Historia
Cultura 21/02/2022

¿Cómo se estudia el Holocausto en las aulas?

Hay recursos para hacerlo pero depende del tiempo y la voluntad del profesorado

7 min
Un grupo de estudiantes al Museo de Auschwitz

¿Se puede llegar a segundo de bachillerato sin saber qué fue el Holocausto? En teoría, no. La Segunda Guerra Mundial está en el currículum obligatorio de 4º de ESO y difícilmente se puede explicar sin hablar de los genocidios. Hay recursos para hacerlo. De hecho, si se quiere, se puede explicar a alumnos de cinco y seis años porque hay cuentos y relatos que acercan este capítulo de la historia a los más pequeños. Como todo, sin embargo, muchas veces depende de la voluntad del profesorado y del tiempo de que se disponga. Puede haber institutos donde se trabaje en muchas asignaturas y en diferentes cursos y otros donde se pase de puntillas.

"El temario que tienen es una bestialidad y a menudo es imposible explicarlo todo, el problema es la falta de tiempo", dice Gemma Simón, responsable de los Servicios Educativos del Memorial Democrático. Desde 2006 hay un convenio entre el Memorial y el departamento de Educación: se hace formación de profesores, grupos de trabajo, seminarios en Israel con el Yad Vashem (Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá) y en otros lugares de Europa y se ofrecen recursos como testimonios, documentos, talleres, rutas, premios de investigación...

Un momento del acto que cada año hacen los institutos para conmemorar el Día Internacional del Holocausto con estudiantes del Instituto de Matadepera que recordaron a Nonna Bannister

Hay profesores que se implican mucho pero la formación es siempre voluntaria. En estos momentos, 121 profesores de 85 centros participan en las formaciones del Memorial. Cada vez, según el Memorial, hay más –cuando empezaron eran 17 profesores de 10 centros– y se han creado grupos de trabajo en l'Empordà, Lleida, Tarragona, las Terres de l'Ebre, Sant Cugat, el Vallès Oriental... En cada lugar se intenta conectar con el alumnado buscando los temas más próximos. En Lleida, por ejemplo, los mismos profesores organizaron una exposición itinerante con casos de mujeres deportadas de Ponent. En el Institut Ramon Berenguer IV de Amposta se trabajó sobre el colectivo gitano que también fue masacrado por Hitler. "En el instituto lo hacemos de manera transversal y trabajamos este tema porque los gitanos a menudo son olvidados y hay alumnado que forma parte de este colectivo –explica Carme Maigí, que es profesora de este instituto–. En otros trabajos hemos buscado ejemplos de deportaciones actuales porque tenemos una exalumna subsahariana y otra kosovar y nos pudieron explicar su experiencia y todo lo que sufrieron". En el mismo instituto, los estudiantes también han investigado sobre los vecinos que fueron deportados a los campos de concentración por ser republicanos.

Cuando se explica qué significaron los genocidios, sin embargo, no se busca tan solo apelar a las emociones. "No se trata de quedarse con el impacto emocional o con una imagen, sino de profundizar en las causas, de hablar de cómo empezó todo ello, de las consecuencias, de quiénes participaron directamente pero también de quiénes lo vieron y no hicieron nada, de quiénes opusieron resistencia...", explica Maria Ojuel, historiadora y docente del departamento de Educación. "Se pone también el foco en el hecho e que los perpetradores no eran personas trastornadas sino normales, capaces de querer a sus hijos y a la vez disparar a una mujer que acaba de parir", añade Ojuel.

En el instituto de Matadepera, por ejemplo, en algunas de las muchas actividades que hacen y en las que están implicados todos los profesores de sociales, exponen las láminas de fotografías que se ofrecen desde el Yad Vashem. "Tratamos diferentes temas relacionados con el Holocausto en todos los cursos; por ejemplo, con las láminas hacemos dinámicas de grupo, debatimos sobre el hecho de que antes del Holocausto ya pasaban cosas, se quemaban sinagogas, aparecían pintadas...", explica Rosa Molina, que ha hecho muchas actividades de formación y ha ido al Yad Vashem. Entre las lecturas que se hacen en este instituto están desde Primo Levi hasta George Orwell pasando por Viktor Frankl y Eva Heyman. "Hablamos muy también de los que miraron y no hicieron nada, y esto lo pueden entender muy bien porque con el bullying pasa lo mismo, la indiferencia es a veces cómplice", añade Molina.

Los deportados republicanos

Con los años se ha ido introduciendo también cada vez más la vinculación de España con el Holocausto. "Hace mucho tiempo podía haber una sensación de que el Holocausto no nos tocaba, pero los genocidios implican a toda la humanidad y tenemos una relación directa por todos los deportados republicanos que murieron en los campos de deportación y por la represión que hubo durante la dictadura; en España también hubo muchos campos de concentración", explica Ojuel.

