Una final para situar La Masia en el centro del mundo
España, con un juego ideado en La Masia, busca su segunda estrella contra el futbolista más querido surgido del Barça, Lionel Messi
BarcelonaCuando este domingo el balón empiece a rodar en la final del Mundial en el estadio MetLife, en las afueras de Nueva York, la ciudad que nunca duerme, todas las miradas se centrarán en dos jugadores formados en Barcelona, Lionel Messi y Lamine Yamal. Los líderes de Argentina y España, las dos selecciones finalistas. Será especial para un grupo de personas que, buscando entre viejas fotos en su teléfono móvil, encuentran algunas donde aparecen estos dos jugadores cuando eran mucho más jóvenes: los técnicos de La Masia que, de alguna forma, les ayudaron en el camino de ambos hasta el estadio MetLife.
La Masia ya ha triunfado, en este Mundial. El Atlético de Madrid saca pecho, ya que es el club con más finalistas y el Inter de Milán dice que ha tenido un finalista en todas las finales desde 1982. Pero el estilo de la selección española es aquel que se fue cocinando en Barcelona, el estilo de La Masia, con las recetas de Cruyff y Guardiola. Y Argentina gravita alrededor de Messi, aquel niño con cara tímida que llegó en septiembre del año 2000 a Cataluña para entrar en La Masia, haciéndose una primera foto en la habitación 546 del Hotel Plaza. La primera de muchas fotografías en un Barça que lo cambiaría. “Es el club que amo y sigo. La final es contra un equipo donde juegan jugadores del Barça, con una filosofía de juego que ya hace muchísimos años que aplican”, decía el argentino antes de la final. Sin La Masia, esta final sería diferente. Seguramente no se jugaría.
Que Messi y Lamine Yamal se enfrenten en la final del Mundial es un regalo del destino. Y que el viejo campeón hubiera limpiado al joven aspirante cuando este era un bebé parece más propio de relatos homéricos que de páginas de deportes. Pero Messi también tiene fotos con Cubarsí o Olmo cuando eran niños. Durante 20 años fue haciéndose fotos con cientos de jugadores de La Masia que querían ser como él. Ahora, algunos se enfrentan con el genio de Rosario en una final que pone La Masia en el centro del mundo. Una palabra tan catalana como “masia” ahora se usa en todo el planeta, aunque muchas personas no conozcan su significado. Seguramente no saben que se refería, inicialmente, a la masía de Can Planes de les Corts, un edificio del siglo XVIII donde primero se recogían los frutos de olivos y, siglos más tarde, acogía las literas donde los futuros cracks del Barça soñaban. Ni Leo ni Lamine Yamal durmieron en la masía de Can Planes, a diferencia, por ejemplo, de Guardiola. Pero ambos son portavoces del fútbol de La Masia, gran triunfador de esta final en la que, en total, habrá nueve alumnos del fútbol base blaugrana, como Pau Cubarsí, Eric Garcia, Dani Olmo, Gavi, Alejandro Grimaldo, Marc Cucurella y Víctor Muñoz. Algunos se quedaron y otros se marcharon. Nueve jugadores de La Masia, como pasó en la final de 2010, cuando España ganó. Aquel año, el podio del Balón de Oro lo formaron Messi, Xavi e Iniesta. Ya en 1950 en Brasil, jugadores formados en el Barça estuvieron en el Mundial. Ahora lo dominan.
Dotados de un talento individual casi sobrenatural, Messi y Lamine Yamal fueron reclutados por el fútbol base azulgrana, donde recibieron una formación clave para entender los conceptos de un juego que nunca es cosa de un solo jugador. Joan Vilà, director de metodología de La Masia durante muchos años, explica que hay que “unir el talento de los jugadores con una idea de juego. El talento no puede ir solo. El talento se tiene que trabajar”. Una idea que ha cambiado por dentro la tradición de la selección española, más ligada en el pasado a la escuela vasca. Sería Luis Aragonés primero y Vicente del Bosque después, un madrileño y un salmantino, quienes entenderían que el mejor fútbol se practicaba en Barcelona gracias a esta Masia que había crecido con figuras clave como Laureano Ruiz y Johan Cruyff en los años 70. “Fueron ellos quienes nos dejaron claro que había que confiar en nosotros mismos, en los jóvenes de la casa. Que había que ser valientes, que queremos la pelota. Laureano y Cruyff perfilan nuestra identidad de juego y son clave para entender que no hay que ir a buscar fuera lo que ya tienes en casa”, defiende Vilà, el cual advierte cómo la tentación de no valorar lo que tienes no acaba de marcharse: “Había gente que no quería a Messi, que dudaban. Con los jugadores hay que confiar y tener paciencia”, advierte.
