Literatura

László Krasznahorkai: "Aún ahora me cuesta aceptar que haya tanta pobreza en el mundo"

El premio Nobel de literatura conversa con el traductor Adan Kovacsics en el CCCB

El premio Nobel László Krasznahorkai, en el CCCB
26/02/2026
3 min

Barcelona"Seguro que todos ustedes se han pedido alguna vez cómo deben pronunciar el apellido de mi amigo László", empezó, con una sonrisa afable, el traductor y escritor Adan Kovacsics, sentado junto al último premio Nobel de literatura. "Tengo la respuesta –continuó–. Hay que separarlo en dos partes, kraszna y horkai. Es una palabra de origen eslavo: krasny significa bonito, y horkai, colina". El "cerro bonito" que es László Krasznahorkai también sonreía el miércoles por la noche en el CCCB mientras su amigo aseguraba que la obra del autor de Tango satánico y Melancolía de la resistencia entronca con grandes clásicos como Dostoievski y Kafka y amplía el espectro de la novela contemporánea gracias a su exigencia, tanto en la forma como en el fondo.

Krasznahorkai ha querido recordar "la pasión" y "la proximidad" con su primer editor en castellano, Jaume Vallcorba, que en 2001 apostó por el primero de los ocho libros que Acantilado ha acabado publicando. "Vallcorba tenía mucho temperamento, pero cuando se sentaba con sus autores, todos entendían que el proyecto iba más allá de los pequeños problemas que pudieran surgir", continuó. Kovacsics conoció a Krasznahorkai el mismo año que había conocido a Imre Kertész. "Imre te admiraba mucho, y tú me dijiste que también lo tenías en muy buen concepto", aseguró. "Kertész era una figura indescifrable, un intelectual húngaro al que habían querido matar de joven –dijo Krasznahorkai–. En el 2002 le llamaron de la Academia Sueca para decirle que había ganado el Nobel. No cambió nada. Algo era menos, era sociable y tenía una gran vitalidad. sentía hacia los comportamientos burgueses. Sin destino, el padre pregunta al hijo qué siente y él dice una única palabra: odio. Quien no se emocione con esto, que deje de leer literatura".

Un Nobel siempre insatisfecho

En relación a Gyula, el pueblo donde creció a partir de mediados de la década de los cincuenta, explicó que le dolía ver tanta miseria a su alrededor. "Aún ahora me cuesta aceptar que haya tanta pobreza en el mundo –dijo–. Siempre que alguien me pide limosna, le doy". Krasznahorkai también hizo memoria sobre la "insatisfacción perpetua" en relación a su literatura. "Tango satánico no me convenció, y por eso escribí un segundo libro, y luego un tercero... hasta ahora", aseguró. "En tus novelas hay figuras como el inocente, el profesor y la víctima, pero también los ángeles y los falsos profetas", apuntó Kovacsics. "Como he querido corregir los errores de los libros", el escritor. En relación con las frases largas que abundan en su literatura, aseguró que son una forma de "mantener los sentimientos y la pasión" por los temas que toca. "No necesito trocear el lenguaje", añadió. Herscht 07769, construida con una sola frase de 400 páginas.

"Sin las víctimas inocentes que sufren, el mundo no existe, porque no sólo el mal forma parte de nuestro mundo, sino también el bien más absoluto y puro", dijo Krasznahorkai más adelante, antes de que Kovacsics recordara a algunos de los asistentes que Oriente es tan o más importante que la descripción de una Hong. "Todo empezó cuando, aún en la década de los 80, un amigo me invitó a Ulaanbaatar para ver una conferencia sobre Genguis Kan –dijo el escritor–. Aquella aventura continuó cuando fuimos a Pekín en tren. Gracias a esa experiencia descubrimos que no hay una única visión del mundo, sino que ésta depende". Desde entonces, Krasznahorkai ha vivido temporadas en China y Japón, y del contacto profundo con sus culturas han salido maravillas como Y Seiobo descendió a la tierra (Acantilado, 2015). "Seiobo es una diosa que aparece cada 3.000 años, da un melocotón al emperador, que es el símbolo de la inmortalidad, y vuelve a desaparecer durante otros 3.000 años", reveló.

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