Cultura 10/06/2021

Ariadna Gil: "Todo el mundo puede ser un maltratador, también gente de éxito y con recursos”

5 min
L'actriu Ariadna Gil

BarcelonaDespués de una etapa más focalizada en el teatro, Ariadna Gil (Barcelona, 1969) vuelve al cine con el drama del debutante Guillermo Ríos Solo una vez. Su papel es el de una terapeuta especializada en violencia machista que está tratando a un escritor (Álex García) acusado de haber agredido a su pareja (Sílvia Alonso). Un caso más, o quizás no.

La terapeuta a la que interpretas empieza la sesión preguntando a su paciente: “¿Por qué estás aquí?” Parece una buena pregunta para empezar una entrevista.

— Yo estoy aquí para defender esta película, claro [ríe]. Y en un sentido más amplio, porque la historia me tuvo muy enganchada mientras la leía. Me atrae que todo ello se articule a través de sesiones de terapia a un maltratador. Y era un plus que a él lo interprete Álex García, con quien ya había trabajado, porque era clave que los dos actores nos compenetrásemos: es una película básicamente de tres actores hablando con una puesta en escena muy teatral. Y esto también era un reto.

Solo una vez adapta la obra de Marta Buchaca Només una vegada. ¿La conocías?

— Conocía a Marta y había visto cosas suyas, pero justamente esta obra solo la pude ver gracias a una grabación que me pasaron. Y me fue útil, porque al fin y al cabo el planteamiento de la película es similar al de la obra. Pero una vez ves la grabación lo olvidas y empiezas de cero con el guion que tienes.

¿Hablaste con algún terapeuta para preparar tu papel?

— Con una terapeuta que ya había colaborado con Marta para hacer la función y que vino a algún ensayo y me guió para entender en qué consistía su trabajo. Evidentemente, esto es una ficción y nos tomamos licencias, pero es un tema delicado y tienes que ir con cuidado a la hora de presentar estas situaciones. Al final lo que importa es que los personajes estén bien escritos y plasmados en el guion: tú solo le aportas existencia y humanidad, pero tiene que venir trabajado de antes.

La película insiste en que no hay un solo tipo de víctima de la violencia machista. ¿También podemos ser todos agresores?

— Los personajes que plantea Marta rompen con el estereotipo de maltratador y víctima. No importa la educación y el nivel social, todo el mundo puede ser un maltratador, también gente de éxito y con recursos. Pero la violencia está más allá del machismo. Hay que diferenciar entre violencia machista y otros tipos de violencia que surgen como respuesta ante situaciones de miedo y angustia, como le pasa a mi personaje, que está sometida a tanta presión que toma una decisión muy controvertida. Para mí siempre hay alternativas a la violencia.

La víctima y el maltratador tienen una cosa en común: el miedo.

— Sí, es uno de los elementos. Pero también el hecho de no querer reconocer lo que te está pasando. No identificarlo y obviarlo con mecanismos de defensa como la justificación o la negación. Es difícil de aceptar que una persona que aprecias te está machacando.

Están saliendo a la luz muchas situaciones de abuso de poder y acoso en el ámbito del cine y el teatro. ¿Tú has vivido de cerca algún caso?

— No me he encontrado con abusos de poder o en situaciones duras. Me han pasado cosas, como a todas las mujeres. Pero no me he cruzado con directores de estos que gritan y torturan a los actores. De hecho, he trabajado con gente que tenían fama de ser muy duros pero debo de haber tenido la suerte de cogerlos cuando ya les había pasado la mala leche [ríe]. No recuerdo haber vivido situaciones de estas, y creo que me acordaría. O vete a saber, quizás no, porque a veces las cosas se bloquean. De hecho, por eso es importante todo lo que está pasando, para identificar comportamientos que no eran como tenían que ser.

Da la sensación de que en los últimos años el teatro es tu prioridad. ¿Quizás ahora te presenta más retos que el cine? Hacer obras de Shakespeare, Chéjov, un solo de Marguerite Duras...

— Sí, son cosas muy estimulantes que tengo la suerte de que me lleguen. No las he ido a buscar, no he tenido nunca el impulso o la seguridad para hacerlo. Pero es cierto que del teatro me llegan personajes y textos impresionantes. Del cine también me llegan cosas interesantes, pero en general me ofrecen menos cosas. Yo no tengo predilección por un medio o el otro, decido según el proyecto.

Hace 35 años que muchos te descubrimos en El complot dels anells. ¿Tu carrera se parece a lo que querías entonces?

— Yo estoy muy contenta. Tuve mucha suerte de empezar pronto y de trabajar mucho, que era básicamente mi aspiración. Cada vez que me ofrecían un papel era como vivir un sueño. Alguna vez sí deseé mucho trabajar con un director, pero al cabo de poco tiempo se murió y no lo volví a hacer [ríe]. Era Louis Malle, por cierto. Vi Au revoir les enfants y me trastornó tanto que me obsesioné, quería trabajar con él fuera como fuera, y ya ves.

Tu hija Violeta también está empezando su carrera como actriz. ¿Qué le has aconsejado?

— Es que mi tiempo fue muy diferente, no sé si le puedo aconsejar nada. Ella es de una generación que no se está esperando que pasen cosas. Como el momento es muy difícil, no se limitan a esperar un golpe de suerte, se la buscan ellos. Hacen castings y buscan trabajo, sí, pero también se plantean qué cosas quieren explicar, cómo lo quieren hacer... Y esto me parece un cambio brutal, resultado de unos tiempos duros en los que las cosas no te vienen fácilmente.

¿Cómo has pasado la pandemia y el confinamiento? ¿Te afectó profesionalmente?

— Justamente acabamos de rodar la película el 6 de marzo del año pasado. Así que llegué a Madrid el 7, el 8 de marzo fui a manifestarme y el 14 estábamos encerrados. Y lo he vivido con mucha angustia por la magnitud del horror, por no saber muy bien qué estaba pasando y no poder estar cerca de mis padres. Y, a la vez, una sensación extraña al no tener nada que hacer durante meses. La presión externa desaparece y, de alguna manera, disfrutas del silencio y de poder hacer lo que quieres dentro de las cuatro paredes de casa. Por suerte, la mía es luminosa y con balcones.

¿Y qué te ha parecido la gestión de la pandemia que han hecho en Madrid?

— No entiendo cómo se pueden poner los réditos electorales por encima de las vidas y de una cosa que está haciendo sufrir a tanta gente. Sobre todo con esta chulería con la que se ha hecho todo.

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