Barça
Deportes 19/08/2021

El Espai Barça costará el doble de lo que se votó en el referéndum del 2014

Laporta modifica un proyecto que había quedado "obsoleto" y que acabará valiendo entre 1.200 y 1.250 millones

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Imatge virtual del futuro Espai Barça

Barcelona“El proyecto del Espai Barça está mal hecho”. Esta frase aparece casi en cada conversación con los nuevos responsables del club en la que se habla del Camp Nou. Pese a que la directiva de Josep Maria Bartomeu había dejado iniciado un proyecto para la remodelación del estadio, la junta de Joan Laporta consideró desde el primer día que había que retocarlo porque “había quedado obsoleto”. Después de meses de trabajo, el club ha acelerado y confía en llegar a tiempo para presentar la propuesta durante la asamblea de compromisarios del mes de octubre y, una vez recibido el visto bueno, “empezar las obras en verano de 2022”. Eso sí, los cambios no saldrán gratis: las estimaciones que hacen a los despachos nobles del Camp Nou cuentan que el total del Espai Barça costará entre 1.200 y 1.250 millones de euros. Es decir, el doble de lo que los socios votaron en referéndum en 2014.

Este sobrecoste no es atribuible solo a Laporta. En el referéndum de hace siete años se marcó la cifra de 600 millones de coste total, pero bien pronto fueron aumentando las cifras, por las modificaciones del proyecto y el dinero que costaba la reurbanización de los alrededores del estadio. El último número que dio la directiva de Bartomeu, unos meses antes de dimitir, era de 815 millones . “Con este dinero no hay bastante, hay que invertir mucho más si el Barça quiere tener realmente un estadio de primer nivel y que ayude a generar ingresos”, aseguran fuentes azulgranas.

El presidente Laporta detalló el lunes algunas de estas modificaciones, como por ejemplo añadir “una segunda piel” al estadio para mejorar las ofertas de hospitality, o cambiar las reformas previstas en el interior para “evitar que 12.000 abonados tengan que pasar de primera a tercera grada”. Pero hay más. Se modificarán los "tres diamantes" –nombre con el cual se conoce los tres edificios anexos al Camp Nou, formados por un hotel y oficinas–, se ampliará el aforo del Palau Blaugrana hasta los 15.000 espectadores y habrá actuaciones en Sant Joan Despí y en Viladecans. “El proyecto está muy avanzado”, aseguran fuentes conocedoras.

El incremento sustancial del precio “era de esperar”. Pero este hecho, y a pesar de la situación crítica del Barça a nivel de tesorería, no asusta a los nuevos gestores del club. “Es cierto que el PowerPoint lo aguanta todo, pero las proyecciones que tenemos son que, con lo que se generará anualmente, se pagará sin problemas el crédito”, dicen desde el club. En su día, Bartomeu dejó terminado un acuerdo con Goldman Sachs a punto de rubricar. Ahora, que se pasará de los 815 a los más de 1.200, este fondo norteamericano también está en primera posición para financiar la remodelación, pero no es el único. Hay, como mínimo, cinco fondos más que se han puesto en contacto con el club. El contrato será similar: una financiación por 30 años, con cinco de carencia mientras se hacen las obras, y un interés fijo.

Construcción del Camp Nou en la década de los 50

Hacer suyo el proyecto

La modificación del proyecto tiene un doble sentido. De entrada, corregir deficiencias que habían dejado los anteriores gestores –como explicó el ARA, algunos constructores que querían participar en la licitación de las obras ya habían advertido de que la propuesta original era irrealizable –. Por otro lado, que el Espai Barça que se acabe construyendo lleve el sello de la directiva actual.

El debate que se abre en el club a partir de ahora es si habrá un nuevo referéndum entre los socios. Desde el punto de vista legal, la directiva asegura que no es necesario y que basta con la aprobación de la asamblea. Pero Laporta dejaba abierta el lunes la posibilidad de volverlo a hacer. “Si puede ser telemático lo consideraremos. Siempre es bueno contar con la opinión de los socios. En el referéndum que se hizo había poca información”.

Y el otro punto para resolver es futbolístico. “La junta de Bartomeu había dicho que se podría jugar siempre en el Camp Nou, pero esto es claramente imposible. Habrá fases, más o menos largas, en que no se podrá”, insisten desde los despachos nobles. Las alternativas son dos: la primera es jugar en el Olímpic Lluís Companys; y la otra, hacerlo en el Johan Cruyff. Desde un punto de vista de la capacidad, trasladarse a Montjuic facilitaría mucho las cosas, puesto que bastaría con instalar gradas suplementarias y con unas pequeñas reformas para habilitar los espacios VIP que exige la UEFA para los partidos de Champions. Pero para el Barça, sobre todo cuando se le consulta por el aspecto deportivo, la opción preferida es el campo del filial “porque las medidas del terreno de juego y el césped son exactamente las mismas, y eso gusta mucho al entrenador y a los jugadores”. ¿El gran inconveniente? La capacidad, que sería mucho más reducida a pesar de instalar gradas suplementarias. De momento, no hay una decisión tomada.

La grada del Camp Nou, de nuevo con gente

Trabajo de despachos

Una de las prioridades de los nuevos gestores, cuando se hicieron cargo del club, fue pedir una auditoría sobre el Espai Barça para conocer exactamente qué se había hecho y qué quedaba pendiente. Una de las primeras actuaciones fue invertir 1,8 millones para corregir “desperfectos graves” en el estadio que no había enmendado la directiva de Bartomeu a pesar de tener constancia de ellos. “¡No han hecho nada!”, exclaman en el club. Los anteriores gestores, sin embargo, se excusan con la pandemia y con el cambio inminente de directivas.

Laporta y los suyos crearon un equipo de trabajo que se encargó de visitar algunos de los principales estadios del mundo para coger ideas para la remodelación del Camp Nou. Se viajó a Madrid para conocer el nuevo Bernabéu. También a Bilbao (San Mamés) o en Londres (Tottenham). Y en Estados Unidos al OS Bank de Minneapolis, considerado el mejor estadio del mundo. Esto iba de la mano con cambios internos, como la decisión de prescindir de William T. Mannarelli , antiguo responsable del Espai Barça sobre quien –como explicó el ARA– había dudas respecto a las inversiones que había hecho mientras dirigía el proyecto. Con Mannarelli también marchó su equipo, formado por 40 trabajadores en nómina y 10 personas externas. Ahora el proyecto lo llea Ramón Ramírez Llorente, a quien solo le hacen falta una docena de empleados a sus órdenes.

Quien sí que seguirá es Nikken Sekkei, que ganó el concurso conjuntamente con Pascual-Ausió. El despacho catalán acabó marchándose del proyecto, pero la empresa japonesa tiene que ejecutar las obras, tal como está estipulado en el contrato, aunque esto no impida que algún otro despacho de arquitectura se pueda unir próximamente.

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