El notable ejercicio de libertad creativa de Mar Bosch
La escritora gerundense confirma en 'Lecciones de abismo' que es una autora imaginativa y con un interesante mundo propio
- Mar Bosch Oliveras
- Editorial Empúries
- 240 páginas / 19,90 euros
Hay dos tipos de escritores, los que tienen imaginación y los que no lo tienen, sin que esto determine su valía literaria. Tienen quienes son capaces de ensanchar la realidad y crear mundos regidos con reglas propias. Que Mar Bosch Oliveras (Girona, 1981) era una autora imaginativa y con lo que se llama "un mundo propio" ya lo sabíamos por novelas suyas Vendrás conmigo después del diluvio (Comanegra, 2018) o La mujer efervescente (Univers, 2020), y los cuentos reunidos en Lecciones de abismo lo confirman.
Se da el caso de que este libro puede parecer en un primer vistazo un ejercicio brillante de escuela de escritura –de hecho, actualmente la autora trabaja en el Aula de Escritura Vicenç Pagès Jordà de Girona– y es probable que muchas de las ideas le hayan venido en el marco de su trabajo. Pero como quien esto firma entiende la literatura como un laboratorio donde todos los experimentos están permitidos, lo que importa es el resultado y éste es notable.
Escribir sin apremios de ningún tipo
Lecciones de abismo desborda libertad creativa. La autora ha dejado que la pluma se deslice sin apremios de ningún tipo y planta ante los lectores artefactos que a menudo no responden a la lógica del relato, lo que justamente les hace más interesantes. Encontramos muestras de microficción, maridos que huyen, un escritor que se dedica a la matanza del cerdo e, incluso, pensamientos de un cojo que piensa en verso. Todo esto precedido por dos notas de la autora en las que nos hace saber que el título lo ha sacado de Julio Verne y que se lanza a compartir con nosotros grietas que se abren en la vida cotidiana.
El libro está salpimentado de arriba abajo con las notas al pie escritas por una segunda voz, en este caso disruptiva, con bastante mala leche y que hace reír a menudo. Otros libros de ficción las han utilizado, como por ejemplo La broma infinita, la gran novela de David Foster Wallace, un autor que parece cercano a la autora. Así, ante un cuento que habla del aburrimiento, la nota dice: "Soy socio honorario del club de fans de la palabra tedio. Recuerdo la primera vez que la oí. Me parecía el nombre de un tipo de esos que salen en las pelis de terror adolescente. Suele ser un gracioso y negro o un estúpido promiscuo y blanco. A los Teddys suelen matarles antes que a nadie. Cuando son felices haciendo algo propio de aquellos que se hacen antes de morir. Entonces mueren. A continuación una rubia suele gritar: «¡Teddy, Teddy! ¡Oh! ¡No! Teddy!»" En el último cuento, Autoficción, que también podemos leer como un epílogo, conocemos la relación entre la autora y el "notalpeuador". Y aquí entendemos el porqué de la crítica desgarradora, el comentario mordaz y el desprecio frecuente por las elecciones de la autora.
Confieso que me gustan más los cuentos cortos que los largos, quizás porque en la literatura imaginativa cuesta más que estos últimos mantengan el impulso. Pero debo decir que Mar Bosch sale con nota en relatos extensos como Una sirena varada, la historia de la desaparición de una mujer que conocemos mediante diversos puntos de vista, desde el pintor que la pinta hasta el niño de los vecinos que le idolatra. "Es curioso como Mara llamaba la atención de la gente, ¿no cree? ¡Una sirena! ¡Qué cosas! Estaba convencido de que en las manos tenía lentejuelas que se apresuraba a cubrir dentro de los bolsillos. Yo le contesté la verdad, que tenía psoriasis. Que se gastaba lo que no estaba escrito en cremas. Y el niño duro."
No entra en Lecciones de abismo buscando nada que no sea literatura experimental y el gozo de narrar por narrar. Si lo hace, no entenderá nada. Por el contrario, si entra libres de prejuicios, disfrutará de lo lindo.