Luis Enrique Martínez saludando a Hansi Flick antes del Barça-PSG.
30/04/2026
2 min

El manual de Hansi Flick no solo casa con el ideario pragmático de Johan Cruyff del “prefiero ganar por 5 a 4 que por 1 a 0”, sino que, además, ha brindado títulos para legitimar una filosofía que siempre choca con el tribunerismo conservador de casa nuestra, o bien con los amantes del cálculo defensivo de todas partes. En este choque político endémico el bando de los buenos, en el que están los que prefieren el goce artístico a las cuadrículas, ha rubricado una reivindicación cultural con el espectáculo protagonizado entre el PSG y el Bayern en la ida de las semis de la Champions. Viendo la admiración que ha causado el partido, me imagino que a Flick se le habrá escapado una sonrisa irónica recordando cómo los expertos Thierry Henry o Ruud Gullit habían tildado de kamikaze su apuesta ofensiva con sentencias como “jugando así no se puede ganar la Champions”.

Si el Barça de Flick no ha llegado todavía a una final de la máxima competición europea, dejando al margen los arbitrajes, no es porque su sistema de juego sea demasiado arriesgado. Al alemán se le recrimina que el equipo encaje goles con mucha facilidad aunque, seguramente, lo que habrá echado más en falta esta temporada es poder tener alternativas para atacar mejor en momentos decisivos. La exuberancia que nos hizo vibrar viendo el 5 a 4 del Parc dels Prínceps se explica a partir del fútbol que piensan Luis Enrique y Vincent Kompany, pero también del talento que había en el césped para poder ejecutarlo. Y esta es la madre del cordero: el verano pasado, el objetivo número uno de Deco era reforzarse con Luis Díaz y se tuvo que conformar con Marcus Rashford. Fijarse en el gol del extremo colombiano sirve para constatar la galaxia que los separa: una metáfora para el Barça.

Flick, por fin, ha empezado a hablar claro: quiere que en verano se tomen decisiones “perfectas” para dar el salto adelante necesario para soñar con la Champions. Sí, la gestión económica que se hace en los despachos del club repercute en las ambiciones de la pelota cada vez más. Y cuanto mejor es el entrenador, más evidente se hace que hay que darle más recursos para aprovecharlo al máximo. Las excusas para no volver a la famosa regla del 1:1 del fair play financiero no deberían repetirse en un club que no puede permitirse seguir volando como una compañía low cost. Flick, que acaricia su segunda Liga después de un curso especialmente duro por las lesiones, ha exprimido al máximo la plantilla y se merece poder trabajar mejor. Ahora le toca al presidente Joan Laporta salir a ganar atacando de verdad.

stats