Por qué Sigmund Freud cambió nuestro mundo para siempre
Fragmenta publica en catalán la excelente biografía de Stefan Zweig sobre Sigmund Freud, padre del psicoanálisis
- Fragmenta
- Traducción de Marc Jiménez Buzzi
- 128 páginas / 15 euros
El austríaco Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, 1942) es un escritor agradecido editorialmente. Después de unos años de olvido, el éxito gozado en vida resucitó con el cambio de siglo, convirtiéndolo en un habitual long-seller, en un referente del "mundo de ayer" y en un ejemplo icónico de la destreza del fallecido Jaume Vallcorba (Barcelona, 1949-2014), fundador de las editoriales Quaderns Crema y Acantilado, para consolidar un catálogo estelar con la justa mezcla de recuperaciones y novedades. Por tanto, era lógico esperar que, a partir de enero del 2023, con el paso de su obra a dominio público, fueran muchos los sellos que, como ha hecho Viena en su colección Pequeños placeres con (de momento) cinco títulos, pero también editoriales como Ediciones de 1984 y La Segunda Periferia, incorporarían su nombre.
De todo este juego de intereses y derechos, el principal beneficiario es el lector y, en este caso concreto, el lector en catalán. Porque Sigmund Freud –una de las tres biografías que conformaban el original Heilung durch den Geist (1931, que se puede traducir como "La curación a través del espíritu")– era hasta ahora inédito en nuestra lengua y su calidad le sitúa, como mínimo, al nivel de su clásico Fouché (Cuadernos Quema). El escritor Francesc Serés es aún más entusiasta en las redes sociales y le describe directamente como "el mejor libro de Zweig". Hay razones suficientes para coincidir.
Siguiendo su inconfundible estilo habitual, la aproximación al padre del psicoanálisis nos sitúa al personaje en un contexto histórico determinado y, gracias a una prosa tan precisa como desacomplejada –excelentemente traducida por Marc Jiménez Buzzi–, va desarrollando una interpretación personal de la significación del hombre y de su obra. Ahora bien, lo que más interesa a Zweig es contraponer el carácter, la voluntad y la coherencia de Sigmund Freud (Príbor, 1856 – Londres, 1939) frente a la medicina contemporánea y, sobre todo, frente a la sociedad vienesa de la época. Como explicita el autor austríaco, "la ignorancia engendra siempre la dureza", concretada en tratamientos crueles, en el menosprecio al género femenino (la histeria y la melancolía como diagnóstico) y la crueldad de la hipocresía y la doble moral; pero también en el arrinconamiento y las burlas hacia sí mismo por parte de los colegas.
Entender y curar a los pacientes
Y es que el psicoanálisis amenazaba el espejismo de la singularidad humana. De repente, aquel ser que, vanitosamente, se había autocalificado doblemente como Homo sapiens sapiens ya no era el centro del mundo (Copérnico), ni de la creación (Darwin) y, por si fuera poco, tampoco se regía por su racionalidad o por su pudor. No es tanto que Freud descubra la irracionalidad y la sexualidad, como su verbalización y, a partir de ahí, el esfuerzo sistemático por entender los mecanismos, la relevancia y la significación de estas pulsiones. No siempre lo hará acertadamente, pero sí lo hará sistemáticamente y de forma –excesivamente, según Zweig– generosa.
Su método implacable avanza en el conocimiento de la psique para ayudar a sus pacientes, sin hacer caso de presupuestos o buenas costumbres. Su investigación quiere entender y así curar a sus pacientes. Ahora bien, estos avances tienen innegables consecuencias tanto en el ámbito médico y de la salud como en la misma concepción y autopercepción humanas: "Porque cuando uno ha aprendido a comprender al ser humano en uno mismo, lo comprende en todos los demás". La cesura histórica personificada por Freud quizás sólo tiene comparación con la revolución que, en esas mismas fechas, vive la física. En ambos casos y de la mano del conocimiento, nuestro mundo cambió para siempre.