Una de las actividades que tiene más éxito entre los institutos es la de llevar testigos. "Se seleccionan muy bien las fuentes y que sean tan directas y próximas como sea posible –explica Miquel Albert, técnico docente del Servicio de Currículum del departamento de Educación y coordinador del grupo DEMD (Exilio, Deportación y Holocausto)–. A partir de la vida de una persona se habla de qué pasó, como lo sufrió, como lo superó". Aun así, cada vez hay menos testigos directos. En estos momentos, por ejemplo, se pasa el documental Huir del olvido, de Abel Moreno, y se invita al cineasta a ir a las aulas. El documental explica la vida de Pitu, que estuvo en la Guerra Civil, después en el exilio, en los campos franceses y en el infierno nazi de Dachau y Treblinka... No habló nunca mucho de todo, pero lo hace ahora, a los 91 años, después de que su mujer fuera diagnosticada con Alzheimer. "El documental sirve también para hablar de por qué en España ha habido tanto silencio", dice Albert.

Otro testigo es Dory Sontheimer. Al morir su madre, en octubre del 2002, Sontheimer tuvo que deshacer un montón de cajas guardadas en las buhardillas. Cuando las empezó a abrir descubrió un secreto escondido durante décadas: 36 familiares suyos habían muerto en el Holocausto. "Intento transmitir valores humanos, que piensen por sí mismos y que no se dejen arrastrar por los populismos", explica Sontheimer. El relato va combinando la historia familiar con todo lo que pasó en Alemania a partir de 1929. "Es increíble ver la cara de los jóvenes, cómo conectan con la historia; a veces me dicen qué podemos hacer para que esto no nos pase a nosotros –dice Sontheimer–. Trato de crear un clima de empatía y que entiendan que puede volver a pasar". A partir de estas charlas, ha recibido muchas cartas: "Algunos estudiantes después intentan buscar sus propias raíces o saber qué ideología tenían los abuelos o bisabuelos". Se hacen también cursos telemáticos con los lugares de memoria y se trabaja también en la conmemoración del Día Internacional de Víctimas del Holocausto presentando diferentes proyectos. Por otro lado, se organizan viajes a campos de Polonia, Buchenwald-Weimar, Casa Wannsee-Berlín o el campo de Rivesaltes-Argelers-Elna.

Molina, que hace 35 años que da clases, no se ha encontrado nunca con ninguna queja por mostrar demasiada crudeza. "Los estudiantes tienen curiosidad por saber, no es tanto qué explicas sino cómo lo explicas", dice. Niños y adolescentes están más expuestos que nunca a todo tipos de imágenes y de relatos. "Desde pequeños ven muchas noticias y películas, ahora hay también guerras y ellos lo viven; se les tiene que dejar hablar y poder reflexionar sobre aquello que han visto. No se trata tanto de si se tiene que ver La vida es bella o Noche y niebla, sino con qué propósito lo haces y abrir el debate", opina Gemma Simon.

¿Qué literatura se lee en las aulas?

“A la hora de enseñar el Holocausto, en Catalunya hay una tendencia a volver sobre vidas concretas más que a las grandes cifras y al gran horror. Se tiede a las historias reales, que aportan un proceso de conocimiento de la persona no solo con el rol de víctima, sino con toda su humanidad”, explica la doctora en sociología Marta Simó, especializada en el Holocausto. A menudo, la manera de acercar estos testimonios a las aulas son las películas y los documentales, pero también los libros. En las clases de lengua y literatura de ESO y bachillerato, algunos profesores abordan el Holocausto a través de lecturas como El diario de Anna Frank, El chico del pijama de rayas de John Boyne, El amigo reencontrado de Fred Uhlman y K.L. Reich de Joaquim Amat-Piniella. “Se hace mucho uso de la memorialística del deportado republicano. Esto nos da la oportunidad de no quedarnos exclusivamente en la parte historiográfica”, señala Simó.

