Crónica periodística

Patrick Radden Keefe hace de la muerte de un chico de 19 años un relato de la decadencia moral de Londres

El autor de 'No diguis res' y 'L'imperi del dolor' expone una tragedia familiar y la negligencia de Scotland Yard en su nuevo libro, 'London falling…'

Patrick Radden Keefe, martes por la noche, en la Royal Geographical Society de Londres, firmando ejemplares de los años.
07/05/2026
5 min

LondresEn febrero de 2024, el escritor y periodista Patrick Radden Keefe publicó un artículo en The New Yorker –escribe allí desde 2006– titulado A teen's fatal plunge into the London Underworld (La caída mortal de un adolescente en los bajos fondos de Londres). Con su estilo habitual, que mezcla el rigor de la mejor investigación periodística con una escritura que atrapa al lector, Radden Keefe abordaba la muerte, en noviembre de 2019, de un chico de 19 años, Zac Brettler, segundo hijo de una familia acomodada del oeste de Londres.

Aquel texto de The New Yorker es la base del nuevo libro del aclamado Keefe, London falling. A mysterious death in a gilden city and a family's search for truth (La caída de Londres: una muerte misteriosa en una ciudad dorada y la lucha de una familia por la verdad), que acaba de publicarse en la versión original en inglés (en catalán lo publicará Periscopi en otoño). En el libro, con un título que recuerda al de la canción London calling de The Clash, el escritor norteamericano convierte la muerte de Brettler en una ventana para manifestar lo que considera la transformación moral de Londres en la era de la riqueza global y el dinero opaco.

Las circunstancias del deceso nunca se han aclarado. La investigación policial determinó un "posible suicidio" pero fue una "conclusión abierta". No se sabe por qué saltó al vacío. "No creo que Zac se suicidara, pero tampoco creo que fuera asesinado en un sentido convencional", sostiene el autor. Más bien cree que "se lanzó desde aquel balcón porque la idea de arriesgarse con un salto al Támesis era una alternativa mejor que lo que le esperaba en el interior del piso", un apartamento de 4,5 millones de libras en la orilla norte del Támesis, enfrente de la sede del MI6. Las cámaras de los servicios de inteligencia británicos registraron los hechos. Zac estaba solo en el balcón. Pero no en la vivienda, como también se puede comprobar en las imágenes.

Rachelle y Matthew, los padres de Zac, se embarcaron en una búsqueda obsesiva para reconstruir qué pasó aquella noche. En el proceso descubrieron que su hijo era, en buena parte, un desconocido: a lo largo de los años había construido una doble vida en la escuela basada en "mentiras compulsivas". Se hacía pasar por hijo de un oligarca ruso, afirmaba que su padre eratraficante de armas y decía disponer de 200 millones de libras para invertir. Aquella fantasía formaba parte de una personalidad que desbordaba la realidad. De hecho, un día la escuela avisó a los padres de que Zac se había presentado en limusina. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, respondió: "Quería ver qué sentiría quemando dinero".

Precedido por la fama y el éxito que le han reportado algunos de sus textos anteriores (El imperio del dolor o No digas nada, por ejemplo, publicados en catalán tambiénpor Periscopi, como el resto de sus libros), Patrick Radden Keefe compareció ante una legión de lectores el martes por la noche en la Royal Geographical Society de Londres, con las entradas agotadas desde hacía meses (la más barata a 25 euros). En ofició uno de los grandes nombres de los medios de comunicación británicos, Emily Maitlis, la periodista, entonces en la BBC, que precipitó la caída en desgracia del ya ex príncipe Andreu en la famosa entrevista de 2019 sobre el caso Epstein.

Radden Keefe: "Tenemos que ayudar a los lectores de noticias a que se pregunten de dónde viene la información que tienen"

En una cuenta de correo electrónico accesible para todos a través de su página web, Patrick Radden Keefe recibe numerosas propuestas para meterse de lleno en un tema u otro. ¿Qué le hace decidirse por uno en concreto? "Para mí, una historia debe tener siempre un elemento de drama humano", dijo. La corta existencia y el trágico final de Zac Brettler lo tienen. El drama se amplifica, porque pone ante el espejo a padres y madres. "La adolescencia les puede suponer un gran reto; a menudo pueden preguntarse no si deben intervenir, sino cómo hacerlo; y también pueden llegar a preguntarse si conocen realmente a sus hijos". Desde este punto de vista, London falling también es un relato sobre paternidad y maternidad. No en vano Patrick Radden Keefe tiene dos hijos adolescentes.

El libro tiene una dimensión moral que conecta el Londres de los supermillonarios con la peripecia de Zac Brettler. Radden Keefe utiliza la historia para poner de manifiesto la transformación de la capital británica a partir de la década de los años ochenta del siglo pasado. De la mano de Margaret Thatcher y su desregulación financiera llegaron los banqueros americanos; veinte años después, desembarcaban los oligarcas rusos. Londres y su City se convirtieron así en "puerta de entrada de flujos masivos de capital internacional". En este contexto, "un adolescente puede llegar a desear no solo riqueza, sino también una identidad asociada a esa riqueza extrema, aunque sea fruto de la imaginación de un mentiroso compulsivo", cuya película favorita es El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese.

La caída de Londres en este abismo también se manifiesta en "los espectaculares fallos" de la policía a la hora de llevar a cabo la investigación. Si Scotland Yard trata con desprecio "a una familia blanca, acomodada y con recursos, ¿qué no puede pasar con otras personas?", se preguntaba el autor.

La Policía Metropolitana no prevé reabrir la investigación sobre la muerte de Zac Brettler. "Creo que deberían hacerlo. Pero nunca tengo muchas expectativas en el trabajo que hago y en la rendición de cuentas que puede generar. Me limito a hacer mi trabajo, que es exponer la verdad", admitió.

La documentación es exhaustiva, pero aún más la "destilación" que hace. Como ya hizo en una visita a l'ARA hace dos años, mientras disfrutaba de un programa de residencias internacionales del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, Patrick Radden Keefe explicó a los lectores reunidos en Londres su método: "Intento ser implacable conmigo mismo". Es decir, "escribir es destilar, destilar y destilar". El lector se lo agradece. Y en este caso, los padres de Zac, también. Lo acompañaron en la velada. "Sé que hay algunos detalles en el libro que quizás les han incomodado, pero no por eso los suprimí", dijo.

Para Radden Keefe, la clave no es solo entender cómo murió Zac Brettler, sino también por qué quiso reinventarse de esta manera. Su historia se convierte así en una metáfora de tres niveles: la de un adolescente en crecimiento, "con un cerebro tan poderoso como el motor de un Ferrari, pero sin frenos", la de una familia en shock ante lo desconocido que es el hijo y la de una ciudad que se ha reinventado en los últimos cuarenta años.

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