Entender una filosofía
¿Cuál es el secreto de La Masia? Una suma de factores, seguramente. “Es el gran centro de formación, en mayúsculas, donde se forman futbolistas y personas. Hay que poner el acento también en valorar y no pensar solo en el área deportiva”, defiende el exdirectivo Xavi Vilajoana, quien tuvo un papel clave a la hora de captar a Lamine Yamal cuando el Espanyol también lo quería. “Hicimos un esfuerzo para que entrara en La Masia y pudiera dormir allí, cuando normalmente solo residen los jugadores de fuera de Cataluña. Pero él venía de un entorno socioeconómico complicado, así que lo queríamos en La Masia. No fue fácil, pero los padres acabaron aceptando”, recuerda. Detrás de cada jugador de La Masia, hay conversaciones como esta para entender el entorno, los padres y los jugadores. Y una vez entran en el fútbol base blaugrana, es necesario que entiendan el ADN barcelonista. No siempre pasa. “Los jugadores deben entender cuáles son sus capacidades y deben tener claro que por mucho talento que tengan, deben trabajar. Hay que trabajar, siempre. Y nuestro trabajo era ayudarles a trabajar para mejorar, que entendieran que si tienen un talento natural y lo trabajan, se multiplica en positivo”, defiende Vilà.
Y también hace falta un poco de suerte. Y encontrar a las personas clave que te abren la puerta. “Muchos jugadores con talento no han estado en el momento oportuno, donde tocaba. A veces los jugadores de La Masia debutábamos porque no había dinero para fichar. A mí me pasó, que dimos el salto unos cuantos jóvenes a la vez. Y últimamente ha pasado de nuevo. Un entrenador apuesta, porque cree en ello o porque no le pueden fichar fuera. Y como tienes jóvenes con talento, les haces jugar. Jugadores que estaban esperando esta oportunidad”, dice Carles Rexach. Algunos tienen que esperar hasta que tienen 22 años para dar el salto definitivo, como le pasó a Iniesta. Otros, con 16 ya llaman tanto la atención que “hay que incluso frenarlos porque da vértigo hacer debutar a un chaval tan joven”, admite Rexach, en referencia a Messi y Lamine Yamal. “Es que son tan buenos que mirando cinco minutos cómo jugaban, ya veías que eran diferentes”, dice uno de los primeros técnicos del Barça que entendió que había que fichar a Messi cuando el argentino llegó con 12 años a prueba en el año 2000. “Y con Lamine, lo mismo, ves que es un chico diferente”, añade. Tanto que Xavi Hernández, uno de los mejores jugadores de La Masia, lo hizo debutar en Primera con 15 años y 9 meses, un 29 de abril de 2023, contra el Betis. Unos meses antes, el 18 de diciembre de 2022, Lamine estaba jugando un partido con el juvenil azulgrana contra el San Francisco en la Ciudad Deportiva a la misma hora que Messi jugaba la final del Mundial de Qatar, tal como explicaba el periodista Jaume Marcet, que narraba aquel partido para Barça TV. Cuatro años más tarde, juega la final mundialista contra el argentino.
Messi, ganador de ocho Balones de Oro y jugando su sexto Mundial, abrazará a aquel niño a quien conoció por primera vez cuando era un bebé. Con 39 años, cierra una carrera marcada por aquel club que lleva tatuado en la pierna en forma de escudo. Enfrente, el genio de Rocafonda, con 19 años recién celebrados. Todo por hacer, todo por escribir. Buscando el primer Balón de Oro, el primer Mundial. El inicio de otra historia que, como el caso de Messi, tiene las raíces en La Masia.