Literatura

"Te puedes encontrar un ángel mientras vas a comprar"

László Krasznahorkai, premio Nobel de literatura 2025, elige Barcelona para realizar el primer acto con público después de recibir el prestigioso galardón el pasado octubre

El escritor húngaro László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).
25/02/2026
5 min

BarcelonaLa alegría con la que László Krasznahorkai (Gyula, 1954) recibió la noticia del premio Nobel de literatura el pasado octubre quedó teñida rápidamente de angustia. "De repente, todo el mundo quería hablar conmigo: me felicitaban, me pedían entrevistas, aunque muchos de esos periodistas nunca me habían leído, e incluso recibí una carta del pueblo donde nací en la que me invitaban a pagar un nuevo puente de madera que necesitaban", recuerda en Barcelona, ​​meses después de ese momento. "Lo único que quería era desaparecer", insiste. No pudo hacer realidad ese sueño hasta enero, poco después de haber leído el discurso del Nobel en Estocolmo, en el que a partir de la voluntad de abordar "la esperanza" acababa rescatando una anécdota personal vivida en el metro de Berlín a principios de la década de los 90: aparecía un sintecho orinando con grandes dificultades en un rincón en un rincón con grandes dificultades en un rincón de darse cuenta de la infracción, le perseguía por detenerlo.

Krasznahorkai quizá sea el más beckettiano de los autores contemporáneos. En novelas como Tango satánico (1985; en catalán en Cráter, traducido por Carles Dachs) y El barón Wenckheim vuelve a casa (2016; en castellano en Acantilado, traducido por Adan Kovacsics) existe una mezcla explosiva de atmósferas apocalípticas, pobreza y desesperación con un sentido del humor sutil, camuflado en las frases, a menudo interminables, del escritor. No es extraño, por tanto, que el malestar se adueñara de él cuando se hizo pública la concesión del Nobel, con más matices, en todo caso, que cuando el jurado se le notificó a Beckett en 1969: el dramaturgo y novelista irlandés lo calificó de "catástrofe".

¿Un autor difícil?

"Escribo dentro de mi cerebro durante todo el día, y solo de vez en cuando lo paso en papel. Me resisto a los ordenadores y la tecnología, y seguiré así hasta el final de mis días –reconoce Krasznahorkai–. No puedo dejar de escribir, pero no sé si vale la pena que publique nada más. El mundo no necesita más libros míos". El anuncio del Nobel llegó semanas antes de que el escritor publicara su último libro, A magyar nemzet biztonsága - Vadászat pillangóra, título que en catalán se puede traducir más o menos así: La seguridad de la nación húngara - La caza de mariposas. "Es evidente que el tema del libro no tiene nada que ver con la primera parte del título", dice bromeando ahora.

Entre los compromisos que tuvo que cancelar entonces estaba la visita al CCCB para protagonizar una conversación con Miquel de Palol. Ha podido reanudar el encuentro con los lectores barceloneses ahora, aunque en un formato diferente: el diálogo finalmente está con su traductor al castellano y amigo Adan Kovacsics. "Es la primera aparición pública internacional de Krasznahorkai, y quiero agradecerle especialmente que haya escogido Barcelona y el CCCB –comenta Judit Carrera, directora de la institución–. Si ha tomado esta decisión es porque hay una larga relación entre la ciudad y el escritor, que empezó en el 2001, cuando Acantilado publicó Melancolía de la resistencia [1989], la primera de las ocho obras que ha dado a conocer hasta ahora". En mayo llegará la novena, Herscht 07769 (2022), construida como una única frase de 400 páginas.

"Debemos dejar de lado la dificultad de los libros de Krasznahorkai –asegura Sandra Ollo, editora de Acantilado–. Debemos atrevernos a entrar en la experiencia de leer una obra tan interesante, tan llena de pensamiento y de humor, que nos sumerge en una nebulosa única y estimulante". "Krasznahorkai tiene algo que sólo los genios saben hacer, que es hacer accesible o incluso fácil la transmisión de ideas tan continuas –continuará en catalán–. De entre todas las virtudes de su literatura destacaría la empatía de su flujo de pensamiento, que brota incesantemente y nunca se detiene".

