Timothée Chalamet, el sociópata al que te encantará odiar
El actor estrena 'Marty Supreme', el primer filme que dirige en solitario Josh Safdie
- Dirección: Josh Safdie. Guión: Ronald Bronstein y Josh Safdie
- 149 minutos
- Estados Unidos (2025)
- Con Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion y Kevin O'Leary
No tengo claro si, tal y como afirma Paul Schrader, Marty Supreme y The mastermind de Kelly Reichardt son la misma película reproducida a velocidades distintas. Pero sí parece evidente que sus protagonistas están hechos de una pasta idéntica: sendas sociópatas que se pasean por el mundo convencidos de que están destinados a una grandeza incompatible con la vida cotidiana, y que emprenden cruzadas egoístas de consecuencias catastróficas. Este cuadro psicológico mantiene una relación nada casual con el hecho de que el Marty Mauser que encarna a Timothée Chalamet –con gafas, bigotito y gestualidad eléctrica– sea, también, un claro exponente del excepcionalismo americano; así lo demuestra cada vez que quiere convencer a sus interlocutores de que merece un trato diferente y de que su presencia como estadounidense eleva los campeonatos mundiales de ping-pong.
El deporte es el MacGuffin que define la trayectoria en zigzag del hombre (inadvertidamente) ridículo que centra el primer filme en solitario de Josh Safdie, prolongación coherente de las fugas hacia adelante que él y su hermano Benny habían firmado en Daddy Longlegs, Good time y Diamantes en bruto. Marty Supreme mantiene el nervio que caracteriza al cineasta, sustituyendo la crónica contemporánea por el retrato de una Nueva York de época (mediados del siglo XX, cuando las naciones derrotadas en la Segunda Guerra Mundial aún despertaban recelo, pero no tanto como para impedir hacer negocios) donde suenan los ecos futuros de la electrónica de Daniel Lopat Feares. La audacia anacrónica parece señalar la atemporalidad de un relato que, desde la concreción de la peripecia del personaje de Chalamet y de aquellos a quienes arrastra al abismo, acaba por pintar el retrato de una sociedad perennemente secuestrada por el carisma de los locos con tendencia a flirtear.