Las primeras veces

¿Qué es el 'kama muta', la emoción que nos aprieta la garganta cuando leemos?

Es Castell
09/01/2026
Escritora y psicóloga
3 min

BarcelonaCuando era pequeña uno de mis libros favoritos era La isla de los delfines azules, de Scott O'Dell (publicado por La Galera, con traducción de Josep Vallverdú e ilustraciones de Isidre Monés), un libro de aventuras que relata la historia de la Won-a-pa-ley, una chica india que vive en una isla de la costa de California. Unos cazadores de nutrias exterminan a su tribu y los supervivientes son trasladados en un barco. El hermano pequeño, Ramo, queda en el suelo por accidente. Cuando ella se da cuenta, se tira al mar y vuelve nadando para estar con él.

Soy hija única y, por tanto, no sé qué es amar a un hermano. Pero ese gesto (tirarse del barco sin pensar en el peligro para no dejarlo solo) me llegó muy adentro. Y, cuando más adelante, el chiquillo aparece muerto y ella debe sobrevivir sola en aquella isla, se me cerró la garganta: "Toda la noche la pasé velando el cadáver de mi hermano sin dormir. Me prometí que volvería para matar a todos los perros salvajes de la caverna. Pensaba cómo lo haría... pero, sobre todo, pensaba en Ramo, mi hermano". Lloré tanto que no pude seguir leyendo hasta que me calmé.

El amor conmueve

Esta reacción tan física (la garganta que se estrecha, el llanto repentino, escalofríos) ha sido descrita por el antropólogo Alan Page Fiske y su equipo con el concepto de kama muta, un término que viene del sánscrito y que se traduce como "conmovido por el amor". Es una emoción que aparece cuando un vínculo se intensifica de forma repentina o cuando su pérdida se hace muy presente, en la realidad o en la ficción. No es sólo tristeza o empatía, sino una respuesta corporal ante la fuerza de un "nosotros" que emerge o que se rompe. La literatura, como el cine, la música o los rituales, dice el autor, tiene especial capacidad para evocar esta conmoción relacional. Y no es casual que estas prácticas culturales persistan: persisten precisamente porque son capaces de generar esa intensificación del vínculo.

Won-a-pa-lei cumple su promesa de matar a los perros salvajes, pero cuando malfiere la cabeza de la manada, decide llevárselo a la cabaña y curarlo. Rontu acaba siendo su compañero fiel muchos años, hasta que leemos: "Lentamente caminó hasta mí y cayó a mis pies. Le puse la mano en el pecho. Le oí los latidos del corazón, pero sólo bautizó dos veces. Dos latidos lentos, fuertes, sordos, como las olas de la playa... Y ninguna más. Lo enterré en el promontorio, con un bastón que yo le tiraba y él corría a atraparlo. Lo cubrí con piedrecitas de diferentes colores que recogí en la costa".

Aún ahora, después de tantos años, cuando lo vuelvo a leer, me emociona por igual. No porque la escena sea especialmente trágica (O'Dell tenía un talento especial para emocionar desde la sobriedad, sin histrionismo ni pornografía emocional), sino porque vuelve a activar esa experiencia de vínculo intenso y de pérdida irreparable. El kama muta no depende de la novedad, sino de la capacidad de recordarnos a un "nosotros" que importa, aunque, como es el caso, sea una historia de ficción.

Quizá por eso volvamos una y otra vez a los libros, a las canciones ya las películas que nos emocionan: porque nos hacen sentir parte de una relación y, aunque sea por unos instantes, no estamos solos. Y por eso es tan valioso el kama muta y, con este concepto, la literatura: una de las primeras prácticas culturales en las que aprendemos la intensidad y la fragilidad de los vínculos, incluso antes de tener las palabras para explicarlo.

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