El Griego empieza con una llamada al teatro para el pueblo
Marta Pazos dirige 'La ópera de tres reales' en una inauguración reivindicativa del festival, que celebra cincuenta años
BarcelonaQuizás porque estamos de aniversario, los Jardines del Teatro Griego bullen de gente y de actividad, a pesar de que apenas son las siete y cuarto de la tarde. Es uno de los grandes acontecimientos del verano y todo el mundo quiere disfrutarlo y contarlo. El calor no lo pone fácil (las sombras van muy buscadas, los sombreros y los abanicos, a todo trapo), pero el entusiasmo colectivo lo supera todo. Los tòtils cantan de gratitud –y más lo harán durante la noche– desde el estanque que da la bienvenida a uno de los espacios más emblemáticos de Barcelona. "Al menos ellos están en remojo", dice una mujer al hombre que la acompaña, y que la sigue cargando dos vasos llenos hasta el copete.
En una coincidencia que no es del todo casual, sino fruto en buena parte de las circunstancias sociales y políticas, en 1976 nació el Festival Grec y también el Teatre Lliure. Los actuales directores de cada uno –Leticia Martín y Julio Manrique, respectivamente– se han aliado para levantar una macroproducción de La ópera de tres reales de Bertolt Brecht que esté a la altura de la efeméride. El proyecto se lo encargaron a la directora gallega Marta Pazos, que ha hecho equipo con Dani Espasa como director musical. Después de hacer tres funciones en el Grec, en otoño se irá hacia el Lliure. "Es un espectáculo con una fuerte esencia de gamberrismo y un sentido crítico muy fino que hay que escuchar con atención", dice la directora del Grec.
Todo el que llega a lo alto de las escaleras de los jardines está acalorado. El actor Carlos Cuevas es de los primeros en aparecer. Muy pronto, el mundo teatral va conquistando los jardines. Se pasean por allí Pere Arquillué, Lluís Homar, Sergi Belbel, Josep Maria Miró, Josep Maria Pou, Àngel Llàcer y Joan Pera, entre muchos otros. También ficha el director del Teatre Lliure, Julio Manrique, con su mujer, la actriz y directora Cristina Genebat; la directora del CCCB, Judit Carrera, el presentador de televisión Marc Giró y el director de Temporada Alta, Narcís Puig. Abrazos y besos a tort y a derecho.
Entre la presencia institucional y política se encuentran el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; la consejera de Cultura, Sònia Hernández; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el concejal de Cultura, Xavier Marcé. Faltan unos minutos para que comience el espectáculo y, desde el público, algunos hacen apuestas de cuánta gente llegará una hora tarde, acostumbrados a que la inauguración del Grec a menudo es a las diez de la noche. Los últimos que abrieron el festival justo antes de la puesta de sol fueron la gente de La Perla 29 en 2018 con El poema de Guilgamesh, rey de Uruk. Como en aquella ocasión, la duración del montaje –La ópera de tres reales dura tres horas– y el hecho de inaugurarse entre semana han llevado a la directora del Grec a adelantar la función a las nueve. Los hay que lo celebran, los hay que defienden que pone las cosas más difíciles a la compañía ante un reto que, ya de por sí, es arriesgado: todas las miradas del sector están puestas en la inauguración del festival y, a veces, no hay margen para la compasión.
Una bandada de palomas entre el público
Mientras algunos todavía buscan la butaca, un grupo de palomas de tamaño humano se despliega entre los espectadores. "¡Vamos, arriba, que es para hoy!", espeta una de las aves a una pareja que baja con parsimonia por las gradas del teatro. Seguramente no se han dado cuenta de que el espectáculo ya ha comenzado y que las palomas serán omnipresentes hasta que termine la obra. Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill se inspiraron en los cabarets alemanes para dar forma a esta historia, protagonizada por Mackie el Navaja (Nao Albet) y Polly Peachum (Miriam Moukhles) en los bajos fondos de Londres. Pazos juega la carta del cabaret desde el principio, cuando hace aparecer su alter ego encarnado por una Marta Bernal expansiva, con una cabellera azul llamativa y un chándal amarillo chillón.
"¿Sabéis quién soy? Soy la del pastel del Liceu. ¿Lo habéis visto, verdad?", dice esta Marta Pazos falsa, dirigiéndose a Collboni y a Illa. "¿No lo habéis visto? ¡Hombre! ¡Luego diréis!", les reprocha. La impostora recuerda que el Grec de 1976 "nació de un grupo de hippies reunidos en asamblea" y reivindica aquel momento "de cultura y democracia en que todo el mundo hacía de todo". Como tener políticos en la platea ocurre en ocasiones contadas, la directora lo aprovecha y dispara: "Collboni, vuelva El Molino a las vedettes", reclama al alcalde, una petición que recibe un fervoroso aplauso. Antes de subir al escenario, el alter ego de Marta Pazos precisa: "Esto que veréis no será una ópera, ni tampoco ha costado tres duros". Pero promete que "el dinero está bien gastado" porque ella es "la reina de los colorines" y lo deja "todo requetebién".
De colorido, pero, esta vez se desplegarán pocas. La escenografía –firmada por la misma Pazos– es una grada gris con rayas blancas que se extiende a lo largo de media circunferencia. La orquesta, de diez músicos y capitaneada por Dani Espasa, ocupa el foso del teatro, abierto por primera vez después de mucho tiempo. En el escenario los personajes visten el mismo estampado de las gradas, y solo en el maquillaje de sus caras brillan los colores que rompen con la monocromía. En este paisaje uniformizado veremos a una Miriam Moukhles en estado de gracia y a un Nao Albet poderoso con aires de Joker. Arnau Boces, Pablo Capuz, Joan Esteve, Eduard Farelo, Marc Domingo, Clara Mingueza, Biel Rossell y Júlia Truyol completan el reparto de una historia que carga contra el capitalismo y las desigualdades, problemáticas que pasan los años y no tienen fecha de caducidad. El calor lo anunciaba y la inauguración del Grec lo ha hecho oficial: ha comenzado el verano.