Literatura

Pecados, corrupción y la magia de los canteros: los secretos de la Lonja de Valencia

La construcción del edificio gótico y los cambios de la Valencia del siglo XV protagonizan la nueva novela de Juan Francisco Ferrándiz

Juan Francisco Ferrándiz en la Lonja de Valencia
hace 24 min
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ValenciaEn pleno centro histórico de Valencia, frente al Mercado Central y muy cerca de la iglesia de Santa Catalina, se alza un edificio gótico que desconcierta al visitante. Alguien puede pensar que es un templo, pero en realidad es la Lonja de los Mercaderes. En la entrada abundan las figuras satíricas y obscenas, como hombres y mujeres tocándose las zonas genitales y pájaros espirocando culos. En la puerta de salida, en cambio, todo es armonía. Al escritor Juan Francisco Ferrándiz (Cocentaina, 1971) le fascina tanto este edificio gótico que le ha inspirado para escribir un libro sobre su construcción a finales del siglo XV: La Lonja de la seda (Rosa dels Vents / Grijalbo), que Josep Alemany e Imma Falcó han traducido al catalán.

Mientras se pasea por la sala de columnas inacabables, el autor de El juicio del agua (2021) y La heredera del mar (2024) explica por qué la escogió para escribir un libro. Ve el imponente edificio construido para que los mercaderes pudieran hacer negocios "como un purgatorio". "Siempre me ha sorprendido la armonía de la Lonja. Notas que hay una voluntad que se asemeje a una iglesia, que tenga esa cosa mística. Quién sabe si se inspiraron en el Viaje al purgatorio, de Ramon de Perellós [de finales del siglo XIV], donde se describe una sala de columnas similar. La Lonja podría ser ese espacio de transición donde el mercader se purifica del pecado de la usura", explica Ferrándiz.

El novelista también defiende que los constructores tomaron como modelo la Casa del Bosque del Líbano que el rey Salomón hizo construir cerca del templo de Jerusalén. En definitiva, para el autor, la Lonja es el monumento al cambio de mentalidad del siglo XV: la idea de que el esfuerzo y el talento permiten prosperar, que ganar dinero no es pecaminoso y que el destino no lo ha de marcar ni la familia ni el lugar donde has nacido.

En una de las salas, el escritor se detiene ante una de las piedras "encarnadas" traídas de Mallorca: es la clave de un caso real de corrupción que Ferrándiz recoge en la novela. "Debido a un precio desorbitado, alguien se preguntó: «¿Qué está pasando aquí?». Empezaron a investigar y encontraron facturas infladas y maquillaje contable. Es un caso de corrupción histórico protagonizado por Pere Sancruïlla. Parece que la corrupción formaba parte de nuestra idiosincrasia valenciana desde siempre", comenta el autor con ironía. El edificio ha vivido mil vidas: desde centro del comercio de la seda hasta cuartel militar, mercado de numismática y escenario del entierro civil de Blasco Ibáñez. Hoy continúa en pie como un recordatorio del trabajo que hicieron los picapedreros valencianos para construir un edificio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Una acusada de brujería y una beata

Los canteros y todo lo que implicó levantar un templo para las actividades del hombre y no para venerar a Dios forman parte de la trama del novelista y abogado valenciano. A través de personajes reales, como Joan Ibarra y Pere Compte, que fueron los constructores de la Lonja, y otros ficticios como la Francesca, Ferrándiz explica la construcción del edificio. Aunque Pere Comte es el nombre más reconocido, la historia revela otras figuras como Francesc Baldomar, el ideólogo del edificio, y que según Ferrándiz dotó a la arquitectura valenciana de una simbología única. Al novelista le fascina Ibarra porque era un desconocido y, aun así, lo pusieron al mismo nivel que Compte. "Ibarra debía poseer una pericia que lo hacía indispensable para una obra de tal magnitud", dice.

Las mujeres protagonistas sí que son producto de la imaginación del autor. La Francesca, la mujer de Iborra, es perseguida y acusada de brujería. "Los valencianos estamos influidos por la magia morisca. He querido mostrar esta sabiduría ancestral de las mujeres valencianas, conocedoras de oraciones y rituales que han durado siglos. Todavía hoy, en pleno 2026, se hacen encuentros donde las mujeres intercambian oraciones y mezclan el cristianismo con raíces mucho más antiguas", explica Ferrándiz. La otra mujer, la Lucrècia, encarna la nobleza inmóvil y llena de prejuicios. Lucrècia también representa la beatería llevada al extremo. En el paseo por los escenarios de la novela, el autor se detiene en la iglesia de Santa Caterina, donde en la Edad Media había mujeres que voluntariamente se emparedaban. "Justo en el muro, hacían levantar un añadido y se encerraban allí, prácticamente sin espacio para moverse. Les daban de comer por un orificio y tenían una pequeña ventanita para seguir las misas y morían allí", explica.

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