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Deportes  /  Barça 11/05/2022

Dembélé se quiere hacer perdonar sus pecados y lidera el triunfo contra el Celta (3-1)

El Camp Nou se lleva un susto por un fuerte golpe de Araujo en un triunfo con más efectividad que buen juego

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Dembélé y Memphis, celebrando el primer gol del Barça contra el Celta

BarcelonaNo gana para disgustos, el Barça. Ni siquiera ahora que la temporada ya parecía vista para sentencia, una vez que se habían reservado los billetes para la próxima edición de la Liga de Campeones, llega la calma en el estadio. El triunfo contra el Celta en uno de aquellos partidos que no pasará a la historia ni por el juego, ni por el resultado, acabó con los pocos espectadores que estaban a la grada en un acto de fe sufriendo al ver como el uruguayo Ronald Araujo, el joven defensa con un cuerpo propio de héroe mitológico griego, acababa perdiendo el sentido después de recibir un golpe en la cabeza de un compañero, Gavi, más pequeño, pero de hierro. Un susto que dejó en segundo plano por instantes el buen partido de un Dembélé que ahora que se queda sin tiempo, e intenta hacerse perdonar sus pecados para poder renovar. Cuando juega así, parece tener sentido firmar un contrato con él y ponerse en sus manos. El problema con Dembélé es que es un futbolista con dos piernas, puesto que domina la izquierda y la derecha, pero también con dos caras. Y la segunda hace que lo quieras ver haciendo las maletas.

Al final, todo el mundo acabó pendiente del estado de salud de Araujo, pasando por delante de los goles de Memphis, de las buenas jugadas de un Dembélé que por fin tenía el día y de los errores defensivos que mantenían vivo un Celta de Vigo que perdonó bastante a una defensa medio adormilada. Ter Stegen, en su regreso a la titularidad después de haberse perdido el partido en el campo del Betis, evitó que el equipo visitante pudiera marcar antes en un partido con clima de vacaciones, con más de un jugador pensando ya en el hotel que habrá reservado con vistas a una playa preciosa, y otros haciendo los deberes tarde. En lugar de jugar como un equipo, el Barça parecía un grupo de reinos taifas, con cada jugador intentando defender su causa perdida. Algunos, explicar a todo el mundo que quieren seguir al Barça y se lo merecen. Otros, dejarse ver, no sea que otro equipo les acabe haciendo una oferta. Y la afición, sufridora, se lo miraba pensando en que por suerte ya queda poco de esta liga.

En un partido no muy lucido, fue la delantera la que sacó las castañas del fuego, ya que el Celta de Vigo llegó a chutar más veces a portería. Pero Yago Aspas, normalmente letal, por suerte no tenía el día. Solo pudo hacer un gol, en un grave error defensivo azulgrana, que todo el pescado ya se había vendido. El Barça ganaba por 3-0 sin saber muy bien cómo. Dos jugadas eléctricas de Dembélé sirvieron para que Memphis y Aubameyang fueran protagonistas de un duelo personal para ver quién marcaría más goles. Primero marcó Memphis, con un disparo raso. Luego Auba, en una buena jugada colectiva donde tuvo suerte suficiente para hacer el 2-0. El tercero lo volvió a marcar el exdelantero del Arsenal, un doblete para intentar dejar claro al joven Ansu Fati que el delantero titular quiere ser él. Ansu, que tuvo media hora de sitio, debe de tener ideas muy diferentes. Lo que piense Dembélé, en cambio, es todo un misterio. Nadie sabe qué piensa el francés.

El espectáculo del mosquito

Sea como fuere, Dembélé tenía el día. Acertaba en sus decisiones de vez en cuando, consiguiendo dar vida a los delanteros, pasando a formar parte de una idea de juego colectivo. De vez en cuando, Dembélé lo consigue y parece un jugador destinado a seguir en el Camp Nou. Otras veces parece jugar solo, como si estuviera delante de una pantalla jugando a un videojuego, sin acabar de entenderse con los demás. Y entonces desespera a un Camp Nou que ya ha demostrado tener mucha paciencia con uno de los diferentes jugadores que todavía no sabe qué será de él, la próxima temporada.

El susto con Araujo durante el Barça-Celta

El partido fue duro de tragar. Costaba masticarlo, con un Celta que sabía aprovechar las pérdidas de balón con un Frenkie de Jong sin acabar de encontrar su sitio, como otras veces. Xavi había probado un dibujo distinto. Buena idea, de hecho. Con la clasificación para la próxima edición de la Liga de Campeones en el saco, los últimos partidos de esta temporada más larga que un día sin pan no dejan de ser el terreno ideal para hacer inventos para sacar conclusiones. Y Xavi, que sobresalió como centrocampista, decidió salir a jugar con pocos centrocampistas, saliendo con Memphis, Dembélé, Ferran y Aubameyang a la vez. No acabó de funcionar, pero el hecho de que el Celta también esté menos de vacaciones alejó fantasmas. Y cuando Memphis hizo la primera entrada desde la segunda línea, la afición, que empezaba a ponerse nerviosa, empezó a entender que no habría que sufrir por el resultado.

Sin embargo, sí hubo que sufrir por Araujo, afectado por una conmoción cerebral tras el fuerte golpe que detuvo el partido más de 10 minutos. El ritmo del partido terminó de bajar, mientras se llevaban al defensa uruguayo al Hospital de Barcelona, y cuando volvió a rodar el balón, el Celta ya tenía ganas de subir al vuelo de regreso a Vigo. El Barça pudo aprovecharlo para marcar más goles, pero cuando Riqui Puig, que tuvo unos 20 minutos de juego, logró marcar, había un fuera de juego. Tampoco Ansu pudo batir a Dituro mientras Dembélé seguía haciendo carreras endemoniadas. El francés convirtió un partido sin importancia en una declaración de intenciones. Parece que quiere seguir en el Barça. Como tantos otros jugadores, no sabe qué pasará con él en pocas semanas. Quedan apenas dos jornadas para acabar una temporada complicada, donde ha tocado sufrir, pero donde también se han puesto los cimientos de un proyecto que vale la pena.

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