Literatura

Un joven diseñador se plantea asesinar a su criatura

La editorial Gata Maula publica la perturbadora 'Pírcing', de Ryu Murakami

Cerezos en Tokio, Japón.
3 min
  • Ryu MurakamiGata MaulaTraducción de Albert Nolla152 páginas / 18 euros

Traducida con excelencia por Albert Nolla, Pírcing es una novela de primer nivel escrita por el cineasta y escritor japonés Ryu Murakami (1952). En el prólogo —titulado 'Eres un niño extraño, y cuando seas mayor te volverás loco'— Jordi Nopca describe al autor como uno de los grandes referentes del psicothriller, "subgénero literario en el que los psicópatas tienen tanto peso como sus perseguidores y víctimas". El relato comienza con un gesto minúsculo y doméstico —un padre despierto por la noche junto a la cuna de su hija Rie— y, en cuestión de líneas, lo convierte en una escena de angustia extrema. Lo que parecía un momento de vigilancia paternal en un hogar de Tokio se convierte en un ritual nocturno gobernado por una idea fija: la posibilidad de hundir un punzón de hielo en la carne de la criatura. No lo hace; pero lo que importa es que valora la idea con una lucidez espeluznante.

El autor construye la novela desde este precipicio mental focalizado en la rabia interior. Masayuki Kawashima, el protagonista, no es un monstruo en el sentido literario más convencional; es un hombre joven con trabajo estable de diseñador, una pareja cariñosa, la Yoko, y una criatura recién nacida. La vida que ha edificado parece el antídoto ideal contra una infancia destrozada. Pero bajo esta superficie calma, bulle una violencia antigua que no ha desaparecido, una voz, una disociación, una neurosis, un pavor nocturnus. Lo que hace inquietante Pírcing no es tanto la brutalidad —que la hay— como la manera que tiene el autor de diseccionar el pensamiento obsesivo. Kawashima se vigila a sí mismo con una meticulosidad casi científica, y se instala una semana en un hotel del centro donde comienza a planificar un asesinato macabro. El hombre se analiza, se justifica, calcula riesgos. Murakami retrata con una frialdad clínica este mecanismo de racionalización: el protagonista llega a la conclusión de que, para preservar la familia, debe desviar el impulso destructivo hacia otro cuerpo. El razonamiento es delirante, pero la lógica interna es implacable.

Fascinación por la herida

A partir de aquí, la novela adopta la forma de espiral. Sabemos que habrá una víctima, una sensación muy hitchcockiana: el lector dispone de una información que los personajes ignoran, y esta asimetría hace que cada escena sea un pequeño dispositivo de angustia. Murakami trabaja con pocos espacios y aún menos figuras, lo que acentúa el efecto de cámara cerrada. Cuando aparece la Chiaki Sanada (Aya) —una prostituta sadomasoquista—, llega el contrapunto idóneo: si Masayuki es la violencia dirigida hacia afuera, ella representa la violencia contra el propio cuerpo (autolesión). Ambos se reconocen en la geografía del daño: son biografías marcadas por la humillación infantil que han convertido el dolor en un lenguaje habitual.

Hay en Murakami una fascinación evidente por la herida. Sus novelas, también Pírcing, funcionan como inventarios del trauma: enumeran las formas que puede adoptar la violencia en el mundo contemporáneo —la doméstica, la sexual, la psicológica— y muestran cómo estas grietas pueden crecer hasta ocupar toda una vida. En este sentido, el autor se inscribe en una línea literaria japonesa que no tiene miedo de explorar la degradación moral del presente, pero lo hace con una estética propia: seca, directa, sin ornamentos. Quizás lo más perturbador es la normalidad que rodea todo el conjunto. Kawashima podría ser cualquiera: tiene una existencia tan anodina que la brutalidad de sus fantasías se vuelve aún más perturbadora. Murakami sugiere que la frontera entre la vida ordenada y el abismo es mucho más frágil de lo que querríamos creer.

La novela es breve y avanza con una velocidad nerviosa, casi cinematográfica. Cuando llega el desenlace —brusco, cortante— la tensión se disuelve de golpe. Pírcing puede leerse como un thriller psicológico de terror (violento, sexual, criminal), pero también como un estudio incómodo sobre la manera cómo el dolor se transmite y se transforma. Ryu Murakami no busca tanto escandalizar como mostrar hasta qué punto las heridas mal cerradas siguen vivas bajo la piel de los personajes adultos. El resultado es una novela inquieta e inquietante, que avanza con la misma determinación que el objeto que le da título: lenta, precisa, penetrante.

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