Cartelera teatral

"La buena fe puede hacer mucho daño"

Las compañías Vero Cendoya y Ça Marche llevan a los escenarios dos espectáculos sobre inclusión y discapacidad en el TNC y en el Lliure

Una escena de un ensayo de 'Una brillante imperfección'
3 min

BarcelonaA una persona con síndrome de Down no le dejaban tomar el autobús de línea porque no se fiaban de que se comportara. Una pareja, también con síndrome de Down, se encontró con la oposición de una comunidad de vecinos a la hora de trasladarse a un piso y con la imposición de que utilizaran el ascensor de servicio en vez del de inquilinos. Son dos ejemplos recientes de los muchos que sufren a diario –a menudo en silencio– las personas con discapacidad. Desde hace ocho años, la compañía de la coreógrafa Vero Cendoya está formada por intérpretes con y sin diversidad funcional. "No es un proyecto social. Busco a la gente que funciona mejor para lo que quiero explicar", dice el artista. Hasta ahora, nunca había abordado directamente la discapacidad y la inclusión en el escenario, pero el libro Una brillante imperfección de Eli Clare lo cambió todo.

"El autor es un hombre queer con parálisis cerebral que defiende el derecho de no homogeneizarnos, de vivir la discapacidad con orgullo. Insiste en la idea de que se ama tal como es y que no se cambiaría. Las personas con discapacidad no son gente rota, simplemente son diferentes", explica Cendoya. Aquel texto sembró la semilla de un espectáculo que se ha cocido durante más de un año y que, a partir del 15 de enero, podrá verse en la Sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya. Una brillante imperfección (o muerte de un pianista) es una celebración de la diferencia a través del humor y la danza, con ocho intérpretes en el escenario. "No es un espectáculo para regañar al público, sino una fiesta reivindicativa y luminosa", subraya Cendoya, que en la dramaturgia ha contado con el trabajo de Israel Solà, de La Calòrica.

El título ya es una declaración de intenciones. "Cualquier documental sobre discapacitados, 30 segundos después de empezar hace sonar música triste de piano. No falla. Siempre se recurre al victimismo. En el espectáculo tenemos una escena de seis minutos con los modos más absurdos y divertidos de matar al pianista", dice la coreógrafa. Para este montaje, Cendoya cuenta con intérpretes como Sònia Molins, actriz con parálisis cerebral "que tiene una forma de moverse que atrapa la mirada del espectador". También participan Jem Prenafeta, de 17 años, y Oriol Prats, de 53, ambos con síndrome de Down. "La discapacidad no es ningún problema en sí. El problema real es la mirada de los demás y cómo actúan, eso les merma la calidad de vida a diario. Muchas veces se hace sin querer, pero la buena fe puede hacer mucho daño. Cuestionamos el paternalismo y el buenismo social, porque a menudo van ligados a un desprecio: nos sentimos superiores al ver a una persona en silla de ruedas.

Una conversación rota

Con la misma intención de desmontar prejuicios y acercar a una comunidad que a menudo se encuentra en los márgenes, la compañía Ça Marche ha construido un espectáculo sobre la importancia de la comunicación entre personas sordas y oyentes. Trabajos forzados, que se estrena en el Teatre Lliure este viernes y se puede ver hasta el 18 de enero, es una pieza en lengua de signos catalana y castellano oral que da la vuelta a la idea de la accesibilidad: aquí serán las personas oyentes las que tendrán que esforzarse más para seguirlo. "Concibo el teatro como un lugar de incomodidad, que nos invita a traspasarla para llegar a una emoción", señala Nico Jongen, director de Ça Marche.

Un momento del espectáculo 'Trabajos forzados'

El espectáculo parte de un intento de conversación entre dos performers, el propio Jongen y Pepita Cedillo, que es sorda. Más adelante se incorpora Javier Díez, intérprete en lengua de signos, y el artefacto escénico empieza a tambalearse. "Es una conversación rota que después se reconstruye desde un sitio mucho más complejo y colectivo. Todo ello es una excusa para hablar de la diferencia, pero el oyente debe hacer un esfuerzo, a veces estresante, para comprender qué está intentando decir el espectáculo", subraya Jongen. "Es una manera de que las personas oyentes se den cuenta de las dificultades de comunicación de las personas sordas. Espero que este espectáculo posibilite una reflexión y un cambio en la forma de comunicarnos todos", señala Cedillo.

Después de cada función, la compañía ofrecerá un coloquio con los intérpretes para que el público también pueda decir la suya. "Será el espacio seguro para que los espectadores sordos y oyentes se puedan hacer preguntas entre ellos. El teatro va más allá de la exhibición, por lo que hemos incorporado estos encuentros", concluye el director. Trabajos forzados forma parte del ciclo Ànima Lliure e irá acompañado también de un taller con adolescentes sordos conducido por Jongen, del que saldrá un nuevo espectáculo.

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