Aurèlia Muñoz: el centenario de una visionaria del arte textil
Se acercan las grandes exposiciones del artista, que habría cumplido cien años este lunes, en el Museo Reina Sofía y en el Macba
BarcelonaPara Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011), el arte era como "un pequeño milagro", tal como dijo ella misma. "No sabes qué pasa, pero aquello se ha hecho. Incluso cuando hace un tiempo que lo miras, dices: «¿Cómo lo he hecho, esto?» Ni te lo puedes explicar", explicaba Muñoz, que este lunes habría cumplido cien años. Después de décadas en un cierto olvido –Catalunya es un país con una memoria muy corta con sus artistas–, volvió a la primera plana cuando el MoMA de Nueva York compró tres obras suyas en 2018. Este hecho la consolidó como una de las figuras clave del arte textil de la segunda mitad del siglo XX y como una pionera que amplió sus límites con unas esculturas que transforman el espacio donde se encuentran y que plantean una experiencia sensorial.
Este año, el Macba, el Museu Reina Sofía y Einaidea (Fundació Eina) han sumado esfuerzos para dedicarle una gran exposición, Aurèlia Muñoz. Ens, que se podrá ver en el Museu Reina Sofía a partir del 29 de abril y llegará a Barcelona el 5 de noviembre, donde se presentará ampliada. De hecho, la muestra es uno de los proyectos clave del 30º aniversario del museo.
Coincidiendo con el centenario, ya se pueden ver en el atrio del Macba tres reconstrucciones de esculturas de la serie Ocells-estels que se pudieron ver en el Palacio de Cristal de Madrid y en las Drassanes en los años 80. "Me interesa mucho el espacio, siempre me ha interesado, y creo que cada vez tiene más posibilidades para trabajar en él. Muchas de mis obras, en realidad, son tridimensionales y plantean los mismos problemas, o parecidos, que un escultor. Creo que la técnica y la textura son diferentes, así como los materiales, pero en realidad vamos todos hacia un mismo fin", dijo Muñoz. También le gustaba conocer la opinión del público, sobre todo de los niños, porque no tienen "prejuicios" a la hora de decir qué piensan.
Vivir el día a día rodeado de arte
La hija del artista, Silvia Ventosa –conservadora emérita de textil y moda del Museo del Diseño de Barcelona y miembro del comité científico de la muestra–, recuerda que en casa convivían con las obras de la madre y hablaban de ellas “del manera muy natural”, como si estuvieran presentes. Son los “ens” a los que hace referencia el título de la muestra. “Cenaban y comían con nosotros. Yo estaba estudiando filosofía –explica Ventosa–, estaba leyendo a Marx, y en El capital hay una serie de personajes, o entes: unos que tienen la propiedad del trabajo, que son los artesanos, y otros que no, que son los obreros. Esto le gustó mucho, y buscamos los diferentes entes que salían, como el comunitario, el religioso, el histórico...”
Aurèlia Muñoz y su marido, el abogado Josep Ventosa, se instalaron en un piso de la Gran Vía de Barcelona. Cuando aún eran adolescentes y salían, Muñoz le había escrito una carta diciéndole que se quería dedicar al arte y que se veía a sí misma ganándose la vida con el dibujo. Más adelante, descubrió el macramé mientras estaba convaleciente por una pierna rota. En pleno franquismo, él le dio toda la libertad que ella necesitaba, y, además, hacía buenas fotografías de sus trabajos. “Formaban un matrimonio atípico: mi madre tenía bastante libertad para viajar y hacer lo que quería, y mi padre le daba mucho apoyo. Le interesaba mucho lo que hacía, reían mucho. Mi padre tenía mucho trabajo –era abogado especializado en el mundo del vino–, pero daba mucha importancia al trabajo de la madre”.
A pesar de ello, el comienzo de la trayectoria de Muñoz no fue fácil. Pero muy pronto encontró su lugar. “Enseguida, la seleccionaron en la Bienal de Lausana, y formó parte de un grupo de artistas, que son las más conocidas: la colombiana Olga de Amaral, la norteamericana Sheila Hicks y la polaca Magdalena Abakanowicz –explica Ventosa–. Hacían mucha piña, aunque cada una tenía sus proyectos propios. Hicieron avanzar mucho la disciplina, y las bases de cada bienal eran muy exigentes. Aquella bienal le dio mucho impulso y muchos contactos, porque allí se reunían directores de museos, galeristas y críticos de arte. Si expuso por todo el mundo, buena parte es gracias a aquella bienal”.
Silvia Ventosa se instaló en el piso de su madre unos años después de su muerte y recibe a el ARA antes de enviar al Museo Reina Sofía algunos trabajos de toda la trayectoria de Muñoz que hay esparcidos por la vivienda. El director científico del proyecto, Manuel Cirauqui, empezó a trabajar con el legado de Aurèlia Muñoz en 2023 con un proyecto en el Centre Grau-Garriga d’Art Tèxtil Contemporani de Sant Cugat. En el comisariado de Aurèlia Muñoz. Ens también ha colaborado la curadora y miembro de Einaidea Rosa Lleó. Para Cirauqui, Muñoz es “una médium” y “una visionaria del antropoceno”.
Con las obras que hay en el piso familiar se puede apreciar la riqueza del universo de Aurèlia Muñoz, que bebe también de las técnicas y de la sabiduría popular, así como del mundo natural. “En la parte de proyecto trabajaba sola, pero en la de manipulación de las fibras la ayudaban María Jesús y Josefina, con quienes mantenía un diálogo constante e importante”, dice Ventosa. También se puede ver cómo, más adelante, en los años ochenta, abandonó el textil y empezó a trabajar con unos papeles que elaboraba ella misma. “Entonces entró en el mundo del agua y el mundo marino, quizás también porque se hacía mayor y el papel es más ligero.”
Aurèlia Muñoz echó en falta el reconocimiento. “Ella continuó trabajando, el reconocimiento no le interesaba. Quizás no era tan público, pero tenía sus clientes, sus proyectos, y los coleccionistas no la dejaron”, concluye Ventosa.