Literatura

La esferificación de la novela victoriana

'El fraude', de Zadie Smith, contiene la mayoría de los elementos típicos de la narrativa de la autora, como las injusticias sociales, el poder y la clase, frases brillantes, diversión, la alteridad, el racismo, el colonialismo y la formación de la identidad

'El autobús de Bayswater', cuadro pintado a finales del siglo XIX, al final de la era victoriana, por George William Joy
04/02/2026
3 min
  • Zadie Smith
  • Jande Editorial
  • Traducción de Marta Pera
  • 450 páginas / 24,95 euros

Varias novelas de Zadie Smith (Londres, 1975), una de las escritoras más importantes de la literatura inglesa contemporánea, habían sido publicadas en catalán desde su debut, Dientes blancos. Pero las vicisitudes del mundo editorial (¡qué novela sangrienta no haría la misma Smith!) le han condenado al ostracismo poco glamuroso de las librerías de segunda mano y, por eso, la aparición deEl fraude, su última novela, espléndidamente traducida por Marta Pera y publicada por la jovencísima editorial Jande, es una gran noticia. Y esperamos que vengan unas cuantas más, porque las novelas de Smith son demasiado buenas para no formar parte de la conversación literaria de los lectores de libros en catalán.

El fraude contiene la mayoría de los elementos típicos de la narrativa de Smith: las injusticias sociales, el poder y la clase, frases brillantes, diversión, la alteridad, el racismo, el colonialismo y la formación de la identidad, y ninguno de los clichés con los que normalmente se escribe sobre estos temas. Es la gracia de ser especialmente inteligente, de tener ganas de jugar y, last but not least, contar con una de las tradiciones literarias más sólidas –la inglesa– para manipular: Smith se lanza, sin paracaídas, a orquestar una especie de deconstrucción de la novela victoriana, y dispone de capítulos brevísimos (hay decenas, de no más de una página y media) para emular las entre ellas David Copperfield. Ni el propio Dickens se salva de los dardos envenenados de la autora, que le reprocha que sólo hablara de la miseria en Inglaterra y nunca hiciera referencia a lo que estaba pasando en las colonias del Imperio.

El juicio más largo de la historia de Inglaterra

Una de estas colonias era la isla de Jamaica que, por motivos familiares, le es especialmente cercana a la autora. En El fraude es uno de los epicentros de la trama, uno de los temas recurrentes de los que hablan los hombres y, sobre todo, las mujeres abolicionistas que quieren ejercer la acción política, escandalizadas por las injusticias sociales que claman al cielo: ésta es una de las obsesiones de Smith, sobre las que vuelve, libro tras libro. Uno de los protagonistas, el joven Bogle, había sido esclavo en Jamaica, y es el testigo clave en el Juicio de Tichborne, un juicio que pasó en serio y que fue el más largo de la historia de Inglaterra. Se dirimía si un carnicero australiano era quien se autoproclamaba ser, el heredero de una baronía inglesa o, por el contrario, si era un impostor. La habilidad y la sutileza con la que Smith hace reflexionar sobre la impostura y la trampa como las únicas formas de abrirse camino en un mundo injusto y desequilibrado, y la capacidad de trazar paralelismos entre el momento victoriano y el actual, sin subrayarlos, son dos muestras de auténtica maestría.

Aparte de la capacidad de subvertir el género en el que se inscribe la novela, que no deja de ser el histórico, pero con una mirada posmoderna que revienta todas las convenciones: hay documentación rigurosísima, pero todos los personajes que Smith toma prestados en la historia sufren también cambios cológicos más libres. Esto le ocurre a la casi protagonista Eliza, motor y quizá el gran hallazgo de la novela, una viuda católica capaz de enamorarse tanto de su primo William como de la mujer con la que se ha casado en segundas nupcias. Atraída por la causa abolicionista, y asistente fascinada al juicio, siente una pasión desbordante por Bogle, a quien quiere ayudar de una manera excesiva, cercana al cariño sentimental, en un comportamiento que no deja de ser una crítica ácida del exceso de pasión que algunos ponen en la cooperación y el cuidado de los demás, otro rasgo quizás. Si, encima, toda la novela está aliñada con invectivas y mofas sobre el oficio de la escritura, con conversaciones memorables entre rivales sobre las pequeñeces y las grandezas del mundo literario, puede decirse que el banquete está servido.

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