La lista de los 61 periodistas amigos del PSOE para Leire Díez que ha circulado estos días tiene el regusto inconfundible del ajo, delicioso si no tienes previsto estampar los morros en labios ajenos, pero no precisamente un descubrimiento culinario que te deba hacer llamar a los amigos para explicarles que podrías hacer sopa con él. Los periodistas de derechas se enfurecen, señalan en las redes y promueven su particular walk of shame, o escarnio público con tuits en lugar de escarolas en mal estado. Evidentemente hay periodistas vendidos a los partidos. Y periodistas de cuota que viajan de tertulia en tertulia cargando el argumentario enviado por el politburó fresco de cada mañana. Pero ni todos los periodistas especializados en una fuerza política son marionetas, ni todos los tertulianos tienen el culo alquilado por unas siglas.
La rama del periodismo político (bien hecho) es delicada porque trafica con la volátil mercancía del acceso. A medida que te cogen el teléfono y te pasan información, tu estatus aumenta. Pero también aumenta el peligro de acabar instrumentalizado si te emborrachas de este acceso. No siempre es por el ego. He conocido a más de uno y de cuatro que ves cómo intentan creerse mil y una falacias empaquetadas por los fontaneros de los partidos para no admitir que han sido engullidos. No es un espectáculo edificante. Hay dos premisas para no quemarse los dedos. Contrastar la información, porque hay dossieres que desprenden un hedor a roquefort dejado al sol, y que si pactan algo con una fuente, el beneficio principal no se lo lleve la fuente, sino el lector. Y estar dispuesto a traicionar –no se me ocurre palabra más suave– a un contacto cercano si toca informar sobre él en términos negativos. El árbol de decisiones no es mucho más complejo que esto, pero cuesta aplicarlo. En la lista de los 61 es obvio que hay periodistas que cruzaron la raya hace tiempo, pero puede pasar que otros solo fueran buenos en la seducción ambivalente. Hay que mirar mano por mano, a ver quién tiene los dedos carbonizados y vigilar con los señalamientos al por mayor.