El pueblo y la villa espabilan Barcelona
BarcelonaLas aficiones del Sant Andreu y el Europa han celebrado como si fuera un gol en el último minuto de un derbi, los goles más dulces para cantar, la decisión del Ayuntamiento de poner césped natural en sus campos. La movilización de la afición andreuenca, justo después de un merecido ascenso, se ha sumado a la lucha de los gracienenses de los últimos meses. Si le sumas que se acercan elecciones, el resultado ha sido que los dos clubes salieron de la primera reunión con el consistorio con la noticia más deseada. El Ayuntamiento la tenía bien preparada. Había escuchado lo que decía la gente. Había reaccionado.
Otro día ya debatiremos sobre si hay que obligar a jugar con césped natural. Cualquier futbolista te dirá que prefiere hacerlo. Cualquier directivo, que tener césped artificial permite ahorrar y hacer jugar a más equipos formativos. Difícil debate, este. Ahora toca celebrar, ya que pocas cosas dan más cache que el Narcís Sala o el Nou Sardenya llenos a rebosar. Tiene además, un valor simbólico: clubes que no se marchan de sus calles, de su villa y de su pueblo. Y todo lo que sea proteger cierto romanticismo, bienvenido sea en tiempos de pocos valores.
El Ayuntamiento, como el gobierno de la Generalitat, debe decidir qué tipo de apuesta deportiva queremos. También hay que superar el debate simplista que separa los grandes acontecimientos como la Copa de América, la Ryder Cup o la salida del Tour de los deportes comunitarios y arraigados. Se pueden combinar las dos cosas. Tener el Tour, justo en esta época de gigantes del ciclismo y ahora que miles de catalanes salen a pedalear, es un éxito. Una gran noticia. Como lo es tener un buen maratón. De la Copa de América, si acaso, mejor no hablar. Aquella no fue una buena apuesta.
Pero traer grandes acontecimientos nunca debería hacer olvidar los clubs arraigados. Da envidia ver cómo los vascos, con menos población, tienen más clubs profesionales de casi todos los deportes. Y mejores instalaciones. Ahora que arreglaremos dos campos municipales en Barcelona, es el momento para recordar que tenemos un montón de instalaciones en la zona metropolitana que se caen a pedazos, desde el pabellón de los Lluïsos de Gràcia a recintos para gimnasia en el Baix Llobregat.
Si traer grandes acontecimientos, como siempre explican, genera beneficios, estaría bien que estos se invirtieran en cuidar las instalaciones deportivas donde miles de niños y niñas practican baloncesto, balonmano, atletismo, fútbol, rugby o gimnasia, ¿no? Lástima que muchas veces, cuando se habla de los beneficios económicos, olvidamos que buena parte acaban en manos de inversores privados más interesados en comprar pisos que en arreglar estadios. De momento, la gente del Sant Andreu y el Europa ha demostrado una cosa: movilizarse, puede servir para mejorar las cosas. Especialmente antes de unas elecciones.