El secreto del apocalipsis

En la rueda de prensa celebrada en el CCCB este miércoles al mediodía, el escritor húngaro ha querido recordar su vida en Hungría durante la etapa socialista, el descubrimiento de la libertad –con matices– del mundo occidental y la amistad con el cineasta Béla Tarr, con quien trabajó en películas como Las armonías de Werckmeister y El caballo de Turín. "En las últimas semanas de vida de Béla las pasé a su lado, cuidándole lo mejor que supe, y cuando murió le coloqué una mano en la frente para despedirme –hace memoria–. Nos habíamos conocido en 1985, poco antes de que yo publicara Tango satánico. Había leído una versión mecanoscrita que yo le había pasado, y vino corriendo a casa para explicarme qué le había parecido. Empezó a golpear la puerta como un loco para que la abriera. Me costó llegar, porque en aquellos momentos dormía la mona".

De joven, Krasznahorkai llevó una vida itinerante, haciendo oficios muy diversos, hasta que descubrió la vocación literaria. "Entonces veía que la revolución radical era el único camino –dice ahora–. Creo que había que ir en contra de todo lo que nos humilla. Aún pienso lo peor de la raza humana, pero me resisto a quedarme en ese estado de rabia. Aunque pasamos por momentos oscuros, siempre acabamos encontrando una salida". Fue Susan Sontag quien definió Krasznahorkai como el "maestro del apocalipsis". "Me gustó que utilizara la palabra apocalipsispero encuentro exagerado que me dijera maestro –afirma–. Por otra parte, parece que yo provoque el apocalipsis, con mi literatura, y no tengo ninguna voluntad". El autor de Tango satánico ha reflexionado mucho sobre esta palabra a lo largo de los años y ha llegado a esta conclusión: "El mundo no se acaba, con el apocalipsis. Es una dinámica continua, que se perpetúa. Implica caer y volver a levantarse para caer una vez más. El apocalipsis no debe llegar, la tenemos aquí ahora mismo, y no empezó ayer".

Hasta que no salió por primera vez de Hungría cuando ya había cumplido los 30, Krasznahorkai creía que su país, aún en pleno régimen socialista, era el mundo. "Cuando atravesé la frontera entre Hungría y Austria me di cuenta de que ni el cielo ni el césped de mi país tenían color –recuerda–. Occidente pasó a representar la libertad, a partir de ese momento, aunque no fuera tan ideal como esperábamos". El autor cambió Hungría por Alemania al poco, y desde allí ha vivido en varios países, siempre evitando un retorno definitivo al lugar en el que creció. "Mi patria me parece horrible –dice–. Durante mucho tiempo creía que podía desnudar esa palabra de sentimiento, pero desde hace años se ha convertido en un objeto pegajoso y sucio".

Krasznahorkai lleva décadas sintiendo que es un escritor "sin casa". Imre Kertész, el otro premio Nobel de literatura húngaro, como judío que durante la Segunda Guerra Mundial estuvo encarcelado en varios campos de concentración nazis, se había quedado "sin destino". "En Hungría se acercan las elecciones. Pasarán cosas graves –pronostica, en relación a la posible victoria del ultraderechista Viktor Orbán–. Si el gobierno no cambia, recomendaría a los húngaros que huyan del país".

El escritor ha encontrado desde hace décadas un refugio contra los múltiples desencantos: el amor por "el arte de calidad" –que nada tiene que ver "con la basura que se hace en Hollywood", matiza– y la escritura incesante, gracias a la cual ha publicado una quincena de libros. "En mis novelas siempre aparecen ángeles –dice–. A Tango satánico, el ángel es una niña. En Melancolía de la resistencia, un cartero. En Guerra y guerra [1999], el archivero de una ciudad pequeña. Hay un parecido entre todos ellos, porque están desamparados y siempre acaban cayendo". En el discurso de recepción del Nobel, los ángeles también se asomaron: "Los ángeles han muerto, pero se resisten a desaparecer –admite en el CCCB–. Puedes encontrarte un ángel mientras vas a comprar. El problema es que los ángeles de hoy ya no llevan ningún mensaje, y tú tampoco tendrás ninguno para ellos".

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