Pequeños peces con traje a rayas que nadan... cerca del mar
Visitamos el parque dedicado a la investigación en biomedicina y ciencias de la salud
"¿Qué es? ¿Un hotel? ¿Unas oficinas? ¿Un centro de convenciones? ¿Un gran archivo?", se deben preguntar muchos de los que pasean por los alrededores del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona, dedicado a la investigación en biomedicina y ciencias de la salud. Es un edificio que llama la atención. De planta elíptica y de techo inclinado, su fachada es de listones de madera, que actúan como filtros solares. Diseñado por los arquitectes Manel Brullet y Albert de Pineda, tiene un gran patio interior abierto que "maximiza" la luz natural.Quedan atrás los tiempos en que buena parte de la investigación en este país se hacía en módulos prefabricados y sótanos sin luz solar. Es agradable trabajar aquí, a tres pasos de la playa de la Barceloneta. "Es un lugar inspirador para hacer ciencia. Da mucho gusto venir aquí, a los científicos", comenta Reimund Fickert, director de Comunicación y Relaciones Institucionales del Parque.Al visitarlo, lo que más veo son neveras y congeladores. Claro, casi todas las muestras de los experimentos que se hacen se tienen que conservar. No dudo que si se va la corriente tienen autonomía energética. No como en mi casa –y en los otros hogares–, que cuando se va la corriente maldices tener tantos guisantes y pescado congelado desde hace tiempo. Me guía Jordi Camí, director general del Parque, experto en neurociencia y en política científica. Mientras caminamos, Camí me expresa su preocupación por la IA. "En el mundo de la ciencia la IA es un verdadero tsunami. No podemos prever todas las consecuencias que tendrá. Los humanos somos «malos» haciendo previsiones", comenta. "La parte tecnológica tendrá cada vez más peso". Camí remarca que los grandes retos de la investigación, en casi todos los ámbitos, son la ética y la regulación de la IA."Mientras tanto, diviso a lo lejos una pareja que hace pádel surf en el mar. Es el sistema de navegación más primitivo, de antes de la vela. Y de golpe, vuelvo a la realidad, y se me ocurren algunas de las posibilidades que se abren –y que ya se están llevando a cabo– con la IA: el análisis de imágenes médicas, que permiten detectar indicios de cáncer, fracturas..., la revisión de la "literatura científica", el diseño de experimentos... La pareja del pádel ahora ya ha desaparecido. No hay ningún deportista en el mar.La ola de los Juegos Olímpicos impulsó la iniciativa de este parque de investigación, pero no fue fácil ponerlo en marcha. El proyecto topó con reticencias políticas y tardó años en ser una realidad: entró en funcionamiento en 2006.
Oigo palabras en francés de un grupo que se encuentra alrededor de un microscopio, como un calefactor en pleno invierno. Pero el francés no es la lengua más habitual en este centro, donde conviven –yintercambian ideas: este es uno de sus éxitos–investigadores de un montón de países. La lengua común es el inglés. Ahora bien, en cuanto a las nacionalidades extranjeras, la más numerosa es la italiana. Después, por este orden, la alemana, la francesa, la británica, la norteamericana...Llevan bata blanca estos investigadores franceses. Es una de las prendas de ropa más habituales. Pero también las hay de otros colores, como el azul marino. Un profesional que la lleva, que también lleva guantes y una pantalla transparente que le tapa la cara –como los soldadores–, abre con delicadeza un recipiente de nitrógeno, y sale una pequeña humareda blanca. Aquí se guardan muestras muy diversas a menos de 180 grados negativos.Hasta tres plantas subterráneas tiene este parque de investigación. Sí, se adentra bastante bajo tierra. En uno de los espacios soterrados se encuentra el bioterio. Tengo el privilegio de entrar al llamado "biomódulo", una instalación temporal (a la espera de que se inaugure una nueva zona acuática en otoño) que forma parte del bioterio. ¡Qué cantidad de peceras hay! Me dicen que hay más de 1.000. Me detengo un buen rato, embelesado, mirando cómo nadan. Son peces diminutos y muy transparentes. Aun así se pueden ver bien las rayas que visten. Sí, se les conoce como peces cebra."Durante los primeros días de vida, los embriones del pez cebra son completamente translúcidos. Esto permite observar procesos biológicos complejos con una lupa y de manera absolutamente no invasiva", comenta Joan Antoni Fernández Blanco, director del estabulario."Imagino que la investigación que se hace con estos peces tiene muchísimas aplicaciones", comento. "Sí, sí", me responde. Y me obsequia con una lista larguísima, que no tengo tiempo de apuntar. Me quedo con algunas de las que tiene en el ámbito de la medicina regenerativa: los tejidos complejos del pez cebra, incluidos el corazón o la extremidad caudal, se regeneran sin dejar cicatrices; va muy bien estudiarlo para entender la restauración celular en humanos. Se hace una "monitorización" muy estricta de lo que llaman "parámetros críticos", como el pH, la temperatura y la conductividad del agua, además de ajustar la iluminación y la alimentación. En cuanto a la dieta, estos pececitos rayados se alimentan sobre todo de pequeños crustáceos. Todo ello hace que vivan sin estrés."Compartir infraestructuras, conocimiento y retosEn el Parc conviven seis principales centros de investigación: el Hospital del Mar Research Institute (HMRIB), el Departamento de Medicina y Ciencias de la Vida de la Universitat Pompeu Fabra (MELIS-UPF), el Centro de Regulación Genómica (CRG), el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), el Instituto de Biología Evolutiva (IBE-CSIC-UPF) y una sede del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL Barcelona). Es un espacio sin barreras en régimen de alquiler. Este modelo de ciencia colaborativa basado en la convivencia de centros de investigación independientes que comparten infraestructuras, conocimiento y retos científicos se duplicará en el nuevo edificio PRBB Ciutadella, con grupos de cinco centros CERCA (Centros de Investigación de Cataluña).