Memoria democrática
Cultura 19/11/2021

Así es el proyecto para convertir Vía Laietana en un edificio contra la represión

El Ayuntamiento de Barcelona quiere que se museicen la sala de interrogatorios y los calabozos pero que también se atiendan víctimas actuales de la represión

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La comisaría  de Vía Laietana.

BarcelonaUn espacio de memoria pero también un lugar sobre las resistencias y la represión del presente, y donde atender a las víctimas. Así imagina el Ayuntamiento de Barcelona la Jefatura de Vía Laietana, según el proyecto al cual ha tenido acceso el ARA, si se consigue que el ministerio del Interior retire del edificio histórico a los altos mandos de la Policía Nacional, los administrativos y todo el personal policial que hay ahora. Hasta ahora se ha negado a hacerlo, y no hay nada que haga pensar que Interior cederá. Incluso hay una partida presupuestaria del gobierno español de dos millones de euros para mejorar las instalaciones actuales. Pero el Ayuntamiento no da su brazo a torcer. "Estamos convencidos de que este es un espacio que tiene que recuperar la ciudadanía y sabemos por qué lo queremos y qué queremos hacer con él", dice el regidor de Memoria Democrática, Jordi Rabassa. Ni Rabassa ni nadie del consistorio ha podido entrar en la Jefatura: no les han dejado.

Se desconoce cómo están las instalaciones, si se conservan los calabozos, las salas de interrogatorios, alguno de los despachos de los torturadores –como el del célebre comisario Antonio Juan Creix– o el armario donde se guardaban porras de todas las medidas para apalear a los detenidos. Con la entrada vedada, el consistorio, para intentar salvaguardar lo que se pueda, ha sacado adelante un expediente para declarar la Jefatura bien cultural de interés local (BCIL). Rabassa confía tener el BCIL a lo largo del primer semestre del próximo año.

"Armarse" contra la represión

¿Qué pasaría si, finalmente, la Jefatura se cediera como equipación municipal? "Se museizaría la parte más simbólica, como algún calabozo, la sala de interrogatorios o, si todavía existiera, el despacho de Creix, pero también habría un espacio para hablar y mostrar las resistencias que hay actualmente en el mundo o que ha habido recientemente, como Tiananmen, Hong Kong o Minsk, y la represión de hoy, como la que se produce contra los periodistas y fotoperiodistas", dice el autor del proyecto, el historiador y museólogo Antoni Nicolau. Se conciben, por lo tanto, espacios expositivos, de reflexión, para actividades y debates, pero también de atención e información a las víctimas de la represión que busquen instrumentos para ser reconocidas como tales. "Hay una cierta regresión de los derechos y las libertades y quienes los defendemos nos tenemos que armar simbólicamente", reflexiona Nicolau, que había dirigido el Museu d'Història de la Ciutat de Barcelona y el Institut d'Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC).

Nicolau confía en que también pueda haber un archivo que facilite documentación para que las víctimas de la represión puedan demostrar que recibieron toda clase de torturas. La cigüeña, con las manos esposadas detrás las rodillas y las piernas flexionadas; el quirófano, con el cuerpo sobre una mesa y el tronco colgando en el aire, o la barra, de la cual colgaban al detenido esposado, eran torturas habituales en la comisaría de Vía Laietana. Es difícil saber cuántos hombres y mujeres fueron víctimas de todo tipo de vejaciones en la comisaría de aciaga memoria, porque los archivos están cerrados a cal y canto en el Archivo Central del ministerio del Interior. Algunos también podrían haberse convertido en cenizas. Como recordaba en octubre el jurista Óscar Alzaga, que fue diputado de las Cortes Constituyentes, Rodolfo Martín Villa ordenó en 1977 la destrucción de los archivos de los servicios policiales dedicados a controlar a los militantes de los partidos de la oposición franquista, los sindicalistas y los intelectuales que defendían la democracia.

Una instalación artística para dar la bienvenida

Nicolau cree que será fácil tirar tabiques y paredes que ahora separan los despachos e imagina un acceso con una instalación artística concebida para estar en la calle. "Sería fantástico una obra de Jaume Plensa, que podría dialogar con su obra situada delante del Palau de la Música", dice. Habría un primer espacio expositivo dedicado a la resistencia de Barcelona y Catalunya a la dictadura de Franco con fotógrafos del periodo y documentos audiovisuales. Nicolau defiende que haya un programa educativo y de actividades dirigido al mundo docente, conferencias, talleres e itinerarios por diferentes espacios de la ciudad donde ha habido represión. El espacio de resistencias incluiría cursos, grupos de discusión, presentaciones de libros, conferencias... y tendría que estar al día de cualquier movimiento que hiciera frente a la autoridad. Y, finalmente, el lugar dedicado a la represión tendría como objetivo la sensibilización, la reflexión, la crítica y la divulgación entre la ciudadanía sobre la represión de los periodistas y de los medios. "No es nada tan extraño, porque hay proyectos parecidos en Estados Unidos, en América Latina y en Europa, que han convertido espacios negativos en centros de divulgación", dice Nicolau.

Ahora sí, ahora no: la actitud del gobierno español

Hubo un momento, antes de octubre del 2017, en el que parecía que Interior dejaría el edificio. De hecho, hay una proposición no de ley aprobada por el Congreso de los Diputados del 1 de junio de 2017, con los votos de todos los grupos exceptuando el PP, para convertir la comisaría en "un museo - centro memorial, documental y archivístico de la represión franquista". El Ayuntamiento también aprobó en noviembre del 2019 una proposición no de ley sobre la reconversión de la Jefatura. Al ser dos proposiciones no de ley, la policía no tiene ninguna obligación legal de cumplirlas.

Ahora está por ver cuál será el futuro de este edificio del 1878, que había sido residencia de una familia burguesa y que con la Generalitat republicana fue la sede del comisariado de Ordre Públic. El 1941 fue el epicentro en Barcelona de la Brigada de Investigación Social, el instrumento de la dictadura para acabar con cualquier oposición. A sus calabozos fueron a parar durante décadas hombres y mujeres de todo el espectro ideológico que defendieron los derechos y las libertades frente al franquismo. Hoy es un lugar de pasado incómodo pero también uno de los máximos símbolos de la soberanía estatal en medio del corazón de Barcelona.

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