Pero la presencia de literatura sobre el Holocausto en las aulas depende de cada docente y puede ser inexistente si el instituto no lo considera necesario. En la ESO no hay una lista de lecturas obligatorias del departamento de Educación, sino que cada centro elige unos libros prescriptivos a través de su equipo de profesores. En bachillerato sí que hay una lista de lecturas obligatorias, pero el Holocausto queda fuera. “Procuro que uno de los tres libros haga referencia al Holocausto, sobre todo en 4º de ESO, porque tratan el tema en la clase de historia contemporánea”, explica Cristina Juher, que es profesora de lengua y literatura catalana y actualmente trabaja en el Institut Ermessenda de Girona. A lo largo de más de veinte años de docencia, su experiencia a la hora de enseñar el Holocausto siempre ha sido buena. “El tema les engancha muchísimo. Son las clases en las que tengo más silencio y respeto hacia aquello que se está explicando. Se les pasa la hora muy rápido, se interesan mucho y preguntan muchos detalles”, subraya Juher. Entre los títulos que trata en clase están El violín de Auschwitz de Maria Àngels Anglada y fragmentos de El diario de Anna Frank y del cómic Maus de Art Spiegelman. “Intento llevar muchos libros como prescripción”, dice Juher, que también cita Si esto es un hombre de Primo Levi entre los ejemplos.

Lluïsa Erill, que es profesora de lengua y literatura catalana en el Institut Joan Pelegrí de Barcelona, ha vivido una experiencia similar con los alumnos. “Se impactan y se recuerdan, son libros que marcan. Con El chico del pijama de rayas entran por el título sin saber mucho de qué va y, cuando se dan cuenta, ya están enganchados”, dice Erill. En su caso los estudiantes reciben una lista de lecturas para elegir y trabajar individualmente, entre las cuales suele haber alguna sobre el Holocausto. En paralelo, en clase leen fragmentos de libros como K.L. Reich.

Distancia generacional

Con los años, Erill ha notado que el paso del tiempo juega en contra. “Lo tienen menos reciente, a veces he sentido comentarios cuestionando si realmente pasó. Hay una banalización de este tema por parte de la sociedad, y la escuela es un reflejo”, destaca la profesora. Juher también explica que se ha encontrado con ciertas reticencias de algunos docentes a explicar el Holocausto en las aulas por la crudeza de los hechos. “Hay una corriente pedagógica que cree que a los estudiantes no se les tiene que hacer afrontar cosas crudas. Soy absolutamente contraria”, señala Juher, que explica que “el alumnado con los años no ha cambiado mucho, pero sí que lo ha hecho la sobreprotección hacia aquello a lo que se enfrentan en clase”. La profesora defiende que “hay que mostrar la realidad de lo que pasó con la guía docente” y que la literatura es “la mejor herramienta, junto con el cine”, para abordar el Holocausto en clase: “Es una herramienta potentísima para hacer llegar toda esta miseria y drama humano a los alumnos”.

Cinco libros con los cuales se enseña el Holocausto
  • 'El violín de Auschwitz' Escrita el 1994, la novela de Maria Àngels Anglada explica el horror de los campos de concentración a través de la figura del Daniel, un lutier judío que trabaja como carpintero. El libro relata el día a día en el campo, las condiciones inhumanas en la que vivían los prisioneros, el maltrato y la muerte. A partir del personaje de Daniel, el libro explora temas como la dignidad y la capacidad de resistencia ante la barbarie.
  • 'K.L. Reich' Amat-Piniella escribió ‘K.L. Reich’ después de ser liberado del campo de concentración de Mauthausen-Gusen con la voluntad de dejar constancia del horror que había vivido. El autor noveló sus propias experiencias y cambió los nombres reales de los personajes, un grupo de deportados catalanes y españoles en el campo. La miseria, el hambre, las torturas, las humillaciones y la muerte en el campo forman una historia desoladora sobre la brutalidad del fascismo.
  • 'El amigo reencontrado' Fred Uhlman, pintor alemán de origen judío, se inspiró en sus vivencias para escribir esta historia sobre dos amigos de escuela que, con la llegada de Hitler al poder, se separan abruptamente. Hans es judío y se va a América, en Konradin es hijo de una familia aristócrata y entra a formar parte de las fuerzas armadas. Uhlman relata de forma conmovedora como 30 años después Hans se reencuentra a su amigo de inesperadamente.
  • 'El chico del pijama de rayas' Publicado en 2006, el libro de John Boyne se aproxima a los campos de concentración desde la experiencia de Bruno, el hijo de un militar que se traslada con toda su familia a Auschwitz. La novela relata la realidad de los campos de concentración desde la mirada inocente del protagonista, que va descubriendo qué pasa más allá de la valla detrás la cual vive Schmuel, un chico de su edad.
  • 'El diario de Anne Frank' Es uno de los textos esenciales para explicar el Holocausto en las aulas. Escrito de forma epistolar, el libro sigue la experiencia de Anne escondida durante meses en el ático de un edificio de Ámsterdam junto con su familia para huir de los nazis. La mirada en primera persona de la obra y la edad de la narradora la hacen muy cercana a los alumnos y la convierten en una buena puerta de entrada en las lecturas testimoniales sobre el Holocausto.
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