Laura Sagnier: "El paisaje me transmite paz, aquí se respira calma"

Hace más de treinta años que la activista pro equidad de género tiene una conexión especial con el Empordà

Laura Sagnier pedaleando por el Empordà
08/08/2026 - 08:03 h.
2 min

La historia de amor de Laura Sagnier con el Empordà comenzó hace más de treinta años, cuando con el que entonces era su novio empezaron a hacer alguna escapada de fin de semana. El Empordà fue el lugar donde se casaron y decidieron pasar allí los veranos, primero en un hotel y después comprando un apartamento: “Es curioso porque ninguno de los dos tenía vínculos, ni era el destino de veraneo familiar, pero se convirtió en un lugar especial para nosotros”. La activista por la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres siente una conexión especial con este territorio, que asocia a infinidad de cosas buenas y le gusta por diversos motivos, como la luz que tiene, la posibilidad de estar cerca del mar y nadar, que le encanta. Más cosas: hay mucho verde, tiene la combinación perfecta entre mar y campo, y se puede mirar al infinito porque es muy plano, con apenas hay relieves. El paisaje le transmite paz, “se respira calma, es relajante, y estamos de maravilla tanto en invierno como en verano, a pesar de que la vida que hacemos no tiene nada que ver”. En verano, que hay muchísima gente, apenas se mueven de su zona. En cambio, en invierno, cuando el tránsito es más sencillo, aprovechan para hacer más turismo. Además, ir en bici por los campos del Empordà se ha convertido en su principal afición: “Empecé por recomendación médica, en un momento que tenía mucho estrés. Ahora intento hacerlo al menos tres veces por semana. Pedalear y encontrarte campos de girasoles es increíble”. Otra de las aficiones de Sagnier es comer y beber, y asegura que el Empordà tiene una oferta gastronómica impresionante: “Cada vez me gusta más una cocina sencilla con buen producto. Por esta zona hay grandes profesionales y a un precio que aún se puede pagar”. Entre sus recomendaciones está la chiringuito Toc al Mar de Aiguablava, sobre todo para cenar; un restaurante de toda la vida como el Vicus de Pals; Cala Nena en Peratallada, para hacerte un homenaje, o la sidrería Mooma en Palau-sator.Dice que la gente de la zona también es particular, cree que son un poco bruscos pero genuinos, sinceros. “Las personas con las que tratas son fantásticas, de verdad. Hace más de veinticinco años que compro la fruta y la verdura a la misma campesina, voy al mercado… me gustan mucho”. Además de aprovechar la proximidad con el mar, propone visitar pueblos de la zona que son verdaderas joyas como Peratallada o Pals, preciosos. A la lista de imprescindibles añade el Museo de la Confitura en Torrent, y subir al macizo del Montgrí, “desde este Parque Natural ves las Islas Medas y la desembocadura del río Ter”.

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