Martí Gironell se adentra en los secretos de los bosques y jardines del Ampurdán
El escritor publica 'Malaveïna', una novela que contrapone el mundo de los condes del castillo de Peralada con la sabiduría ancestral de las mujeres sanadoras
PeraladaMartí Gironell vuelve a las librerías con Malaveïna, una nueva novela histórica editada por Columna que apunta muy alto. El autor garrotxí deja atrás las peripecias de los monjes y escolanes de Montserrat del último libro para sumergirse ahora en la historia de los jardines del majestuoso castillo de Peralada, en el Ampurdán, que los condes Antoni y Tomàs de Rocabertí hicieron construir en 1877. La novela, manteniendo el hilo de la naturaleza como denominador común, conecta los jardines de los condes con el personaje legendario de la Malaveïna, una curandera de los campos de Garriguella, símbolo de la sabiduría atávica, que tomaba flores y plantas para curar a los enfermos de la comarca.
El libro se articula como una contraposición entre dos mundos. Entre dos maneras de entender y relacionarse con la naturaleza. Por un lado, los jardines señoriales como metáfora del poder, el control, el progreso y el saber institucional. Por otro, las plantas y los árboles silvestres que crecen libremente en el bosque y son una fuente de conocimiento popular que muchas mujeres, a menudo tachadas de brujas, han transmitido de generación en generación. Los jardines de Peralada los diseñó el paisajista François Duvillers, por encargo de los hermanos Antoni y Tomàs, que venían de París y regresaron al Ampurdán tras la muerte de su padre. Y la historia de la curandera Malaveïna parte de la leyenda que explica el origen de los campos de Garriguella, donde hoy la bodega de Peralada produce un vino muy preciado con el mismo nombre.
"Son dos relatos, un diálogo entre dos lenguajes. El de las flores y las plantas vistas para dar sensación de elegancia y poder, y el del saber que utiliza las plantas y las flores para curar", explica Martí Gironell, que en todo el libro muestra un interés especial por poner en valor y reivindicar desde la actualidad la sabiduría ancestral de las plantas medicinales, muchas veces demonizada.
Una novela documentada para entender la realidad
Hace diez años que Gironell empezó a interesarse por la historia del castillo de Peralada a través de Jaume Barrachina (1951-2020), entonces director del museo del complejo. Durante todo este tiempo, el escritor se ha dedicado a documentarse para dotar a la ficción de verosimilitud (que no de veracidad académica), siguiendo el método habitual de sus últimos trabajos: "La documentación te permite escribir una novela histórica sobre cosas que quizás no pasaron pero que podrían haber pasado así perfectamente. Partes de elementos reales y los haces jugar en la ficción. Y una ficción bien documentada sirve para entender la realidad", argumenta el escritor. En este caso, ha consultado un montón de libros de la biblioteca del castillo y también ha visitado a mujeres especialistas en el arte de las plantas medicinales.
Las dos líneas narrativas de Malaveïna no son independientes, sino que se entrecruzan y se enlazan a través de las ramificaciones y las relaciones de los personajes, todo ello aderezado con una historia de amor prohibido entre Antoni y una joven plebeya, que aporta tensión dramática a la trama.
Dentro de las historias secundarias que enriquecen el relato, aparece una figura real, muy interesante y bastante desconocida, que vale la pena dar a conocer. Es Antoni Balmanya, un maestro de Espolla y referente de la educación del siglo XIX que, motivado por la filantropía de los condes, estableció en Peralada una escuela de artes y música absolutamente pionera para los niños del pueblo, acostumbrados hasta entonces solo a trabajar la tierra. "Me sorprendió que ya en el siglo XIX se plantara la semilla de lo que será muchos años después el Festival de Peralada, que impulsará la familia Suqué Mateu", recuerda Gironell, quien, de manera velada, en diversos pasajes establece una continuidad histórica entre el pasado y el presente del castillo ampurdanés.
Reconectarse con el paisaje a través de la literatura en catalán
El autor construye la novela con una prosa clara y fluida, trenzando con eficacia los diálogos y las situaciones para no perder nunca la atención del lector. Sin ser una escritura barroca ni enrevesada, el léxico es especialmente rico y genuino, ya que, al reivindicar la manera de entender el mundo de las curanderas, Gironell inevitablemente también reivindica todo un lenguaje: expresiones, acciones, utensilios, flores, especias y recetas, propios de un paisaje y una época, que hoy se encuentran en desuso. "Follar el raïm" (pisar la uva), en referencia a la acción de pisarla a la manera tradicional para extraer el mosto, es un claro ejemplo. "Para mí es muy importante enriquecer el relato literario con toda esta diversidad de adjetivos, de nombres, de verbos que llevan al lector a ir a buscar cómo se preparaban estos remedios. El libro quiere ofrecer la posibilidad al lector de reconectarse, a través de la literatura en catalán, a un paisaje muy nuestro que muchas veces dejamos de lado", concluye Gironell.