en el sentido clásico del término. ¿La vivienda es un trabajo muy local o algunas soluciones se pueden exportar?
— Cada vivienda es particular, en relación con su habitante, la situación y el clima; la generosidad, la amabilidad y la voluntad de hacer el máximo con el mínimo pueden ser una manera de abordar cualquier situación.
¿Qué impacto han tenido los premios Mies van der Rohe y Pritzker en la recepción de su trabajo?
— Los premios han permitido dar a conocer nuestro trabajo.
¿Existe una diferencia notable en su manera de concebir un proyecto completamente nuevo respecto a un proyecto de rehabilitación?
— No hay proyectos nuevos. Cada proyecto es una transformación de un edificio, de un espacio, de un paisaje, de una sociedad.