San Jorge y los libros, una historia centenaria
La diada se celebra desde el siglo XV, y a partir de 1931 se incorporó la Fiesta del Libro
BarcelonaDurante la presentación del libro La intriga del funeral inconveniente, Eduardo Mendoza levantó bastante polvareda al pedir que san Jorge desaparezca de la fiesta: "Estoy haciendo una campaña para que se deje de relacionar el 23 de abril con san Jorge –aseguró–. Para mí es el Día del Libro y punto. San Jorge era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer. No es el patrón de los escritores ni nada de eso. Es un tipo que se ha apropiado de la fiesta", aseguraba. Este miércoles, Mariscal le daba la razón. Lo cierto es que San Jorge tiene muchos más siglos que la Fiesta del Libro.
Hay cierto debate sobre el origen de la leyenda del caballero. "Tiene el origen dentro del imperio bizantino y se popularizó con las cruzadas. La difusión fue muy rápida en Occidente, y Cataluña lo adoptó como patrón, pero también Aragón e Inglaterra", explica el historiador Àngel Casals. "En el siglo XV, la Diputació del General (la Generalitat) ya conmemoraba la fiesta con una misa. Era una festividad muy importante, y si coincidía que el rey estaba en la ciudad, se le invitaba. En aquel momento todas las fiestas eran religiosas, pero esta era la más laica de todas; era un día festivo y se aprovechaba para hacer un mercado de flores", añade Casals. Las rosas rojas adquirieron popularidad, porque se mezclaba el episodio de la sangre del dragón transformada en un rosal con la metáfora cristiana de la sangre de Cristo convertida en una rosa. La feria de flores se hacía en el Pati dels Tarongers de la Generalitat, y se conocía como la Feria de los Enamorados.
La propuesta de convertir esta jornada en fiesta de precepto la formuló la Generalitat en 1436 en las Cortes, pero no se hizo efectiva hasta 1456. Después de la derrota de 1714, la festividad desapareció y no se volvió a instaurar hasta 1810. "Se recuperó en el siglo XIX y se asociaba con el día de los enamorados", dice el historiador. Con la Renaixença, la recuperación de la lengua y la cultura catalanas se volvió una prioridad, y se dio mucho impulso a Sant Jordi. La popularización definitiva del costumbre de regalar rosas llegó con la Mancomunitat, en 1914, fecha en que se restabliló la feria en el Palau de la Generalitat. "Con la dictadura de Primo de Rivera, la festividad de Sant Jordi desapareció", dice Casals.
Iniciativa de un valenciano devoto de Cervantes
Pero fue en aquella dictadura (1923-1930) que los libros empezaron a salir a la calle. "Fue iniciativa de un valenciano, Vicent Clavel Andrés, que era editor y tenía la editorial Cervantes, que trasladó a Barcelona. Era un devoto de Cervantes y propuso promocionar los libros con un día especial, el 7 de octubre, que era el día aproximado del nacimiento de Cervantes, porque no se sabía con certeza", asegura el filólogo Manuel Llanas. La iniciativa tuvo mucho éxito y fue aprobada por la Cámara del Libro en 1926. "En Cataluña tuvo mucho éxito comercial, y los editores se sumaron con entusiasmo poniendo puestos en la calle. En el resto de España no tuvo tanta repercusión. En Madrid, por ejemplo, se optó más por conferencias y conmemoraciones, pero no tuvo tanto éxito comercial", explica Llanas.
"El problema es que el 7 de octubre coincidía con el inicio del curso escolar, cuando también se vendían los libros de texto, y se decidió trasladar la fiesta a la fecha del entierro de Cervantes, el 23 de abril. Se oficializó en 1930, pero la primera vez que coincidieron Sant Jordi y el Día del Libro fue cuando ya se había proclamado la Segunda República, el 23 de abril de 1931", añade Llanas. La Fiesta del Libro continuó durante toda la dictadura de Franco, pero sin hacer mucha mención a Sant Jordi. Con la transición democrática, especialmente a partir de 1976-1977, la festividad se recuperó progresivamente en el espacio público. El restablecimiento de libertades políticas y culturales permitió que Sant Jordi volviera a ser una celebración masiva en las calles, con puestos de libros y rosas, y con una fuerte dimensión cívica e identitaria catalana. Todo ello hace que sea una celebración singular, diferente de una feria del libro convencional.