El Gremio de Libreros denuncia prácticas irregulares en el sector
Lanzan una campaña para alertar que los descuentos ilegales, los concursos públicos inaccesibles y la venta directa de libros laminan un sistema frágil
BarcelonaUn mes después del día explosivo de Sant Jordi, el Gremio de Libreros lanza una campaña para alertar de diversas prácticas irregulares del sector que "ponen en riesgo el futuro de las librerías". En concreto, denuncian prácticas que rompen la cadena del libro, es decir, que se saltan las librerías como intermediarios y prescriptores expertos protegidos por la ley del libro. El gremio insiste en que no alza la voz "contra nadie", pero señala especialmente las compras públicas y la venta directa a administraciones, bibliotecas, escuelas y ferias.
La campaña tiene por lema "Combate la distopía, elige la librería" y contará con acciones de sensibilización y difusión para llegar a todos los agentes del sector, con los cuales se pretende negociar cambios estructurales. "¿Os imagináis un país sin librerías?", plantea el presidente del gremio, Èric del Arco. Las librerías se consideran agentes culturales y sociales clave para las ciudades, pero avisan de que están cansadas de recibir reveses. "Cuando cierra una librería, todo el mundo llora. No queremos llegar aquí", dice Fe Fernández, de L’Espolsada de les Franqueses del Vallès. "Ahora todavía estamos a tiempo de evitar un futuro distópico —dice Del Arco—. Sant Jordi es un momento muy importante porque sitúa a las librerías en el centro, pero esto no impide que el resto del año haya unos procesos que van laminando la cadena del libro, y podemos llegar a un punto de no retorno".
Ilegales o irregulares
. Por eso el gremio ha agrupado todas estas prácticas Además de las compras escolares al por mayor, las librerías denuncian la venta directa por parte de los editores a través de internet o en ferias. "No hay suficientes librerías para tantas ferias de libros", dice Del Arco, que pide abrir un debate con los editores para analizar qué ferias son necesarias, cuáles son puramente comerciales, y cómo se pueden exponer sus fondos en ferias y mercados sin saltarse a los libreros y distribuidores. Un ejemplo de buena práctica es la Feria Liberisliber, donde los editores ponen los fondos, y los libreros, la venta en el puesto.
Uno de los problemas más graves comenzó hace un lustro con la eliminación de los contratos menores y la introducción de directivas europeas que implican un tipo de licitaciones que expulsan las librerías, especialmente las independientes, y en cambio favorecen a empresas con gran capacidad administrativa y logística. "Nos hemos encontrado fondos de inversión que se presentan a concursos públicos para vender libros y no sabemos qué criterios cumplen", afirma Fe Fernández. El gremio afirma que hay un choque entre la ley de contratos y la ley del libro, que protege el sector, y por eso piden que el libro tenga un sistema de contratación excepcional y, al mismo tiempo, que se incluyan en las licitaciones los criterios de pericia y servicio especializado que puede ofrecer la librería.
A pesar de que todas estas problemáticas ya aparecieron en la elaboración del Plan Nacional del Libro y la Lectura, no se ha hecho nada, exceptuando el Plan de Apoyo a las Librerías de Barcelona. Por ello el gremio ha agrupado todas estas prácticas en una campaña y se propone trabajar con todos los agentes del sector, las administraciones públicas, bibliotecas y centros educativos. La campaña también quiere sensibilizar a los particulares en contra de "la amazonización de la sociedad", y a las escuelas para que no compren exclusivamente a una sola editorial: quieren invitarles a trabajar conjuntamente el plan lector con los libreros del barrio o ciudad. También piden que las bibliotecas también prioricen la compra de proximidad en las librerías y no en lotes que gestionan grandes plataformas que no tienen en cuenta aspectos como la lengua o la diversidad editorial.
"Cómo se compran y se venden los libros importa. Tenemos que decidir si queremos tener librerías o supermercados de libros. Si son supermercados, a nosotros no nos encontraréis", afirma Aitor Martos. "No venimos aquí a llorar, venimos porque creemos que lo que hacemos es importante y venimos a defenderlo", dice Elisa Fernández de la No Llegiu.