Las primeras veces

¿Qué pasa cuando los escritores leen un texto suyo escrito años atrás?

La escritora Sally Rooney
07/05/2026
Escritora y psicóloga
2 min

Hace tiempo hablé con la escritora Elisenda Solsona de una sensación compartida: la disociación que a veces tenemos los escritores cuando leemos un texto propio escrito tiempo atrás. Es una sensación extraña porque sabes que lo has escrito tú, pero no te reconoces en él, como si lo hubiera escrito alguien otro. Esta disociación también aparece cuando un lector te habla de algún libro o artículo, o te descubre una intención que no recuerdas, o de la que no eras consciente de haber puesto.Esta semana he leído Intermezzo, la última novela de Sally Rooney. La edición en catalán de Periscopi (con traducción de Ferran Ràfols) incluye unas cuantas críticas elogiosas sobre la obra y la autora. A pesar de que el libro me ha gustado mucho, leyéndolas he sentido de nuevo la disociación, como si yo hubiera leído un libro y ellos otro. Zadie Smith, una de las autoras del listado, lo describe bien: pocos imitadores se acercan al nivel de Rooney, y aún menos críticos entienden qué ocurre de verdad en sus novelas. Me pregunto si Rooney debe vivir esta disociación amplificada: miles de lectores construyendo un libro que no acaba de parecerse a lo que ella tiene en la cabeza.En 1981, la artista francesa Sophie Calle creó la obra La filature. Calle pidió a su madre que contratara a un detective privado para que la siguiera un día entero. Ella, mientras tanto, escribía un diario con todas las impresiones del día. Cuando puso en común las fotos y observaciones del detective con su propio material, le impactó la discrepancia entre la mirada externa y la vivencia íntima. Calle se preguntaba quiénes somos y cómo casan estas dos experiencias en la propia identidad. Quienes escribimos, quizás, hacemos esta filatura pero al revés: dejamos rastros para que alguien (un lector o nosotros mismos en el futuro) nos siga y nos devuelva una versión nuestra que ya no reconocemos.La disociación, ¿problema u oportunidad?

El filósofo británico Derek Parfit defendía que la identidad personal no es absoluta sino cuestión de grados: no somos la misma persona que éramos, sino alguien conectado con aquella persona, más o menos según cuánto hayamos cambiado. La regeneración de las células del cuerpo acompañaría esta idea: la piel, los huesos o la sangre se renuevan continuamente, pero la mayoría de neuronas nos acompañan toda la vida. Así que el cerebro que pensó aquel texto continúa siendo el mismo, pero el cuerpo que lo escribió, no. Quizás es la condición de toda escritura publicada, y la disociación no es un problema sino una oportunidad de encuentro. El texto es el lugar donde dos lectores coinciden sin haber leído del todo el mismo libro, y donde los escritores saludan a un yo pretérito, un cuerpo que ya no existe, desde el otro lado del tiempo. Quizás escribir consiste precisamente en esto: aceptar que nuestra identidad acaba siempre en manos de alguien otro, incluso cuando ese alguien somos nosotros mismos.

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